Contaminación acústica

Un infierno diario de ruido por obras en el Eixample de Barcelona

Un infierno diario de ruido por obras en el Eixample de Barcelona

Jordi Otix

  • Vecinos de la calle de Mallorca llevan desde 2013 soportando obras y ahora coinciden tres grandes rehabilitaciones junto a sus viviendas

  • Inquilinos de tres fincas piden que se tomen en serio los efectos de la contaminación acústica sobre la salud y se minimicen las molestias

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Texto: Gemma Tramullas Fotos i vídeo: JORDI OTIX

"Bum, bum, bum”, exclama el pequeño Marcel de 2 años acompañando con su bracito los golpes de mazo que, junto al taladro percutor, hacen vibrar la pared medianera de su casa. Son las nueve de la mañana. Bienvenidos al infierno antrofónico de Barcelona, el ruido urbano condensado en una manzana del Eixample, concretamente en la calle Mallorca entre Balmes y Rambla de Catalunya. En este tramo, además del habitual tráfico atronador, coinciden tres obras que han convertido la vida cotidiana de muchos vecinos en una tortura.

Marcel se despierta cada día diciendo: “¡Ya han empezado las obras! Hacen mucho ruido, mamá”. “Vinimos a vivir aquí en 2013 y no recuerdo lo que es estar sin ruido -explica su madre, Marianne, una arquitecta que teletrabaja (o lo intenta) en casa-. Primero construyeron un aparthotel, luego un bloque de apartamentos turísticos de lujo. Con el parón de la pandemia y el confinamiento descubrimos que teníamos balcones porque con el tráfico no podemos abrirlos. Y ahora vuelta a empezar. Estamos rodeados”.

Marianne recoge a su hijo de la 'escola bressol' y no vuelven a casa hasta que los obreros terminan la jornada a la caída del sol. Otra de las vecinas afectadas es Elvira: “Llevo 20 años viviendo aquí y es una escalera muy tranquila, pero todas estas obras a la vez me están afectando nivel personal y laboral, porque trabajo en casa. También a mi hijo, que viene a casa estudiar después de la universidad”.

Trabajar con tapones y cascos

Los usos de las viviendas han ido cambiando y a raíz de la pandemia muchas más personas trabajan desde casa. Otro de los vecinos que teletrabaja en esta finca lo hace con auriculares que cancelan el ruido exterior y otra inquilina utiliza tapones y cascos a la vez. Además, también viven jubilados que pasan muchas horas en sus viviendas.

“Los ruidos, cuando además no son continuos y tienen distintas intensidades segregan cortisol y esto genera mucho estrés -afirma Elvira, que es psicóloga, alzando la voz para hacerse oír por encima del taladro y los escombros que caen a plomo al otro lado de su pared-. Estamos en plena emergencia de salud mental. El estrés afecta a nivel anímico y mental, genera mucha agresividad y puede ser el origen de enfermedades físicas y psíquicas. En los tiempos que corren es fatal para el sistema inmunitario. Y no estamos hablando de una semana ni 15 días, ¡son dos años!”.

Estos inquilinos viven en fincas de fines del siglo XIX que no tienen las condiciones de aislamiento de las construcciones modernas. Piden que se tomen en serio las nefastas repercusiones del ruido en la salud, que se comprueben los niveles de ruido y contaminación, que se aplique la normativa ambiental y que se tomen medidas para minimizar los perjuicios que les están causando las obras: contaminación acústica, vibraciones, polvo, polución…

Más multas

El ruido es el segundo factor ambiental que más impacta en la salud. “La normativa es buena pero se aplica de forma muy laxa -advierte Jordi Romeu, del Laboratori d’Enginyeria Acústica y Mecánica de la Universitat Politècnica de Catalunya-. Cuando se detecta un problema que no cumple la normativa no hay que ponerse a negociar sino poner la multa correspondiente”.

Lo primero es actuar sobre la fuente de ruido, pero si esto no es suficiente este experto considera que “hay que poder prever lo que sea” para minimizar el impacto en las personas sobre todo en casos de ruidos muy fuertes durante largos periodos de tiempo. Como ejemplo recuerda que durante las obras de la línea 9 del metro, la administración decidió trasladar a los vecinos más afectados a un hotel.

A falta de una medición oficial y mientras se cursan las denuncias que han empezado a poner algunos vecinos, las aplicaciones de móvil que imitan a los sonómetros indican que en el interior de las viviendas hay momentos en que se superan los 80 decibelios, cuando lo permitido son 35. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que a partir de los 53 decibelios el ruido ya puede ser perjudicial para la salud.

Modelo de ciudad

En la Dreta del Eixample, a pesar de ser uno de los barrios más ruidosos y contaminados, solo hay cinco sensores acústicos, que marcan entre 65 y 75 decibelios durante el día, al límite de lo que recomienda la OMS para los exteriores. Pero en las últimas semanas este tramo de la calle de Mallorca probablemente haya superado en mucho estas mediciones. Además del trasiego de camiones, grúas y excavadoras y de las propias obras, la instalación de un nuevo semáforo justo enfrente de las fincas afectadas agrava el ruido y la contaminación.

Marianne y Marcel se despiertan con un ruido espantoso.

/ Jordi Otix

Está previsto que la obra más grande dure dos años. Se trata de una antigua residencia universitaria que está siendo rehabilitada por una promotora de pisos de lujo y que tendrá bajos con jardín privado, áticos dúplex, 44 plazas de párking y una residencia de ancianos. Cuando terminen los trabajos, los vecinos habrán cumplido una década viviendo casi de forma continuada con obras en un radio de 25 metros de sus viviendas.

El otro gran edificio en reformas son oficinas que llevaban tres años vacías por la moratoria de los hoteles y que se convertirán en viviendas, aunque los vecinos temen que también sean de alto standing. Además, hay otro gran edificio tapado por una lona publicitaria por unas obras en la fachada y las medianeras, y también un local que lleva años en obras.

Carta de la constructora

La constructora Copcisa, encargada de la obra mayor, envió una carta avisando de que los trabajos iban a durar dos años y que intentarían “minimizar el grado de afectación a las comunidades de vecinas y vecinos”. Sin embargo la empresa alega que por motivos de confidencialidad con el cliente no pueden explicar qué medidas se han previsto. El responsable de la obra en el edificio de oficinas también se ha mostrado comprensivo con las quejas de los vecinos.

Los inquilinos de las tres fincas más afectadas apuntan su queja a la dinámica del centro de la ciudad, que lleva a los vecinos a ir perdiendo calidad de vida mientras se siguen construyendo alojamientos turísticos y viviendas de lujo y cierran los pocos negocios tradicionales que quedaban. En vista que el ruido ha entrado en tromba en sus hogares, ahora ellos sacan sillas a la calle para reunirse una vez por semana y estudiar qué pasos seguir para mejorar su calidad del vida.

En esta manzana, situada en una zona sin apenas espacios verdes ni equipamientos (la biblioteca más cercana está a casi un kilómetro), había un casal y hasta hace unos años los niños aún cerraban el paso por el pasaje de Mercader para jugar en la calle. También la fachada del Museu d’Història de la Medicina seguía en pie. Hoy en su lugar hay un aparthotel y apartamentos de lujo, que han dejado como recuerdo grietas en otras fincas.

600 muertos anuales

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Aunque hacen falta más estudios, en 2017 investigadores de ISGlobal indicaron que el exceso de ruido, sobre todo el producido por el tráfico en el centro de Barcelona, sería responsable de unas 600 muertes al año, más de 300 casos de enfermedad cardiovascular, 1.300 de hipertensión y 400 de ictus cerebrales. Asimismo, la Agència de Salut Pública de Barcelona estima que más de 210.000 personas sufren afectaciones emocionales, psicológicas y sociales severas por la exposición crónica al ruido.

Hasta el siglo XXI, el molesto ruido provocado por la actividad industrial humana, bautizado como antropofonía, era sinónimo de progreso. Sin embargo, hoy es sinónimo de enfermedades y de un aumento de la agresividad. El ayuntamiento trabaja en un programa de reducción de la contaminación acústica para 2021-2030 que incluye medidas para reducir el impacto acústico de las obras, pero para cuando se cumpla quizá no quede ya ningún vecino de toda la vida en la calle Mallorca.