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¿Tú te pegas de mentira?

  • En una clase aprendes a noquear a mastodontes más rápido que si les enseñaras la factura de la luz. Esto es lucha libre, Pro Wrestling, el Pressing Catch de los 90. En Barcelona hay tres escuelas 

Jeffrey Pac y Anarko Montaña (con máscara), luchador chileno de visita, pelean en el ring de la escuela Lucha libre Barcelona delante de tres alumnos. 

Jeffrey Pac y Anarko Montaña (con máscara), luchador chileno de visita, pelean en el ring de la escuela Lucha libre Barcelona delante de tres alumnos.  / MAITE CRUZ (EPC)

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Ana Sánchez
Ana Sánchez

Periodista

Especialista en Barcelona. Busca historias increíbles y coordina las páginas de ocio de ‘On Barcelona’.

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Aquí tardan menos en ponerte de vuelta y media que en la última sesión del Congreso. Hacen llaves que te dejan ko más rápido que al mirar la factura de la luz. “Todos podemos”, te prometen. Y sí, en la primera clase acabas noqueando a un enmascarado 4x4 aunque tengas el nivel de lucha del “que te pego, leche” de Ruiz Mateos.  

Si tecleas wrestling en Google, aparecen casi tantos millones de entradas como al buscar a Dios. Es lucha libre. Pro Wrestling, lo llaman. “Pero no te entienden”, se encogen de hombros los luchadores millennials. Aún tienen que decir que hacen “Pressing Catch”, como si estuvieran en los 90. 

"Un culebrón deportivo a la altura de 'Dinastía'"

Antes se hablaba de 'catch', a secas. Pero llegó Telecinco y empezó a añadir “pressing” a todos los deportes que emitía. Eran los 90: en la tele privada los mamporros aún se daban en los rings y no en el 'Sálvame'. De hecho, hay quien hoy compara el wrestling con los 'Deluxe': hay guion, buenos y malos, peleas. “Un culebrón deportivo a la altura de 'Dinastía'”.

Uno de los últimos eventos de la escuela Resist Pro Wrestling en la Farigola del Clot.

/ Domènec Sos Vallès

Detrás ya hay un fenómeno global: la WWE (World Wrestling Entertainment). Es la megacompañía de Vince McMahon, la mayor empresa de lucha libre profesional. De aquí salen superestrellas con millones en la cuenta como The Rock ('Fast and furious'). Uno de sus mastodontes veteranos, el Enterrador, protagonizará este octubre un especial interactivo de Netflix: Escapa del Undertaker

Ni con esas: la generación de EGB aún les sigue preguntando por Hulk Hogan, esa torre rubio platino de dos metros con bigote herradura. Ya tiene 68 años. “Tú te pegas de mentira, ¿no?”. Es la primera pregunta que les hacen, lo tienen asumido. “Hay una estigmatización muy fuerte hacia el arte que hacemos –asegura Genís-. Sí, es verdad, no nos pegamos para hacer daño al otro, pero sí nos hacemos daño”. 

"Un arte escénico"

La WWE lo llama “entretenimiento deportivo”. “Deporte en forma de 'performance'”, resume la Wikipedia. “Es un arte escénico –responde Genís-, como el teatro. En lugar de interpretarse en un escenario, nosotros lo hacemos encima del ring. Nosotros contamos historias”. 

Genís Mas, 23 años, estudia un máster en investigación biomédica, menos cuando se sube a un ring, entonces es un villano llamado Gin West. Es uno de los socios de Resist Pro Wrestling (pasaje Vintró, 16). Se unió en 2017. Entonces había 30 alumnos. Ahora serán 50. La mayoría, de entre 20 a 35 años.

Es la escuela de wrestling más veterana de Barcelona. Abrió hace seis años, aunque algunos de sus entrenadores llevan más de una década formando luchadores. El 10 y 11 de octubre vendrá a hacer una 'masterclasses' el campeón americano Jonathan Gresham.  

“Requiere una parte atlética –explica Genís-, pero básicamente esto lo vivimos como un arte”. Son luchas guionizadas entre héroes y villanos. “Face” y “heel”, se llaman. Cada luchador elige un bando, como si vivieran en 'Star wars'. 

"Lo puede hacer todo el mundo"

“Ahora puede ser luchador quien quiera”, te prometen. No hace falta medir dos metros. No hay edad límite. “Hulk Hogan tenía 40 años cuando luchaba en los 90”, te anima Genís. Así que le confiesas tu edad cuarentona por lo bajini. “No pasa nada”, y te indica el camino al ring. “Lo puede hacer todo el mundo”.

Entre las cuerdas te espera Carranza. Mejor no mires sus vídeos antes de entrenar: verás a un villano con maletín -el Capataz- con tendencia a arrojar a la gente por los aires. Sin maletín, te hace sudar más que la profesora de 'Fama'. Lleva 9 años entrenando. “Al principio da miedo todo”, te animará tras verte hacer unas volteretas de primero de guardería. No puedes, le dices. “Es muy psicológico”, sonríe él. Conseguirá que acabes saltando al ring por encima de las cuerdas con más entusiasmo que Rocky. 

“Tiene más técnica de lo que pensaba”, resopla Guillem, uno de los alumnos de hoy. “Lo veo más duro que el boxeo”, añade Miguel, Sweet Flow, exboxeador aparte de dj. “Es más fácil golpear”, resoplan todos. ¿Qué engancha? “El show”.

Combates en La Fontana

“¿Falso?”. Jesús responde la pregunta-mantra enseñando sus manos. “Todo duele”. Y se retuerce un dedo como si fuera un dibujo animado. “Tengo el dedo chueco –dice con deje mexicano-, tengo tornillos en mi rodilla y en mis pies. Todos tenemos lesiones”.   

Se llama Jesús, pero en los rings lo conocen como Ricardo Rodríguez. “4 años y medio en el WWE”, se presenta de carrerilla. “Ya estoy viejito -se ríe-, pero aquí sigo a los 35”. Ahora vive en El Cairo. Lleva un año. “Estoy abriendo allí el mercado de lucha libre”. Esta semana ha venido a Barcelona a participar en un evento en el Espai Jove La Fontana. El sábado se celebrarán 9 combates, adelanta el organizador. “La idea es dar a conocer aquí este deporte”, justifica. Jeffrey Pac –es su nombre de luchador-, 27 años, abrió hace dos Lucha libre Barcelona (Aragó, 441). Son 25, entre alumnos y luchadores. Y aún hay una tercera escuela de 'wrestling' en Barcelona. “Está creciendo –asiente Jeffrey -, pero en Londres tienen 30”.

“En otros países –añade- se respeta muchísimo. EEUU, Japón, México, Reino Unido. Aquí te dicen: ‘Aaaah, eso que es falso’”. “Vale –les suelen responder ellos-, ven y cae al ring”. Y te enseñan a caer en el ring: barbilla para dentro, levanta la cadera, golpea con las palmas. “Duele”, te avisan. Duele, sí. Al día siguiente te despiertas con moratones y más dolorido que un socio del Barça. 

“Ahora mismo la lucha libre tiene muchísimo potencial –asegura Bad Boy- hay muchísimos fans”. Él es uno de los luchadores del club Desperta Ferro (pasaje de Vallseca, 7). Es el último club que ha abierto en Barcelona, hace poco más de un año, en plena pandemia. “Estábamos hartos de que en España nuestra pasión se viera como un deporte de tercera”, justifican. Ellos son 14. Financiaron el ring vía 'crowdfunding'.

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No, aquí no pueden vivir de la lucha libre. “No, es imposible”, resoplan. De hecho, solo hay un español en la WWE: A-Kid. Pero al menos hay moraleja con 'punch': aquí todos ganan, aunque pierdan