Las huellas de la pandemia

Barcelona es un 11,6% más pobre tras el covid, pero...

El Anuari Estadístic, 'best seller' anual que el ayuntamiento publica desde 1902, reescribe con enfoques inéditos el impacto del coronavirus en la ciudad

Barcelona es un 11,6% más pobre tras el covid, pero...
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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Los barceloneses buscaron más consuelo en sus mascotas que en los altares, la actividad económica se contrajo un 11,6%, el teléfono de la esperanza atendió un 75% más de llamadas de auxilio, el transporte público perdió la mitad de sus pasajeros, la presencia de turistas en las calles de la ciudad retrocedió a cotas de 1993, los delitos cayeron un 42,1% y el aire fue, por fin, al menos tan aceptablemente limpio como reclama la Unión Europea. Así es, el Ayuntamiento de Barcelona acaba de publicar la última versión de su gran ‘best seller’, el Anuari Estadístic de la Ciutat, una fotografía de altísima definición que se imprime de forma ininterrumpida desde 1902, pero que en esta última edición retrata un año tan atípico, 2020, que hay que remontarse a la guerra civil o a la gripe de 1918 para abrir las páginas de un ejemplar tan fuera de la norma. 2020 fue y será para siempre el año del covid, con ese abril funesto en que cada 24 horas eran incinerados en Barcelona los restos de 60 víctimas mortales de esa enfermedad, en ausencia de sus familiares, y otras 56 eran inhumadas en idéntica soledad. Pero es mucho más que eso, tanto que ayuda a reescribir la crónica de lo que sucedió. Vean.

Los anuarios que elabora el área de estadística municipal son siempre un valioso material de estudio, para ahora y para dentro de 100 años. Son fuentes documentales extraordinarias para historiadores y demógrafos, pero el de 2020 debería merecer una especial atención por parte de de economistas y politólogos y, lo apuntado al principio, incluso por parte de teólogos, porque, quizá en otra época, a una sociedad atemorizada le habría dado por buscar consuelo en el rezo o, peor aún, por el milenarismo, y no fue así. Hasta decrece el número de centros de culto. Ya son menos de 500, 493 en concreto, 76 menos que hace dos años.

Economistas y politólogos, he aquí la cuestión principal, deberían sumergirse en los datos del anuario porque el conjunto de cifras allí recopiladas certifican, como es sabido, que la vida cotidiana se detuvo y la laboral se redujo al mínimo e imprescindible para que la ciudad no se le detuviera el corazón, pero, lo que son las cosas, la red que aún pervive del estado del bienestar y las decisiones que se tomaron con carácter de urgencia actuaron a modo de inmenso airbag.

Hay clarísimos ejemplos de ello. Creció, cómo no, el paro. El año terminó con 93.842 personas sin empleo, lo que significó un incremento del 35,9% en comparación con 2019. Pero incluso así, la cifra de desempleados de la ciudad no alcanzó ni por asomo la que provocó la crisis de 2008, cuyo onda sísmica perduró en el tiempo. En 2013 había en Barcelona 115.154 trabajadores en paro. Las medidas tomadas por el Gobierno para contener la temida ola de despidos funcionó. Es más, 2020 se cerró con 1,1 millones de afiliados a la seguridad social en la ciudad. Barcelona ha sido históricamente excedentaria en puestos de trabajo. La cifra supera de la su población en edad de trabajar, unas 750.000 personas.

El segundo ejemplo cristalino de que las crisis, económicas o sanitarias, no deben ser tomadas con resignación, como si fueran fruto de un castigo merecido y el mercado fuera una ley divina dictada por nuestro señor Milton Friedman, es el caso de los desahucios, que de los 4.770 de 2019 (réplicas aún de la crisis del 2008) se pasó en 2020 a unos más comedidos, pero trágicos a pesar de todo, 2.465. Casi la mitad.

Que el covid fue una crisis sanitaria que repercutió en la economía no es ningún secreto. El anuario revela, no obstante, la letra pequeña. El músculo económico de la ciudad se adelgazó un 11,6%, casi los mismo que el de Catalunya (-11,5%) y un poco más que el del conjunto de España (-10,8%). Fueron los empresarios y trabajadores del comercio, el transporte y la hostelería los que más vieron menguar actividad, un 25%, y tampoco le fue bien al gremio de la construcción, que sufrió una caída del 15%. La pandemia, sin embargo, aceleró otros sectores. La administración, la educación y la sanidad cerraron el año con un crecimiento del 2,9%, más que nada por todo el despliegue de medios que se puso en marcha para hacer frente a la enfermedad y sus consecuencias sociales. Era algo previsible. Menos conocido es que el sector financiero creció un 4,3%.

La historia de 2020 merecerá algún día ser reescrita con más paciencia a partir de porcentajes como esos. Banca al margen, que, como en la ruleta, siempre gana, el trabajo de hormiga para historiadores, economistas y politólogos podría ser comparar cuán eficaz fue la red social de las distintas ciudades del mundo en función de cuál era su red previa al primer contagio por coronavirus. Los comedores sociales, que en 2019 sirvieron 479.731 comidas, fueron capaces de proporcionar en 2020 hasta 557.068 almuerzos. El banco de los alimentos tuvo que aumentar un 20% sus reservas, de 4,8 toneladas a 5,8, ello porque creció un 38% el número de usuarios de ese último recurso de emergencia.   

El Anuari Estadístic de la Ciutat, como antes se subrayó, es una fotografía de gran resolución, millones de megapixels que permiten contar cuántos árboles hay en la ciudad, 157.636 (casi 8.000 más que hace 20 años), cuántas calles, 4.037 (cuatro más que en 2019), los días de lluvia (124) y, lo que probablemente más interesa en este apartado de la Barcelona física, porque es consecuencia directa del confinamiento, la calidad del aire. Con menos tráfico de vehículos y apenas cruceros, la presencia de NO2, veneno invisible del aire urbano, se redujo un 30%, el de las partículas PM10 un 21% y el de las PM2,5 un 25%.

Lo físico, en cualquier caso, no eclipsa la humano. El anuario se publica, por encima de todo, porque cuenta un poco la vida de esas 1.660.314 personas que, según el último recuento, viven en Barcelona. Sobre esta cuestión ya dio un primer e interesante aperitivo de datos el área de estadística cuando el pasado 11 de octubre publicó el padrón oficial de la ciudad, en el que el covid era, de nuevo, el protagonista. Ya se apuntó ahí que murieron en Barcelona en 2020 unas 4.305 personas más de las estadísticamente previsibles y que el número de partos cayó por debajo de los 12.000. Solo la inmigración mantiene el censo de la ciudad por encima de los 1,6 millones de habitantes, pero a costa ya de que menos de la mitad de los barceloneses (48,8%) hayan nacido en Barcelona y a que un 29% de los vecinos vinieran al mundo en el extranjero.

El padrón, de hecho, es una de las columnas sobre las que se sustenta el anuario estadístico, a veces con llamativos enfoques que invitar a ver esta ciudad con otros ojos, como ese mapa en el que se muestra cuál es la segunda nacionalidad más frecuente por barrios y que revela que, a diferencia de Nueva York, en Barcelona no hay un Little Italy, sino una Great Italy.

Eso, no obstante, era así antes y después de la pandemia. Lo llamativo son otros mapas y resultados, la peculiaridades de 2020. Los barceloneses consumieron menos agua (10 litros menos por día, y eso en una ciudad ya caracterizada por un bajo despilfarro de este bien escaso), generaron menos basuras y reciclaron más, se quedaron menos veces atrapados en el ascensor (los bomberos rescataron a 1.021 personas en este aprieto, 1.854 en 2019), se quejaron más de sus vecinos (1.000 llamadas cada día atendió la Guardia Urbana por esta cuestión), cómo no, con todo el mundo encerrado en casa durante varias semanas, y, aunque por barrios, se apretaron el cinturón.

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El gasto de los hogares barceloneses, que rondaba los 35.000 euros anules antes de la pandemia, cayó hasta los 30.000 euros, ya sea por prudencia, necesidad o por imposibilidad de gastar más. Esa materia, la renta familiar, sobre todo la desglosada por barrios no se incluye aún en este anuario porque los últimos datos disponibles son los de 2019. Habrá que esperar, para cuestiones como esta, al ‘best seller’ del próximo año.