Chequeo a un barrio en transformación

La Barceloneta se aferra a su identidad marinera para remontar el vuelo

  • La hostelería crece en diversas zonas del barrio, mientras el gran escaparate del paseo de Joan de Borbó ya ha perdido casi toda su oferta autóctona y se aboca al 'fast food' turístico

  • Comerciantes y vecinos apelan a reivindicar la restauración mediterránea con el empuje que aportará la nueva lonja de pescadores, prevista para dentro de un par de años

Una concurrida terraza de la Barceloneta, con el mar de fondo.

Una concurrida terraza de la Barceloneta, con el mar de fondo. / MANU MITRU

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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La Barceloneta de 2021 huele cada vez menos a sofrito de arroz o a pescado. Si uno recorre el barrio desde el paseo de Joan de Borbó percibirá más aromas de pizza, hamburguesas, tacos, shawarma y creps que de humeantes paellas de marisco. El retrato olfativo --que aún duele más en el plano visual-- es la constatación de la imparable pérdida de identidad marinera del que había sido el gran escaparate comercial y gastronómico del barrio. Comerciantes y vecinos son conscientes de esta "degradación", pero creen que aún se está a tiempo de recuperar esa esencia que la hacía única, con ayuda de las administraciones e impulsos como el que supondrá la esperada nueva lonja de pescadores. En paralelo, la oferta de restauración ha crecido en los últimos años en otros puntos, que van del eje de la Nova Bocana al Front Marítim, casi siempre con más vocación turística que de especialización mediterránea.

El popular y paradójico barrio --en tanto a que ha sido objeto de una brutal especulación inmobiliaria en la última década pese a contar con una renta familiar 20 puntos por debajo de la media de Barcelona-- suma varios veranos de crisis de convivencia. La presión turística en este enclave de poco más de 15.000 habitantes, ha traído innumerables problemas de incivismo y monocultivo, entre las decenas de apartamentos ilegales para viajeros jóvenes y la evolución de la oferta comercial hacia este segmento, en detrimento de los establecimientos de proximidad o de mayor calidad. La inseguridad y los excesos (de las juergas a los trixis que cometen infracciones) han ido caldeando el ambiente. Pero en paralelo la economía del barrio ha ido desdibujando sus propios valores diferenciales. "Con esta ubicación, vistas y clima esta zona tendría que ser lo mejor de Barcelona, pero mira cómo está", se lamenta Albert Enrich, al timón de La mar salada, uno de los últimos valientes que resisten en Joan de Borbó abanderando esa cocina con sabor a mar. Suman 28 años en la zona, pero la familia representa también la quinta generación de Can Ros (1908) en el interior del barrio.

¿Y cómo está el famoso paseo? Hace seis años este diario lo radiografió con el saldo de solo una decena de establecimientos históricos o autóctonos. Ahora apenas se cuentan con una mano, junto con L'Arròs, el Mesón Barcelona ('el Perú') o La Bombeta (como nueva sucursal de la casa madre, en el interior del barrio). Con raíces en el lugar queda también uno de los locales del Rey de la Gamba. En los últimos tiempos, la crisis, las ofertas de inversores foráneos y otras circunstancias han ido barriendo pedazos de historia, desde Can Manel hasta el Suquet de l'Almirall (cerrado) y más recientemente el Port Vell (con nuevos operadores que exhiben una gran pantalla de TV enfocada al exterior) y Cal Pinxo (de mar), entre otros muchos ejemplos. Sergi Ferrer, al frente de la asociación ACIB Barceloneta, que aglutina a comerciantes y hostelería, ve con mucha preocupación la evolución del eje como "una segunda Rambla", sin ningún control sobre su evolución el equilibrio de la actividad. La entidad redobla esfuerzos por realizar catas gastronómicas y reforzar esa identidad marinera, pero se topa con operadores pendientes de hacer negocio a corto plazo y no de asociarse ni de proyectar una imagen de eje.

Evolución no deseada

Tras la invasión de los supermercados de horario XXL para viajeros, han ido proliferando los negocios de 'fast food' y la adquisición de restaurantes históricos por parte de empresarios paquistanís o rusos muy solventes que en muchos casos mantienen la rotulación y oferta culinaria, pero enfocados a los menús rápidos y baratos, con una agresiva política de captación de clientes en la calle. Las familias con varias generaciones en los fogones no entienden que el ayuntamiento consienta neones, invasivas pizarras y parapetos entre algunos recién llegados (dispuestos a abordar las multas a golpe de talonario), mientras a ellos se les multa por una estufa o cubitera en terraza.

 Restaurante para turistas, en el paseo Joan de Borbó.

/ MANU MITRU

Enrich considera urgente recuperar el espíritu de la calidad --con la que han mantenido al cliente local en tiempos de pandemia-- y "dignificar" la imagen de la zona. Y alude a una normativa obsoleta para las terrazas, que les impide poder funcionar en invierno. Les han denegado proyectos para instalar pérgolas de diseño, mientras los parasoles y toldos parecen a punto de volar en días fríos como este pasado jueves. Desde la Associació de Veïns de la Barceloneta, Manel Martínez, lamenta que las nuevas incorporaciones "estigmatizan" esta importante actividad económica del barrio, y no generan empleo para sus residentes, como sí trata de promover la ACIB. "Tampoco trabajan con proveedores autóctonos, ni tienen vinculación con el territorio", opina, con la vista puesta en la nueva lonja que se estrenará dentro de algo más de dos años.

En las calles interiores, bares y restaurantes de siempre (menos vinculados al turismo de masas y con más público local) gozan de mejor salud y han sobrevivido a la pandemia siempre y cuando tuvieran terraza. Conforman acaso la Barceloneta más auténtica, a la que aún bajan barceloneses fieles, y en un entorno menos saturado.

La hostelería es sin duda el motor económico de los tentáculos del barrio, se adentren o no en el mar. Así, en los últimos años no solo ha crecido una importante oferta en cuanto a inversiones entorno al edificio del consorcio de El Far, sino también en la Nova Bocana, ahora muy de moda, pero a años luz de la vida de barrio. Como ya sucedió anteriormente con los lucrativos negocios del Front Marítim, junto al Hotel Arts. También ha habido muchos cambios en la primera línea de mar, con una oferta cada vez más ecléctica y comercial.

Núcleos con más y más oferta

Más pegados al corazón de la Barceloneta están los establecimientos del Palau de Mar y sus amplias terrazas, que vuelven a respirar después de que el plan de dotar al perímetro con mobiliario (barras y bidones) evitase la ocupación de sus aceras con venta ambulante, que hundió sus negocios. Los consolidados negocios en este ámbito son concesiones de alquiler, mientras que la titularidad del espacio público que ocupan las amplias terrazas es del Port de Barcelona, que vela por cierta coherencia estética. Precisamente, en Joan de Borbó se quejan de que el consistorio no vaya en la misma línea.

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Que la zona funcione mejor no quiere decir que no añoren las alegrías de facturación del periodo 2004 a 2007. Luego se encadenaron la crisis económica, el 'procès', la invasión del 'top manta' en el vial, el covid... "Somos cada vez más una zona de temporada, como Eivissa", reflexiona Jordi Coloma, de El Merendero de la Mari. Cree que habrá que trabajar al máximo en verano y rezar para sobrevivir al invierno, cuando de noche el público local llega a ser un 30 o 40%. Los mediodías la zona despunta si brilla el sol, una ecuación infalible, certifica, desde la tristeza de asistir a la "degradación gastronómica" y a la sensación de "ley de la jungla" en algunos puntos. De hecho, los operadores tienen que avisar a los clientes por los problemas de inseguridad, a veces con carteles explícitos.

A unos pasos, solo un tramo de la calle del Pas de la Muralla y sus terrazas corresponden también al ámbito del puerto ciudadano. El resto de los ahora llamados Porxos del Port ya no forman parte de la Barceloneta, pese a su proximidad. Pero allí es llamativo el empuje hostelero que viven las cuatro pequeñas islas que antaño ocuparon los bazares del puerto. "Corríamos el riesgo de quedar aislados sin actividad" (rodeados de plazas y espacio abierto) y han conseguido reactivar la zona, cuenta Paco Solé Parellada, desde el icónico Set Portes. Esas manzanas sin apenas vecinos, con alguna oficina y diversos alojamientos turísticos cuenta con restaurantes formales marineros y también de tapeo, del Oaxaca al Cadaqués, además de algunos locales más informales. Una veintena de asociados velan para organizar actividades vinculadas a la gastronomía y la dinamización. De momento, con éxito.

Acciones para incentivar el comercio de proximidad

Martínez, que lleva años reclamando un plan de impulso al comercio, se queja por la dificultad de comprar una simple camisa en el barrio, frente al alud de opciones para comprar latas de cerveza en súpers con horario nocturno por todas partes. En los últimos tiempos han abierto negocios con cuentagotas (estética, tatuajes....) pero hay cuotas mínimas de otros negocios de barrio (dos tintorerías, dos librerías, una floristería...), enfatiza, más allá de la oferta alimentaria de producto fresco de su mercado municipal y otras tiendas de fresco.

Fuentes municipales destacan que desde el distrito de Ciutat Vella se ha acompañado a comerciantes y restauradores en la celebración de un 'Barceloneta Shopping Day’ que se celebrará el día 18 con el reto de impulsar la compra de proximidad. Consideran la jornada como una oportunidad que invita a visitar el barrio y hacer compras en la Barceloneta, pero además a pasear y probar la mejor gastronomía de la zona. Anuncian que habrá descuentos, sorteos y actividades familiares en la calle, con la participación de entidades de comerciantes y vecinos.