MÁS DE 15.000 ACTUACIONES

L'Hospitalet: 35 años luchando contra la violencia de género

  • El Centre d'Atenció i Informació a la Dona fue pionero en abrir un espacio para atender a mujeres víctimas de cualquier abuso

  • El movimiento feminista exigió el centro al ayuntamiento tras la violación de dos jóvenes en marzo de 1983

El Centre d’Atenció i Informació de la Dona (CAID) de L’Hospitalet de Llobregat.

El Centre d’Atenció i Informació de la Dona (CAID) de L’Hospitalet de Llobregat. / Robert Ramos

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

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L’Hospitalet de Llobregat está de celebración. Este domingo se cumplen 35 años de un espacio pionero, el Centre d’Atenció i Informació a la Dona (CAID), el primer servicio en Catalunya en ofrecer atención a las mujeres víctimas de violencia de género. Desde entonces ha orientado y atendido a más de 15.700 mujeres y 700 niños. “En 1986 se inauguró, pero el centro llevaba ya un año y medio trabajando”, puntualiza Dolors Fernández, una de sus promotoras, primero desde el activismo y luego desde la política municipal. 

El porqué de su impulso en L’Hospitalet hay que buscarlo en dos razones. La primera en el feminismo: “Había todo un movimiento de mujeres que surgía desde las vocalías de las asociaciones de vecinos de la ciudad muy preocupadas e interesadas por los temas de discriminación y violencia”, señala Fernández. Y la segunda, en un triste hecho: la violación de dos chicas en edad escolar en marzo de 1983. “Eso desencadenó que pidiéramos, exigiéramos, al ayuntamiento una respuesta a las agresiones contra mujeres”. La respuesta fue la creación de un centro de apoyo para las víctimas. “Siempre hemos tenido a los alcaldes de aliados, y esto es importante”, sostiene Fernández. 

No culpabilizar

Así, nunca se discutió que el centro tuviera un psicólogo para atender a las víctimas, algo que ahora es normal pero entonces no estaba nada claro. “Desde el principio creímos en la necesidad de la atención integral”. Y desde el principio el espacio fue bien recibido por la ciudadanía y eso que en los años 80 a nivel popular se negaba la violencia mucho más que ahora. “Era un tema socialmente duro que no gustaba”, sostiene Fernández. Se instalaron primero en un pequeño espacio de L’Hospitalet histórico, en la calle del Xipreret, y eran cuatro personas a tiempo parcial. Ahora están en lo que fue la masía Can Colom con un equipo más amplio y un edificio blanco y silencioso pensado para acoger y dar seguridad a las mujeres que entran. 

De izquierda a derecha: Laura García, concejala de Igualdad; Isabel Cuadrado, usuaria del centro; Dolors Fernández, impulsora del espacio, y Mariví Mur, directora del CAID.

/ Robert Ramos

Fernández recuerda el nombre de las cien primeras usuarias. La primera, una maltratada por su hijo enfermo mental: “No era violencia de género en el sentido estricto, pero la realidad es que el chico no pegaba al padre”. Y un caso que no olvida es el de una mujer que entró una vigilia de Navidad llena de moretones: “Estaba azul toda ella por los golpes recibidos”. La acompañaron todo el día, hablando, acudiendo al médico y a comisaría… pero luego la mujer desapareció. Diez años después, en la fiesta de aniversario de la primera década, reapareció. Sin cardenales. Explicó que la ayuda de ese día le dio fuerzas para abandonar al marido un año después. 

Los casos de recuperación son una alegría pero cuando las mujeres se quedan estancadas no hay que vivirlo como un fracaso: “ Se les da todo el apoyo y toda la ayuda, pero a nadie se le puede pedir que haga lo que no puede. Todos somos fruto de nuestras capacidades e inseguridades, y del entorno. Y decir que una mujer no sale hacia delante es tanto como culpabilizarla”, defiende Fernández. No es el caso de Isabel Cuadrado, que sí consiguió abandonar a su maltratador psicológico y seguir adelante. Ahora se ha convertido en mentora, ofrece su experiencia a mujeres que están en tránsito de recuperarse, y eso la llena de “orgullo”, afirma satisfecha: “Quiero ayudar a otras mujeres, explicarles el ciclo de la violencia, y abrirles los ojos. Yo al principio pensaba que lo que me hacía mi expareja era amor y que lo hacía porque me quería, y no era eso, era maltrato. También creía que con mi amor lo haría cambiar hasta que me ayudaron a ver que la que tenía que cambiar era yo”. 

Síndrome de Estocolmo

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Cuadrado tiene bien fijado en la memoria cuando entró en el CAID por primera vez: “Era un lunes y no tenía hora concertada pero no me dejaron marchar. Llegué totalmente anulada, pequeñita y con la autoestima por los suelos”. Le ha costado nueve años deshacerse de su maltratador, un trabajo -se presentaba todos los viernes a acosarla- y un gran sufrimiento: “Tuve durante mucho tiempo síndrome de Estocolmo doméstico pero ahora ya no me hace ni frío ni calor”.  Su gratitud hacia el centro es inmensa: “Bendita sea la hora en la que entré”. Dispuesta a ayudar a todo el que lo necesite, quiere alertar a las más jóvenes. 

Pero el CAID ya está en ello, con un programa especialmente dirigido a las jóvenes para que sepan detectar relaciones tóxicas y evitar que normalicen comportamientos abusivos, violentos o discriminatorios: “Igual que la sociedad avanza, el machismo se transforma y se adapta a la sociedad del momento”, sentencia Laura García, concejala de Igualdad. De hecho, casi todos los casos atendidos durante los primeros años tenían a la violencia física como protagonista; ahora se atienden otros tipos de violencia, como la psicológica, la económica y la laboral. “Quizá no son aún muy reconocidas socialmente, pero desde el centro lo tenemos muy claro”, sentencia García.