Debate sobre la limpieza en la ciudad

Sant Antoni y la porquería que vino con la supermanzana

El entorno del mercado ha ganado vida ciudadana con la recuperación del espacio que antes era para el coche, pero más gente en la calle y durante más tiempo, en esta ciudad, equivale a más suciedad

Debate sobre la suciedad en Barcelona: el Eixample y la supermanzana de Sant Antoni / Jordi Otix

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Preguntado sobre si temía que aquella calle, antes reservada a los coches y ahora más destinada al disfrute vecinal, se convirtiera en epicentro de botellones y jaleo, el concejal de Sant Martí, David Escudé, dijo que el ayuntamiento no dejará "en ningún caso de transformar la ciudad" por miedo a efectos colaterales poco deseados. Lo expuso el miércoles en la nueva plaza ganada al asfalto en Almogàvers con Zamora. En ese acto, como suele suceder con todo lo que tiene que ver con la filosofía de las supermanzanas, se blandió el ejemplo de Sant Antoni. Ahí, en el Eixample que linda con la antigua Barcelona amurallada, la transformación del mercado y la expulsión del automóvil, amén del nuevo aspecto urbanístico, multiplicó el uso ciudadano del espacio público. Y eso, como era de esperar, ha generado más suciedad, y por eso el entorno de la lonja es uno de los puntos de la ciudad en los que se interviene de manera prioritaria en el plan de choque destinado a limpiar la ciudad.

Ambiente en la supermanzana de Sant Antoni

/ Jordi Otix

Del mismo modo que las calles con más tráfico son las que más siniestros acumulan (y de ahí que usemos mal el concepto de 'punto negro'), también aquellos enclaves de la ciudad más animosos son los que más desgaste exhiben. Por eso el mantenimiento de la vía pública deberá adaptarse a la transformación urbanística que el consistorio tiene entre manos, con ese deseo de que en 2030 una de cada tres calles de la trama Cerdà tenga un aspecto parecido al que el próximo año empezará a pincelarse en Consell de Cent, donde todo será acera, se plantarán más árboles y se instalarán más bancos y lugares en los que estar. La ciudad para las personas, si es que acaba sucediendo, supone pasar más tiempo en la calle como paseantes, de la misma manera que abrir nuevos carriles para coches en una avenida o una autopista es unas invitación a conducir. Y si no hay un cambio cultural importante, eso colisionará con el incivismo. Barcelona, porque así lo decidirán sus ciudadanos, estará todavía más sucia.

Basura fuera de los contenedores, en el Eixample

/ Jordi Otix

"Alta ocupación"

Un portavoz municipal sostiene que la elección de Sant Antoni en este top 10 de puntos por resolver en materia de limpieza se explica por la "alta ocupación y por las zonas de estancia". "La presencia del mercado también aumenta el grueso de ciudadanos que pasan por aquí, y además se trata de una área con contenedores perimetrales y pueden aparecer residuos que requieren de la presencia de equipos de repaso". Las brigadas, de hecho, ya han empezado a actuar en este sector de la ciudad, donde además se han esmerado en el baldeo de elementos de mobiliario urbano.

En uno de los bancos descansa Marcos, un hombre ya jubilado que vive unas manzanas más allá pero que viene porque le gusta "ver a la gente pasar". Enviudó hace dos años, pasó un confinamiento muy crudo y salir a la calle le da la vida. "Puede ser que haya más suciedad, pero si te quedas aquí un rato, te darás cuenta de que la basura no aparece sola. Los chavales dejan el plástico del desayuno, la gente tira los cigarros incluso a los parterres, y fíjate en las pintadas. ¿Qué pone ahí, por qué hacen eso?". Señala la firma de un grafitero ('tag', como lo llaman ellos) en una persiana bajada, pero también es habitual verlos en los bancos, en las entradas de los aparcamientos o en las cajas de la compañía eléctrica. Quizás ayude, o no, la figura del informador en materia de limpieza de la ciudad que ayer empezó a desplegarse por los barrios.

Los árboles más llenos de colillas suelen ser aquellos que están junto a un equipamiento, una boca de metro, una parada de bus, un teatro o un cine. Las macetas urbanas ejercen de cenicero para los que apuran el pitillo antes de entrar en un lugar en el que no está permitido fumar. Sant Antoni no es ninguna excepción. Este diario ya contabilizó en marzo más de 100 cigarros consumidos en un alcorque situado junto al mercado. Y la cosa no ha mejorado en exceso siete meses después. La papelera no queda lejos, pero el hábito de lanzarlo al suelo está tan interiorizado como el de salir del semáforo con la moto cuando aún no está verde. Pero no teman, el concejal de Transición Ecológica y Emergencia Climática, Eloi Badia, dijo hace un par de días que no está previsto ponerse más duro con las sanciones vinculadas al incivismo.

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Una mujer se toma un respiro junto a una pequeña montañita de basura, en la supermanzana de Sant Antoni

/ Jordi Otix

Un empleado de la limpieza que pasa por la calle del Parlament cree que perseguir al infractor no sería tan mala idea: "Pues a veces creo que multar es la única opción. Demasiado a menudo tiran colillas delante de nuestras narices, y cuando les miras te ponen mala cara. Pero igual no se atreven a multar porque les quitaría votos". Lleva varios años en la zona de Sant Antoni y ha notado un cambio sustancial con la supermanzana. Antes, explica, esto eran calles como cualquier otra, con la peculiaridad del mercado "que siempre complica las cosas". "Ahora tenemos que hacer una limpieza mucho más al detalle, porque hay de todo, cosas más pequeñas. No te digo ya en sitios como ese (señala una zona verde), con mierda entre las plantas casi todos los días".