'Operación Nido de la Pegaso'

Barcelona desenfunda el fusil (literalmente) contra la avispa asiática

2021 pasará a la historia de la entomología barcelonesa como el año del 'baby boom' de la 'Vespa velutina' para gran desgracia, sobre todo, de las impotentes abejas

Roddy Romero empuña un fusil cargado con balas de insecticida congelado, en el parque de la Pegaso.

Roddy Romero empuña un fusil cargado con balas de insecticida congelado, en el parque de la Pegaso. / Carles Cols

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Imaginen la escena. Tres uniformados con chaleco amarillo acordonan una parte del parque de la Pegaso con cinta plástica. De la improvisada valla cuelgan un cartel . ‘Peligro. No pasar. Avispas’. En lo más alto de un clásico plátano barcelonés, gracias a que ha perdido suficientes hojas, es posible ver un nido de avispas asiáticas del tamaño de una pelota de baloncesto (el nido, no las avispas, aclaración necesaria antes de que cunda el pánico). Dirige la expedición, literalmente de caza, Jesús Jarque, biólogo y francotirador. Así es. El equipo ha dejado en el suelo, dos árboles más allá, una nevera frigorífica portátil y un maletín que por sus dimensiones bien podría contener un teclado de pianista, pero al abrirlo. ¡oh!, sorprende a todos la visión de un rifle. Con su mirilla telescópica y todo. La ‘Vespa velutina’, mal bautizada en su día por la prensa como la avispa asesina, está colonizando con progresión geométrica las calles de Barcelona desde que en 2018 fue avista por primera vez en esta ciudad. Eso ya es noticia, pero más lo es aún, visto el armamento, la estrategia que Barcelona emplea en esta guerra contra el invasor.

De la avispa asiática se habla intermitentemente desde 2004. Fue entonces cuando se supone que arribó al sur de Francia, no se sabe cómo, una reina, una pésima noticia para las abejas europeas, que si no tenían bastantes problemas ya, solo les faltaba la amenaza de un enemigo contra el que no conocen, pobres ellas, ninguna técnica de combate, como sí han desarrollado sus primas del lejano oriente. El caso es que la dinastía de aquella primera reina no hay año que no conquiste nuevas tierras.

Una avispa asiática, distinguible de la autóctona por la coloración del abdomen y por esos calcetines amarillos a juegos que parece vestir.

/ EFE / LAVANDEIRA JR.

Llegó a Galicia en 2010. Pronto adquirió la condición de plaga en el País Vasco. Los primeros nidos avistados en Catalunya, en 2013, estaban en bosques gerundenses. Que algún día se atrevería con Barcelona no era una cuestión de probabilidades. Era una certeza. Lo sorprendente, tal vez, ha sido el ‘baby boom’ registrado este año en la ciudad, en que un día se desahucia un nido en la Font d’en Fargues, otro día toca idéntica intervención en Arc de Triomf, poco después hay una colonia de varios centenares de avispas en el cimborrio de la Catedral y, como sucedió el pasado martes, alguien a avistado un amenazador hogar de avispas asiáticas en la rama más alta de un árbol de la Pegaso, al mismísimo lado del pulpo gigante de toboganes del parque, lo cual, por cierto, le proporciona a la misión un ‘nosequé’ de ‘Starship Troopers’ o, mejor aún, de Sigourney Weaver contra Alien a bordo de la nave Nostromo.

En Galicia, los nidos, cuando es posible, se atacan con fuego. En Francia, dice Jarque, han llegado a emplear explosivos para contener la expansión. Las pértigas son otra opción bastante común. Los drones, como opción, son llamativos. Todo eso son naderías comparado con el método utilizado por Lokimica, la empresa que el Ayuntamiento de Barcelona, ante el sorprende mutis de la Generalitat, administración responsable de combatir las especies invasoras, ha contratado para contraatacar este ya incuestionable problemón. Balas de insecticida congelado. Esa es la munición. Pim pam, nunca tan bien dicho.

Un especialista de Lokimica introduce la munición de insecticida en el cargador curvo del fusil.

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La estrategia parecerá muy loca, pero es económica (nada de grúas elevadoras) y, sobre todo, extraordinariamente eficaz. El secreto radica en conocer al enemigo. Las avispas asiáticas, como otras especies de la familia de los véspidos, tiene un claro protocolo en caso de agresión. Una parte de las obreras de la colonia salen del nido y buscan alrededor al agresor. En el radio en el que rastrean no encuentran nada, así que regresan y se suman a lo que ya ha comenzado a hacer desde un primer momento el resto de sus compañeras, rodear el nido, hacer un escudo. Es su perdición. No están preparadas para la guerra química. A los pocos minutos, caen a plomo algunas avispas. Otras vuelan desnortadas por el parque, como recién salidas de un ‘after’. La mayoría de esas también morirán. No estamos hablando de una simple escaramuza de humanos contra véspidos. En el interior de un nido como aquel hay aproximadamente unas 1.500 avispas, dice Jarque por experiencia.

El rifle empleado, eso hay que aclararlo, no procede de una armería. Es un fusil de ‘paintball’ readaptado para la ocasión. La propulsión de las balas funciona con aire comprimido, pero eso no le quita emoción a los preparativos, a ese rato en el que Roddy Romero, encargado hoy de disparar, introduce una a una las balas congeladas en el cargador curvo, que le concede al rifle un aire de asalto AK-47.

El tirador y, en lo más alto del árbol, el nido.

La operación se salda en apenas media hora y con precisión prusiana. Alguna de las balas no impacta en el nido, pero las que lo hacen, la mayoría, penetran hasta lo más hondo de la soberbia arquitectura del nido, un edificio de una resistencia admirable si se tiene en cuenta, como subraya Jarque, que no es más que papel maché natural fabricado por las propias avispas.

La operación, lo dicho, es un éxito, pero esta es una batalla de fin de temporada, más orientada a calmar a los más aprensivos que pasean por el parque que a contener la expansión de la plaga. En noviembre y diciembre las reinas nacidas en el nido, varias decenas, ya lo han abandonado y han buscado refugio en otras partes para pasar el invierno. No todas sobrevivirán, pero cuando llegue la primavera, las supervivientes, con el esperma que se han llevado en la maleta, fundarán un nuevo nido, primero uno pequeño, del tamaño de una pelota de tenis, y ahí alumbrarán a su primera corte de obreras, para construir más tarde un segundo nido, con la ventaja de que en verano la frondosidad de los árboles sirve de camuflaje. Es una tormenta perfecta.

Minutos previos a la eliminación del nido, en que la zona de 'combate' es acordonada.

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El caso es que en el nido desactivado en el parque solo quedaban avispas obreras, sin reina ni ningún líder equivalente. A su manera, aquello era una utopía libertaria y ya se sabe cómo han terminado todos los intentos humanos de crear sociedades así, radicalmente horizontales, con fecha de caducidad en la tapa. Las avispas del nido estaban condenadas. Lo problemático, a estas alturas del ciclo vital de las avispas, no es ese nido, sino los venideros.

Ese lo suscribe con todas sus letras el profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) Gerardo Caja, copiloto de un proyecto con un nombre realmente inmejorable, UABee, que monitoriza la vida cotidiana de varios panales instalados en el campus. Confirma primero que, efectivamente, 2021 ha sido un año de un ‘baby boom’ sorprendente y, desde el punto de vista de las abejas, temible. La ‘Vespa velutina’ es, de adulta, básicamente vegana, pero es una feroz cazadora de insectos, pues son el sustento de las larvas. Su presa predilecta parecen ser las abejas melíferas. Las capturan al vuelo y las descuartizan. Solo les interesa su tórax. El proyecto UAbee permite hacer algunas inquietantes reglas de tres. De media, cada avispa mata unas 25 abejas al día. Cada reina que sobrevive al invierno es capaz, en pocos meses, de crear un nido con casi 2.000 individuos, de los que varias decenas serán futuras nuevas reinas. Si la siguiente pregunta es cuántas reinas potenciales hay en un entorno, por ejemplo, como el campus de la UAB, la respuesta acongoja. “Este año hemos localizado cinco nidos en la universidad, pero solo en los cebos que hemos instalado en la zona hemos atrapado unas 800 reinas”.

A corto plazo, es decir, cara a la próxima primavera, los insectos en general y las abejas muy en particular se van a llevar un gran disgusto. La ‘Vespa velutina’ tiene unos pocos depredadores a este lado de Eurasia. Urracas, herrerillos y halcones abejeros la come con mucho gusto. El problema es que en occidente, a diferencia de lo que ocurre en oriente, abejas y estas avispas no han coevolucionado. La balanza natural está desequilibrada. Las abejas asiáticas han perfeccionado sofisticadas técnicas de combate para defenderse las agresiones. La más llamativa consiste en formar una nube de aleteos alrededor de la avispa. Logran así subir la temperatura un grado por encima de lo que es capaz de soportar una avispa, 47 grados, que termina por morir.

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Algunos estudios sugieren que las abejas europeas que han llegado a Asia, como la ‘Apis mellifera’, especie invasora allí, han aprendido, de momento torpemente, a responder igual en caso de agresión. Pero esas mismas abejas, aquí, en el que es su hogar, se comportan aún con una bendita mansedumbre. Las avispas parecen tener predilección por las abejas que regresan al nido tras ir de flor en flor, no queda claro si porque van cargadas de néctar y su vuelo es más lento o directamente porque les gustan rebozadas en polen.

Si han llegado hasta este último párrafo sin mostrar síntomas de entomofobia, o sea, miedo a los insectos, quedan convocados para el próximo episodio, seguramente en primavera, cuando Roddy Romero y Jesús Jarque vuelva a desenfundar el rifle o, por si les parece poco, para cuando suceda lo que ya ha ocurrido en Estados Unidos, la llegada de la ‘Vespa mandarinia’, a la que el nombre de avispa le viene pequeño, así que se la conoce como el avispón asiático. Unos pocos ejemplares son capaces de decapitar toda la población de un panal de abejas en pocas horas y, se supone que para tranquilizar a la población los entomólogos dicen que las picaduras en humanos raramente son mortales. Menudo alivio. Raramente.

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