Infraestructura esperada

La nueva lonja de pescadores de Barcelona se empezará a construir a final de 2022

  • El nuevo equipamiento costará 7,9 millones y por fin se ha aprobado el inicio de su licitación, de cara a que la obra esté lista a mitad de 2024

Imagen virtual de la futura lonja de pescadores, al fondo.

Imagen virtual de la futura lonja de pescadores, al fondo.

5
Se lee en minutos
Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

Escribe desde Barcelona

ver +

Tras dos décadas de espera y enorme paciencia por parte la Confraria de Pescadors de Barcelona, la ansiada nueva lonja de pescado de la capital catalana tiene ya un calendario firme. Se empezará a construir a finales del próximo año y será una realidad a mitad de 2024, con una inversión prevista de 7,9 millones y el reto de favorecer esta actividad económica, a la par que promover la cultura gastronómica inherente al barrio.

El consejo de administración del Port de Barcelona aprobó hace unos días iniciar el expediente de contratación y la convocatoria de licitación para construir la futura lonja de pescadores. El proyecto se ha redactado con la colaboración de la Confraria, destacan fuentes del Port, e incluirá la posterior urbanización del entorno. La nueva instalación que blinda el futuro de la actividad pesquera en Barcelona supondrá 17 meses de obras.  

La compleja planificación, ubicación y condiciones de cara a la nueva infraestructura, sumadas al covid, han ido posponiendo la transformación, pese a los repetidos anuncios de este ambicioso proyecto que lleva las firmas del arquitecto Carles Ferrater y su hija Lucía y ya cuenta como primera fase ejecutada la nueva fábrica de hielo anexa. El diseño del edificio se explicó hace más de un lustro y así se mantiene, aunque todavía quedan flecos sobre una parte de su estructura interior. Se ha concebido como una edificación acristalada muy permeable que se integre en el entorno, a pie del mar. Será el relevo a las precarias instalaciones actuales, muy envejecidas, que complicaban mucho la preservación de la actividad y la subasta.

Tradición y divulgación

Ubicada en el muelle de Pescadors, la nueva construcción de 80 metros lineales dotará a los pescadores de todos los servicios necesarios, pero también tendrá un elemento importante a nivel pedagógico. Joan Colldecarrera, director del Port Vell, confirma que el proyecto que por fin verá la luz contará con una gran pasarela exterior "para poder seguir desde lo alto las subastas". Esa experiencia divulgativa se completará con la gastronomía. El diseño ya integraba una zona de restauración sin concretar, pero en los planos finales se espera desarrollar un espacio con siete u ocho puestos de degustación, al estilo de un mercado popular, donde se pueda catar en primera línea ese pescado de proximidad, relata.

La obra tendrá mucha complejidad técnica porque se deberá desarrollar en paralelo a la actividad de la cofradía, añade. El calendario que maneja es desarrollar la licitación durante 2022, para iniciar las obras a finales de año o a principios de 2023, por un periodo de 17 meses, de modo que se pueda estrenar a mitad de 2024. No obstante, tras esa fase habrá que urbanizar todo el entorno, lo que incluye un párking y arreglar la maltrecha calle de Escar (junto al restaurante Barceloneta).

Esperado relevo generacional

Noticias relacionadas

Para la Confraria de Pescadors el acuerdo final supone un enorme alivio, porque permitirá "el relevo generacional" del oficio en la capital catalana, opina José Manuel Juárez, patrón mayor de la entidad. Las malas condiciones de las instalaciones habían dificultado mucho su tarea, que en la actualidad abarca 23 embarcaciones, con un total de 156 pescadores, que alcanzan los 208 profesionales si se cuentan los armadores y otros trabajadores de la lonja, detalla.

Juárez afirma que han salido "contentísimos" de su última asamblea, porque se ha puesto fin a años de desencuentros y se garantiza el futuro de una lonja que será de última generación y en su opinión debe "integrarse más en la ciudad" y darse a conocer. El curtido marinero recuerda que el año pasado hubo que reparar con urgencia los tejados de las viejas casetas donde trabajan, muy afectadas por los temporales, por lo que la futura edificación es ya urgente. "Estamos ilusionadísimos, como esperando a los Reyes Magos", confiesa.

El litoral afronta varios años de transformaciones

La Barcelona que se asoma al mar afronta un horizonte de obras y transformaciones en pos una mayor integración del puerto en la ciudad. Abarca intervenciones desde el Port Olímpic a la novísima zona de Marina Vela, a los pies del resurgido rompeolas.

Empezando por el tramo del Port Olímpic (ya fuera de los límites de la Barceloneta), la zona está inmersa ya en los trabajos que deberán blindar su dique de abrigo (con un coste de más de 17 millones de euros), mientras en paralelo ya se han desmantelado los 44 locales de ocio, de cara a crear un gran espacio ciudadano y nuevos usos vinculados a la economía azul y la práctica náutica.

En la zona de restaurantes y locales de ocio conocida como Front Marítim están previstas obras de mantenimiento en la parte baja del paseo Marítim, que actualmente está en muy mal estado. Pero la gran incógnita es que será de esta zona cuando finalice la prórroga de hasta cinco años que otorgó el Ministerio de Hacienda a algunos locales titularidad estatal de este eje, tras haber subastado otros hace poco más de un año.

Frente a la Barceloneta, el primer trimestre de 2022 comenzarán las obras en Marina Port Vell, con una inversión de 20 millones de euros con los que espera ser destino líder en el mundo para superyates. Este hub náutico, con una potente industria local, permitirá crear 23 nuevos amarres para barcos de grandes esloras de hasta 70 metros y se reordenar los amarres.

En el extremo de la Nova Bocana (donde se ubica el Hotel W) y la nueva Marina Vela, todavía quedan muchas intervenciones pendientes. Empezando por la rehabilitación de los centenarios tinglados, con supuestos usos náúticos y docentes, entre otros, y sin olvidar el controvertido proyecto para el solar donde debía ubicarse el Museo Hermitage, pendiente aún de una decisión final y sin una propuesta alternativa firme. De momento, el rompeolas y unos pocos restaurantes de moda en la zona han ampliado la ruta litoral de los barceloneses, que traerá muchas novedades hasta 2030.