DERECHO A LA VIVIENDA

La precariedad persiste en las naves ocupadas un año después de la tragedia del Gorg

Oración para recordar a los fallecidos en el incendio del Gorg en una nave ocupada muy cercana en la que sobreviven decenas de personas.

Oración para recordar a los fallecidos en el incendio del Gorg en una nave ocupada muy cercana en la que sobreviven decenas de personas. / Ferran Nadeu

  • Algunos de los supervivientes del incendio de Badalona se han reunido en la nave ocupada en la calle de Antoni Bori, donde sobreviven medio centenar de personas a escasos metros de la fábrica quemada, para recordar a los fallecidos

  • "Seguimos en la misma situación; sin papeles y sin contrato es imposible que nadie nos alquile un piso. Una solución de mínimos es adecuar las naves para evitar que vuelva a pasar una tragedia como aquella", señalan

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Cinco nombres en letras blancas sobre un fondo negro: Fatou, Amadou, Boubacar, Thierno y Baye. Los nombres de las cinco personas que fallecieron en ese mismo lugar hace justo un año en el trágico incendio de la nave del Gorg, en Badalona, la noche del 9 de diciembre del 2020. Frente al muro que tapa el solar -de la fábrica quemada hace tiempo que ya queda solo el doloroso recuerdo- habla Mustapha, uno de los supervivientes de las llamas que sacudieron a la sociedad catalana por unos días, no demasiados. "Un año más tarde, seguimos prácticamente igual. Si no nos dan permiso de trabajo nunca podremos salir de las naves. Es imposible alquilar un piso sin papeles y sin contrato", señala el hombre, de 37 años y origen gambiano.

Mustapha sobrevive desde entonces en otra nave ocupada a pocos metros de allí, en la calle de Antoni Bori, junto a algunas decenas de personas. "Es muy difícil saber cuántas exactamente", señala Jaume Ventura, miembro de Badalona Acull y de Justícia i Pau y uno de los vecinos que más ha arropado a este grupo de hombre en el último año. Otro grupo de personas de origen subsahariano vive en las mismas condiciones en otra nave también ocupada en la calle de Progrés, sobre la que hay una orden de desalojo el próximo 13 de enero tras lograr aplazarlo el pasado día 1.

Mural en recuerdo de las víctimas del incendio en el Gorg, en Badalona, el 9 de diciembre de 2020.

/ Ferran Nadeu

"Algo sí ha cambiado", puntualiza agradecido Mustapha. "Antes del accidente muchos de nosotros no sabíamos que existían todas estas entidades de Badalona que desde entonces nos están ayudando. Estamos muy agradecidos a todos ellos", prosigue llevándose la mano al pecho.

Poco después de las 10 de la mañana de esta desapacible mañana de diciembre algunos de los supervivientes del incendio del Gorg se han reunido en una sala de la nave de Antoni Bori para rezar por la memoria de los fallecidos. Una sala en la que hay sofás, colchones, una botella de butano y 'sisís' llenos de ropa tendida, y en cuya pared hay dibujadas unas llamas rojas y "SOS 9/12", la fecha del accidente.

"El horizonte es África"

Entre los asistentes a la plegaria está el escultor Ibrahima Seydi, quien en su día, hace casi una década, fue el portavoz del asentamiento de la nave de la calle de Puigcerdà, en el Poblenou, desalojado en julio del 2013. Uno de los asentamientos más grandes de Barcelona en el que calculaban llegaron a vivir hasta 300 personas en condiciones idénticas a las que viven hoy los subsaharianos que ocupan las naves de Progrés y Antoni Bori, y como se vivía en la de la calle de Guifré hasta aquella infausta noche. "La situación se repite. Por eso empezamos el proyecto L'horitzó és Àfrica", explica Ibrahima sujetado dos de las esculturas de madera en forma de cayuco que ha realizado para vender y reunir fondos para los afectados. Hizo las primeras 150 hace unos meses y se vendieron todas en las parroquias de Badalona. Ahora ha realizado 250 más que vende en el Orfeo badaloní. "El objetivo final de L'horitzó és Àfrica es trabajar allí, en Senegal. Crear oportunidades allí para que las personas no tengan que venir aquí y pasar por todo esto", resume el escultor.

Y L'horitzó és Àfrica no es el único proyecto nacido en el último año a raíz de la tragedia del Gorg, un barrio marcado por los contrastes, donde los lujosos bloques de nueva construcción -o en construcción- conviven con los talleres abandonados que esconden las realidades más duras, que salen solo a la luz cuando suceden desgracias como la de hace un año, o como la de hace solo unas semanas en una infravivienda en vieja oficina bancaria en la plaza de Tetuan, en Barcelona, en la que murieron también cuatro personas de una misma familia. Seydou, otro de los supervivientes del incendio, es uno de los impulsores de Almas Quemadas, colectivo nacido para intentar reivindicar sus derechos.

Recuerdo a los fallecidos en el incendio del Gorg, este jueves.

/ Ferran Nadeu

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"Lo único que pedimos es que nos traten como a personas. Muchos de nosotros llevamos muchos años viviendo aquí. Somos de aquí. Solo pedimos que regularicen nuestra situación administrativa para que podamos tener una oportunidad. Dormir en una nave es mejor que dormir en la calle, pero nadie elige vivir en una nave", señala Seydou. Su compañero Mustapha asiente y reclama "como mínimo", como hagan las actuaciones imprescindibles en las naves para que sean espacios seguros y que no se repitan tragedias como la de ahora hace un año. "Ya que nos impiden acceder a un piso porque no nos dan papeles, como mínimo que pongan las naves en unas condiciones de seguridad mínimas", concluye.

Tras el accidente, la Generalitat aportó un fondo de dinero al Ayuntamiento de Badalona para pagar pensiones y albergues para los afectados. De las 89 personas que aceptaron esa solución, a 40 se las expulsó de estos alojamientos temporales en julio alegando que el dinero se estaba agotando y que debían "priorizar las situaciones de máxima vulnerabilidad". Muchos de estos expulsados se realojaron en las naves citadas.