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Barcelona suma tiendas centenarias en un 2022 clave para la recuperación comercial

  • El sector defiende la importancia de los establecimientos históricos y arraigados en pos de la identidad de los barrios y la socialización, tras dos años marcados por los vaivenes de la pandemia

Ramón Pérez y su hija Laura, tras el escaparate de La Palma que anuncia su centenario.

Ramón Pérez y su hija Laura, tras el escaparate de La Palma que anuncia su centenario. / MANU MITRU

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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En la animada calle del Clot, el escaparate de La Palma anuncia que 2022 será un año grande para la pastelería. Cumple cien años “endulzando tus días”, proclaman. Incluso los más amargos de la pandemia, cuando vendieron pasteles a destajo contra la tristeza del recogimiento doméstico. El negocio de Ramón Pérez i Puigdollers es uno del puñado de nuevos centenarios de Barcelona, que ya han superado tantas crisis que esta ha sido una muesca más. Las perspectivas de las asociaciones de comercio para este año son esperanzadoras y de remontada rápida en cuanto ómicron remita. Los puntos más débiles son ahora los extremos: barrios periféricos y de rentas bajas, como la zona del Besòs, donde las frágiles economías están aún más debilitadas, y el corazón comercial de la ciudad, Barna Centre, la Rambla o el Born, con muchos negocios aún cerrados por la eventual deserción turística.

El 2021 volvió a ser como una montaña rusa para la evolución de los negocios locales, dependientes en muchos casos de la situación epidemiológica y las consiguientes restricciones. Pero sirvió para constatar que en una coyuntura de remisión de contagios el consumo se recuperaba con velocidad. Había ganas de normalidad y buenas cifras de recuperación de empleo, que permitieron buenas campañas de ventas en parte del verano y del otoño. “En noviembre llegamos a picos prepandemia, y la campaña de Navidad fue buena, pero la sexta ola también ha traído una caída de ánimo y en los barrios la gente no va con ganas a las rebajas”, reflexiona Prosper Puig, presidente de los comerciantes de Gran de Sant Andreu, pero también vicepresidente de Barcelona Comerç, entidad que aglutina 22 ejes comerciales de barrio.

Puig cree que tras remitir esta ola, la reactivación “irá rápida si la gente tiene trabajo y seguridad”. Lo perciben en la clientela. Otra cosa son algunos barrios vulnerables y más castigados por la pérdida de capacidad adquisitiva, añade. No obstante, el comercio de proximidad ha resistido mejor de lo previsto. En algunos casos saliendo reforzado tras hacer un fuerte esfuerzo hacia la digitalización y mejora de los servicios al cliente. “Los núcleos de barrio, no dependientes de población flotante, están bien”, valora.

Rocío Berrocal, tras el mostrador de Carns Pont, que empieza a celebrar sus 100 años.

/ Ferran Nadeu

Esa notable dependencia del turista foráneo, que se ha manifestado en buena parte de Ciutat Vella, es la que mantiene no pocas persianas bajadas en el centro de la capital catalana. Gabriel Jené, presidente de Barcelona Oberta (integrada por ejes turísticos o céntricos, como Barna Centre, Pelai, la Sagrada Família o la Barceloneta…) sitúa en el ojo del huracán los negocios vinculados a la economía del visitante, ahora ausente. Pero desde el convencimiento de que en cuanto se pueda volver a viajar el centro levantará el vuelo, como comenzó a suceder el pasado verano.

Otra cosa es el ritmo de resucitación de negocios cerrados, o la resistencia de los que resisten con altas rentas. Ni el lujo ni las grandes cadenas se han resentido en este sentido, enfatiza, sino que los damnificados han sido estructuras más pequeñas de la llamada ‘zona prime’ “que no pueden reabrir si no vuelve la demanda”, agrega.

Consumo en barbecho

Pero en general, el también empresario recuerda que en primavera ya se produjo el llamado ‘revenge shopping’ o venganza de compras tras meses de austeridad. “La gente compraba lo que necesitaba y más”, resume. Luego llegó el turno a los restaurantes, que al recuperar aforo y horarios vivieron otro ‘boom’. Esos signos que solo truncan las olas de contagio le llevan a pensar en un 2022 “bueno y positivo”, de gran actividad comercial –si no hay más variantes o restricciones—excepto para las zonas de rentas más bajas. “No hay pérdida de confianza en el consumo, hay ganas de gastar y capacidad de ahorro”, valora, aunque sin perder de vista la inflación y posibles afectaciones en la cadena de suministros.

Ambiente en el bar Glaciar, en la plaza Reial, que cumplirá 100 años en septiembre y estrena una nueva etapa.

/ JORDI OTIX

Si algo ha dejado claro la crisis sanitaria en el ámbito del comercio, es que tener unas buenas raíces ayuda a la supervivencia. Así, al margen del problema de los altos alquileres en el centro, para muchos negocios exhibir solera ha sido vital, en tanto que han reforzado sus posiciones en la venta de proximidad, con una clientela fiel y comprometida.

Puig, cuya familia regenta una charcutería del mismo nombre desde 1957, pero con origen como mínimo de 1902, cree que la consolidación de la actividad, “el arraigo”, es básico ante embestidas como esta. Lo considera la única receta contra la “impersonalidad” comercial que exhiben algunas zonas y urbes. Defiende más allá de la economía, la "función social".

De eso sabe mucho Ramón Pérez, quien abría este artículo, como tercera generación de pasteleros, donde ya despunta la cuarta, con su hija Laura tanto en el obrador como en la tienda. Su negocio es resistente a base de tentáculos, al incorporar para poder ampliar zona de trabajo y almacenaje, para soldar el negocio que iniciaron sus abuelos en el Clot. “La gente recuerda los sabores de lo que comía hace años, está acostumbrado a nosotros, y sabemos lo que les gusta”, resume. Ello no ha impedido avanzar al son de los tiempos: menos azúcar, chocolates más puros, incorporación de frutas y tentaciones a medida de intolerancias…

Torteles, butifarras, puros

Aunque su negocio tiene pilares en los postres de ‘diada’ o festivos (que si los torteles de Sant Antoni, que si los turrones de yema), la pandemia ha sido todo un máster. De pronto, todos querían atracarse de postres con chocolate, de pasteles para alegrar el encierro… Destaca los 600 repartos del lunes de Pascua de 2020, poniendo a prueba su capacidad. “Éramos como Amazon’, bromea el pastelero artesano, que de pequeño “jugaba con chocolate en lugar de plastelina” y a sus 57 años y con un equipo de 16 personas sigue empezando la jornada a las dos de la madrugada. “Nos hemos adaptado más a internet”, cuenta, con la vista puesta en una celebración de centenario que incluirá dos pasteles conmemorativos y “algún tipo de fiesta en la calle si nos dejan, con la Cruz Roja”, con quien siempre han colaborado.

En Poblenou, Rocío Berrocal, a sus 28 años, atesora menos recuerdos de Carns Pont, también centenaria desde este año. Su padre se asoció hace décadas a Óscar Pont (tercera generación) y el negocio ha ido avanzando a la par que los compradores, ampliando carnes y, sobre todo elaborados, para atraer al cliente más joven y falto de tiempo. Su caso es singular, la pandemia trajo “tristeza en el ambiente” pero auge de ventas en su caso, sin tener que recurrir al reparto a domicilio. Ni siquiera a redes sociales o una web. Se limitaron a destinar un teléfono móvil a los encargos por Whatsapp, que sí se han afianzado, como un hilo directo con los carniceros. Tienen una segunda tienda en Consell de Cent-Nàpols y la ilusión de una celebración en primavera para sus clientes de siempre.

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Esta vez en pleno centro, el mítico bar Glaciar (el más antiguo de la plaza Reial y por el que ha desfilado media ciudad) soplará 100 velas exhibiendo resiliencia y un nuevo relevo tras una etapa complicada en pandemia. En este caso, la efemérides trae novedades, ya que el grupo que desde octubre se ha hecho con la gestión del local (y otros cuatro muy pronto en Barcelona) tiene previsto renovarlo en los próximos meses, manteniendo los elementos destacados y añadiendo guiños al estilo original de bistrot francés, con una propuesta más gastronómica, avanzan a este diario. Lo festejarán en septiembre, su mes de apertura en 1922.

Mostrador de Domingo Cigars (antes Gimeno Tabac), que cumple un siglo en el número 100 de la Rambla.

/ ZOWY VOETEN

 A unos pasos, Domingo Cigars (hasta hace poco, Gimeno) los cumplió en 2020, aunque fue un año tan negro para la Rambla que guardó los fastos para más adelante. Su actual titular, Domingo Vila-Puig (viudo de Carmen Canals, tercera generación de la saga original) ha consolidado el negocio como referente internacional para los amantes de los puros, tras haber implantado la primera cava natural para su conservación. Si el covid lo permite, confía en llevar su brindis a la calle –aun a lo largo del año. Otros centenarios también cruzan los dedos para celebrar su longevidad a lo grande.