10 días de concienciación

Chefs, agricultores y vendedores tientan a los barceloneses con 150 actividades sobre alimentación sostenible

  • El sector agroalimentario reivindica más concienciación sobre la compra y consumo en el pregón que abre una Semana Ciudadana centrada en la comida y su impacto

  • Los pregoneros ponen en valor el abastecimiento de proximidad y la interacción del mundo rural y el urbano

Escenario en la plaza de Sant Jaume donde se ha inaugurado la Semana Ciudadana de la Alimentación Sostenible.

Escenario en la plaza de Sant Jaume donde se ha inaugurado la Semana Ciudadana de la Alimentación Sostenible. / Álvaro Monge

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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Teniendo en cuenta que sentarse a la mesa ante un buen plato puede ser un placer y un espectáculo sensorial, no es de extrañar que el inicio de la Semana Ciudadana de la Alimentación Sostenible en Barcelona haya contado esta tarde de jueves con un 'show' a medida, donde los dueños del escenario eran los habitualmente anónimos protagonistas del ciclo alimentario: de paradistas de mercado a pescadores, payeses, cocineros y hasta 'riders' que reparten a domicilio las viandas. El ayuntamiento ha apostado por un mural sonoro en plena plaza de Sant Jaume para dar bombo y platillo a 10 días con 150 actividades por toda la ciudad, que conforman la cara más visible y popular de un 2021 en que Barcelona es Capital Mundial de la Alimentación Sostenible.

Tras la pedagogía que exhibe toda la programación del año late un mensaje tan sencillo como el de aprender a comer mejor no solo por el bien del propio cuerpo, sino para evitar los desequilibrios e injusticias en la cadena agroalimentaria, y dejar de castigar al planeta con sobrexplotaciones. Se podría ejemplificar diciendo que es mejor devorar una fruta del parque agrario de El Prat que una llegada de Suramérica tras un largo y refrigerado periplo. Por no hablar de la pesca, la carne o cualquier producto que el ciudadano se quiera llevar a la boca. Un mensaje al que han puesto voz desde la multiestrellada chef Carme Ruscalleda al payés Ferran Berenguer, apelando --sin escatimar críticas al sistema-- a una dieta más saludable, una compra más próxima y una mejor relación entre los mundos urbano y rural.

El mural musical y de sonidos (del mar al campo) ocupaba un gran andamio de tres niveles toda la fachada del consistorio, alternando música y la esencia de lo que serán 10 días de agenda vinculada a la alimentación, que ahora sitúa como nunca al cambio climático en el punto de mira. Habrá talleres, charlas, experiencias gastronómicas, espectáculos y variopintas propuestas para conectar con los barceloneses y transmitirles la importancia de cambiar a mejor el sistema alimentario y romper con hábitos y formas de consumo que atentan contra los ecosistemas pero también contra la propia economía regional.

Informarse y participar

Berenguer, que representaba al sector 'eco' de la Unió de Pageses, ha disparado a la yugular de la industria y los políticos al cuestionar el "márketing" que rodea al término "sostenible". Ha recordado que comer es una cuestión "social" y que hay que garantizar ese derecho, decidiendo cómo hacerlo. "Las instituciones comienzan a darnos la razón, hablando de alimentación sostenible... que no sabemos muy bien qué es", ha enfatizado, tras años en una trinchera que combate la "precarización" en la cadena alimentaria, la distribución a precios que ahogan al payés, la "amenaza constante de poder perder las tierras" para urbanizarlas, "ampliar aeropuertos" o crear nuevas energías... Sin olvidar la permisividad con los nitratos en zonas vulnerables, ha rematado. Por ello, el activista ha alentado a los barceloneses a informarse y participar en los debates , hasta el día 24.

Alertando sobre que en poco tiempo no habrá manera de llevarse al plato "sardinas de nuestro mar", el patrón mayor de la Confraria de Pescadors de Barcelona, José Manuel Juárez, ha relatado el esfuerzo que realizan para abastecer la ciudad de pesca local preservando la biodiversidad y transmitiendo el oficio entre generaciones. "¿Hay pescadores en Barcelona? Sí, y no es un milagro". Tampoco han faltado los dardos contra los "reglamentos aberrantes" que deben obedecer en sus barcas.

Para la ganadera y miembro del proyecto Ramats de Foc Marta Carola, el oficio al que ahora se rinde le ha permitido alentar la biodiversidad. Ha protagonizado uno de los momentos más emotivos, al compás del canto con el que llaman a sus vacas de la Albera cuando están pastando. En el caso de Àngels Fisas, 'paradista verde' y payesa en el mercado de la Concepció, estas "ágoras de la compra fresca y de proximidad" son determinantes en el modelo de ciudad que queremos. Nada de mercados "como folclore para el turista", sino con un "papel principal" en la alimentación y como punto de encuentro entre vecinos y tenderos, ha defendido.

Precarización en la cadena

El eslabón más reciente de la cadena, los llamados 'riders', ha estado representado por Felipe Corredor (RidersXDerechos), recordando que con precarización laboral no puede haber sostenibilidad y lamentando el mal uso de la "libertad" al referirse los empresarios a sus horarios.

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Como colofón, la mediática Carme Ruscalleda ha reivindicado la cultura rural en el marco de la emergencia mundial para el fin de la pobreza, el hambre, el despilfarro y los desequilibrios de poder, abogando por alianzas mundiales como única salida. Echando mano a la tradición, ha abogado por "no tirar nada bueno, ni ofrecer nada malo". Sin olvidar como todos y cada uno de esos agentes sobre la escena "inspiran el músculo gastronómico del sector terciario".

El montaje interactivo, con creaciones musicales y sonoras a cargo de CaboSanRoque, conducida por Edi Pou y con participación del público, también ha incluido unas palabras de la alcaldesa Ada Colau, que ve en la capitalidad una oportunidad para comer más sano, pero también para per "reforzar nuestros mercados, restaurantes, payesía, ganadería y pesca".