Derecho a la vivienda

El desahucio (otra vez) parado de Ángel; la resiliencia de L'Hospitalet

Jordi Otix

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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No lleva su característica gorra, sino un sombrero panamá con la palabra Barcelona y una pequeña silueta de la Sagrada Família en la cinta. La escena que Ángel ha protagonizado este jueves frente al que gracias a la presión vecinal sigue siendo su hogar tiene mucho de postal cotidiana de Barcelona. De la otra y la 'gran' Barcelona. Antes de las 11 de la mañana, algunas decenas de personas se concentraban frente al número 11 de la calle de Martorell, en L’Hospitalet, para arropar a este hombre menudo de 65 años y gafas oscuras en su tercer desahucio. El segundo en esta vivienda.

Pese a la llamada la noche anterior de su abogada de oficio confirmándole que el juez había pedido la presencia de policía antidisturbios -el peor de los escenarios posibles-, Ángel quería estar tranquilo. Tenía a muchos compañeros de la PAH a su lado y esta misma mañana había ido a imprimir un documento del BOE que le habían mandado por Telegram. "Es un documento de 17 páginas firmado por Pedro Sánchez en el que dice que no se puede desahuciar a una persona vulnerable hasta el 31 de octubre. Se lo voy a enseñar al de la comitiva cuando venga, a ver quién manda más, ¿el juez o el presidente?", narraba mientras repasaba los papeles que guardaba en una carpeta apoyado en una moto aparcada en la calle, peatonal.

Ángel, con el sombrero panamá, celebra la paralización de su desahucio, este jueves.

/ JORDI OTIX

La pregunta no era baladí. Pese a la existencia de dicho documento (la moratoria de los desahucios en el marco del llamado "escudo social" del gobierno para amortiguar los golpes causados por la pandemia), según los últimos datos del Poder Judicial en el segundo trimestre el año se firmaron en España 11.571 órdenes de desahucios. Aunque la movilización policial hacía augurar lo peor, finalmente los agentes no bajaron de los furgones y, como hace cuatro meses, el desahucio de este pensionista volvió a pararse. Esta vez hasta el 28 de enero, fecha cuya lejanía -aquí se vive al día- se celebró con euforia entre los concentrados; muchos miembros de la PAH, aunque no todos.

Estaba también en la concentración de apoyo la presidenta de la comunidad de vecinos del bloque en el que Ángel vive en un piso okupado propiedad del entramado inmobiliario de un gran banco. "A Ángel le conocemos de toda la vida y es un hombre cumplidor que no da ningún problema, al contrario, siempre ayuda en lo que puede. Si le echan a él el banco dejará el piso vacío y se meterá ves a saber quién", resumía la mujer hace unos meses, cuando redactó una carta, firmada por toda la comunidad de propietarios, para pedir (sin éxito) al juez que suspendiera el desahucio de su vecino.

Entre los solidarios con Ángel, Santi Mas de Xaxàs, uno de los portavoces de la PAH Barcelona. Lucía Delgado, la otra portavoz del colectivo, se encontraba en ese mismo momento en Madrid, en la escalinata del Congreso de los Diputados presentando la propuesta de Ley Vivienda, texto que, de implementarse -algo que ahora mismo no parece estar sobre la mesa, dado que no cuenta con el apoyo del PSOE, principal partido del gobierno- evitaría situaciones como esta. También lo evitaría la ley catalana que tiene que restituir las tumbadas 24/2015 y 17/2019 y que ya ha pasado todos los trámites. Desde la PAH -impulsores también de esta- confían en que pueda aprobarse antes del 31 de octubre, fecha en la que, hoy por hoy, finaliza la moratoria del gobierno que, pese a que no ha parado todos los desahucios, sí ha servido para dar un respiro a miles de familias.

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Un hombre comprometido

"Con la ley catalana el desahucio de Ángel tampoco habría llegado a producirse, ya que obliga a los grandes tenedores, como es su caso, a ofrecer un alquiler social", prosigue Mas de Xaxàs, visiblemente feliz con los cuatro meses de paz ganados por Ángel, hombre muy querido en la PAH por su compromiso. Este vecinos de L'Hospitalet no solo hacía la compra a las vecinas mayores de su finca durante lo más duro del confinamiento, hecho que hizo que todo el bloque se volcara en su defensa; sino que, a sus 65 años y pese a su salud delicada, acude siempre que puede a parar los desahucios de sus compañeros de lucha, quienes este jueves le abrazan cantando "¡yo soy de la PAH, de la PAH, de la PAH...".