De Netflix a la Prosperitat

Coreanos de Catalunya celebran ‘El juego del calamar’ en Nou Barris

  • La comunidad asiática en Catalunya celebra una competición con 216 participantes en el campo de la Montañesa emulando prácticas de la serie

  • El ganador se lleva como premio un vuelo a Corea y el segundo, 456 euros, tantos como aspirantes al premio final aparecen en la ficción televisiva

Los vigilantes entregan las galletas a los participantes, de las que deben recortar la figura dibujada sin que se parta.

Los vigilantes entregan las galletas a los participantes, de las que deben recortar la figura dibujada sin que se parta. / Jordi Otix

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Toni Sust
Toni Sust

Periodista

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De verde y blanco, 216 participantes esperan a que empiece el primer juego. Los que no logren completarlo serán eliminados. Les vigilan personas que visten uniformes rojos y una voz ronca, distorsionada, explica las reglas y da las indicaciones preceptivas por megafonía. Suena una música tenebrosa que resulta inquietante y que cualquiera que haya visto la serie coreana identifica como la que se escucha en 'El juego del calamar'.

Los 216 participantes tienen que jugar a un juego infantil que no solo se practica en Corea. En la serie se denomina Luz verde, luz roja, aunque también se conoce como El escondite inglés o, como lo ha citado este lunes en Barcelona la voz en off, el “pica pared”. Los jugadores tienen que avanzar cuando suena la música y no pueden moverse cuando esta se ha detenido. Si te pillan moviéndote cuando no toca, has perdido.

’El juego del calamar’, en su versión barcelonesa, ha sido organizado este lunes en el campo de la Montañesa, en la Prosperitat.

De una isla coreana a la Prosperitat

Pero esta vez el juego no transcurre en una misteriosa isla coreana, sino en el campo de la Montañesa, en la Via Júlia, en el barrio de la Prosperitat, en el distrito de Nou Barris. Y cuando empieza el juego, un participante anciano, cuya presencia parece un homenaje al jugador número 001 de la serie, arranca a toda prisa y se pasa de frenada varios metros. Como la música ya no sonaba, es el primer eliminado, pero no acaba ejecutado de un disparo. En lugar de acribillarlo, le invitan a abandonar el césped y subirse a la grada, entre aplausos de los asistentes. Un alivio.

La comunidad coreana en Catalunya celebra anualmente un acto en el campo de la Montañesa. A causa del covid, hacía casi dos años que no podía organizarlo. “Hemos sufrido mucho por el coronavirus”, explica el presidente de la Asociación de Coreanos de Catalunya, Deok Lee, que llegó a Barcelona con 14 años, en 1982, “en la época de Naranjito”, dice en alusión a la mascota del Mundial de fútbol que se celebró ese año en España. Se dedica a la venta de material deportivo y de artes marciales. “Somos una comunidad muy pequeña”, prosigue. Cifra en 1.500 a los coreanos que hay en Catalunya, 800 de ellos, residentes en Barcelona. Normalmente, en estas jornadas participan sobre todo coreanos, pero en esta cita lo hacen también vecinos de Barcelona.

Sona Lee, su hija, está volcada en la organización del evento: “Hemos hecho un festival de cultura coreana inspirado en 'El juego del calamar' por el boom que ha sido en todo el mundo”.  También ha habido, antes de los juegos, danza coreana, K-Pop dance. Lee da cuenta de la paradoja: El juego del calamar no contará con 'El juego del calamar'. Es decir, el último  de la serie, que consiste en acceder a un área desde otra, con un equipo que ataca y otro que defiende, no se celebra en el campo de la Montañesa. “No lo vamos a hacer porque es un poco violento”.

Cuenta que los 216 participantes han pagado 15 euros por una camiseta, una gorra y el número correspondiente. También tienen derecho a comida y a participar en el sorteo final: se pueden lograr electrodomésticos, entre otros productos. Luego está la figura del público: por 10 euros se asiste al espectáculo y se accede al sorteo y al almuerzo, que consiste en preparado de cerdo adobado a la plancha con salsa picante, kimchi (col fermentada picante típica coreana) y calabacín y arroz.

Galletas, la cuerda

En Nou Barris se practican varios juegos, de los cuales tres aparecen en la serie. Uno es el ya citado, El escondite inglés. Quizá para reforzar una actitud positiva que contrasta con el rotundo final que espera a los perdedores en Netflix, la megafonía es más amable en Nou Barris y se invita a los eliminados del primer juego a contar con una segunda oportunidad.

El juego de la cuerda, este lunes en el campo de la Montañesa, emulando una de las pruebas de 'El juego del calamar'.

/ Jordi Otix

Una barcelonesa que estudia coreano Judith, 17 años, “casi 18”, es una de las eliminadas en el primer juego. Sube a la grada y le cuenta a su padre: “Me han eliminado por mover la pierna. Estaba temblando. Intimida tanta gente mirando”. Judith vuelve a bajar corriendo cuando se avisa de que se permite intentarlo de nuevo. Y al final todos logran pasar la prueba del “pica pared”. Llega entonces el juego de la galleta, una dalgona. Los participantes tienen que recortar la figura que aparezca perfectamente, sacando el resto de la galleta sin que el dibujo se rompa. Aquí son bastantes los que no lo logran. Se escucha: “78, eliminado”. Sube una mujer a su asiento esgrimiendo el dulce: “Se me ha roto”.

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A renglón seguido se juega a tirar el zapato lejos, competición que no aparece en la serie, antes de proceder al concurso de tirar de la cuerda: equipos de 12 personas se enfrentan al reto, y algunos lo hacen emulando una táctica de la ficción de Netflix: se colocan uno hacia un lado y el siguiente, hacia el contrario.

Tras el almuerzo, y unos cuantos juegos más, estos ya fuera de serie, llega la entrega de premios. El ganador recibe un premio considerable: un vuelo a Corea. El segundo, 456 euros, el número de participantes de la serie de Netflix. El tercero, la mitad: 228 euros. El cuarto, la mitad de la mitad: 114 euros.