CITA ANUAL

Más de 65.000 personas participan en el Open House Barcelona más esperado

  • El 12º festival de arquitectura de la capital catalana cierra la mejor edición de su historia: la que ha ofrecido más oferta y más diversa y en la que la ciudadanía más se ha volcado

  • Entre las más de 200 visitas organizadas este fin de semana, un paseo por Can Peguera, característico barrio obrero de 'casas baratas' salvado del derribo por la lucha vecinal, en Nou Barris

Visita al barrio de Can Peguera, este domingo en el marco del 48H Open House Barcelona.

Visita al barrio de Can Peguera, este domingo en el marco del 48H Open House Barcelona. / Jordi Otix

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Helena López

El 48H Open House Barcelona, el ya tradicional festival de arquitectura de la ciudad, ha cerrado este domingo su duodécima edición; "la mejor de su historia", según resumían desde una agradecida organización. La edición que ha ofrecido más oferta y más diversa y descentralizada, y en la que la ciudadanía se ha volcado como nunca: más de 65.000 visitantes en un fin de semana espectacular, cifra récord en todas las ediciones.

Algunas mujeres jóvenes -madres, a juzgar por la dimensión de la prendas que tienden-, aprovechan el magnífico sol de esta mañana de domingo para sacar sus tendedores plegables frente a sus casas, en la acera o, alguna, directamente en la calzada, entre coche y coche aparcado. Viven en casas muy pequeñas, donde las alternativas son escasas. Cerca de ellas, otras mujeres de edad más avanzada barren la acera también frente a sus hogares, actividad que en esta barriada sigue a la orden del día. Estas escenas suceden en el espacio público, no en el interior de sus pequeños viviendas, de entre 40 y 60 metros, pero son también retales de su cotidianeidad.

No todo en el 48H Open House Barcelona es cruzar la puerta de las casas, el festival de arquitectura de Barcelona sirve también para invitar a la ciudadanía a pasear por lugares de su propia ciudad que le son absolutamente ajenos, como lo es para muchos el barrio de Can Peguera, en el distrito de Nou Barris, conformado íntegramente por vivienda pública de alquiler; casas que hasta hace poco más de un lustro tenían los días contados, afectadas por el Plan General Metropolitano, pero que la tenacidad de sus vecinos salvó.

Visita a la sede del distrito de Nou Barris, en el viejo Instituto Mental Pi i Molist.

/ Jordi Otix

Según el mapa del festival de arquitectura, el punto de encuentro para la visita del barrio -uno de los 227 repartidos por todo el área metropolitana durante todo el fin de semana- es el 29 de la calle de Vila-seca, el particularísimo bar del barrio (el bar de toda la vida del enclave, desde hace un tiempo regentado por un artista de origen chino que ha convertido el local en su particular museo). Al llegar allí, los participantes del Open se encuentran con un papel, a mano, colgado en la puerta: el punto de encuentro para la visita, plaza de Sant Francesc Xavier. Lo que a primera vista podría parecer un error en la organización es, al final, un regalo -otro- al visitante, que en el pequeño camino hasta el nuevo punto encuentra escenas como las descritas al inicio.

Los guías de la visita son voluntarios, como prácticamente todos, por en esta ocasión son, además, vecinos del barrio de toda la vida, que explican a los participantes del festival su historia con una mezcla de orgullo y ganas. Mientras de la boca de los voluntarios narran el pasado del lugar -que aquello fue un barrio de anarcosindicalistas que en el 1936 convirtieron la iglesia en 'la casa del pueblo'- el paseante descubre el presente. Un barrio en el que todos los nuevos vecinos proceden de la mesa de emergencia. "Estas puertas son la entrada al refugio antiaéreo que construyeron nuestros abuelos", prosigue el guía. Al ser preguntado por los curiosos participantes del Open, con ganas de entrar en todas partes, sobre si pensaban abrirlo, el vecino responde que es una reivindicación vecinal histórica, adecuarlo para hacerlo visitable, pero que en un momento de crisis, con tantas necesidades como hay en el barrio, renunciaron para invertir en partidas más urgentes.

Las historias del Mental

La ruta pasa por el centro de día y residencia Pi i Molist, que enlaza con otro dos de los edificios visitables en el festival. Aquí derivaron tras su desmantelamiento a los últimos internos del Antiguo Instituto Mental Pi i Molist, hoy sede del distrito de Nou Barris y comisaría de la guardia urbana, ambos visitables este domingo, aunque en el segundo no se permitiera documentarlo. En el patio de lo que es hoy la comisaría, la reforma del viejo mental -la parte pequeña que quedó en pie del inmenso edificio- dejó en pie una torre con grandes ventanales que permiten que el cuartel, en el sótano, tenga una luz que haga imposible ser consciente que se está en un subterráneo. "Esta torre era la sala de autopsias del Mental", señala la joven guía, quien también explica que aquel mismo patio acogí lo que se conocía como 'el chalet'. Casa que una familia rica hizo construir a una interna, quien ingresó junto a su sirvienta. "Cuentan las malas lenguas que su marido la hizo encerrar para hacer la suya", añade. El chalet fue demolido con la reforma pero su historia está pegada en las paredes, igual que el suelo hidráulico original del edificio, que adorna una de las entradas de la comisaría.

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Visita al edificio cooperativo Cirerers, en Nou Barris, este domingo.

/ Jordi Otix

Siguiendo la ruta de Nou Barris, otros tres edificios se abrieron este domingo al público: el castillo de Torre Baró, que ofrece unas vistas impresionantes de todo el distrito, el Centre Esportiu Municipal Turó de la Peira y la promoción de vivienda cooperativa Cirerers. La vivienda cooperativa es una de las apuestas de esta edición, la duodécima, del festival, que ha abierto también, por ejemplo, la vivienda cooperativa La Xarxaire, en el paseo de Joan de Borbó, en la Barceloneta.

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