Una tradición que cumple 150 años

Barcelona afronta la Mercè sin vacuna contra el botellón

La segunda fiesta mayor pandémica confía su pregón a Custodia Moreno, la primera barraquista universitaria, y el cartel a Malika Favre, una superdotada de la ilustración

Presentación del cartel de las fiestas de la Mercè con su autora, Malika Favre (izquierda), la alcaldesa Ada Colau, y la pregonera, Custodia Moreno (derecha).

Presentación del cartel de las fiestas de la Mercè con su autora, Malika Favre (izquierda), la alcaldesa Ada Colau, y la pregonera, Custodia Moreno (derecha). / Ferran Nadeu (EPC)

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Sin vacuna aún, ni siquiera en fase de ensayo, para prevenir la pandemia de botellón que desde este verano castiga los festejos populares, la Mercè 2021, gigantesca fiesta mayor de Barcelona, se celebrará del 23 al 26 de septiembre con una oportunísima pregonera para la ocasión, Custodia Moreno, inspiradora luchadora vecinal que, ‘se non è vero, è ben trovato’, ostenta el honor de ser la primera barraquista de la ciudad que fue a la universidad. A la luz de las velas, pues en su hogar del Carmel no había ni luz eléctrica, preparaba de noche los exámenes de la Facultad de Enfermería. Vamos, que qué mejor que una enfermera que, como se contará después, contribuyó a levantar Barcelona en uno de sus peores momentos para pregonar una fiesta en paz y con sentido de la responsabilidad en unos tiempos en que hay quien sostiene que dos años de restricciones por culpa del coronavirus lo justifican todo.

La Mercè, celebración que cumple este septiembre 150 años de historia desde que al alcalde Francesc Soler Matas decidió que la segunda patrona de la ciudad se merecía algunos festejos, es tan colosal en sus dimensiones que la profundidad de su programa se presenta a lo largo de varios días. En esta primera sesión, lo más destacado era desvelar el nombre de la pregonera, encantadora en la presentación, y, claro está, dar a conocer el cartel oficial, una obra que este año lleva la firma de una superdotada de la ilustración, Malika Favre, frecuente portadista de ‘The New Yorker’, parisina de nacimiento, durante años londinense profesionalmente, pero desde 2019 barcelonesa de adopción.

4 días, siete distritos

En este primer aperitivo de lo que será la fiesta se ha hecho hincapié, por supuesto, en lo que más preocupa, el miedo a que lo ocurrido en las fiestas mayores de Gràcia y Sants, que de noche mutaban en un pispás de Jekyll a Hyde, se repita multiplicado por siete del 23 al 26 se septiembre. ¿Por qué por siete? Porque la Mercè avanza en su proceso de descentralización y este año habrá música y espectáculos en siete de los 10 distritos de Barcelona. Se suman al programa nuevos espacios, como el parque del turó de la Peira y el campo de fútbol del Vall d’Hebron, decae alguno, como el de las orillas del Besòs (una lástima), pero en todos los casos, como en 2020, será necesario reservar plaza para poder acudir a un espectáculo. Solo dos recintos podrán alcanzar los 3.000 espectadores, el Estadi Lluís Companys y el graciosamente aún llamado zoo marino, junto al Fòrum, porque allí iban a ir parte de las bestias de la Ciutadella en el 2004 hasta que el proyecto se desdeñó. No el nombre de la cosa, por lo que parece.

Durante la presentación, la alcaldesa, Ada Colau, ha querido destacar que el programa de este año será, como siempre, para todos los públicos en el sentido más amplio de la expresión, desde lo infantil hasta lo ‘undreground’, por decirlo de algún modo, pero con un especial acento puesto este 2021 en las fiestas tradicionales, pues a fin de cuentas se nutren de gentes de los barrios. No será posible aún, por la pandemia, recuperar las jornadas de ‘castellers’, los pasacalles de gigantes y el Correfoc en su formato tradicional, pero, como sustitutivo, el Institut de Cultura de Barcelona, la madre que cada año pare la Mercè, ha organizado para el 24 de septiembre una sugerente novedad en el paseo de Gràcia, un desfile de todas las figuras y personajes de la iconografía tradicional de las fiestas.

Ciudad invitada, La Habana

Otro naipe boca arriba, pues hasta dentro de dos semanas no se revelará al completo la programación del BAM y del Festival de les Arts a Carrer, es que este 2021 Barcelona podrá saldar una deuda pendiente desde hace un año, cuando la ciudad invitada, otra tradición, era La Habana, pero su presencia se pospuso por el covid. Este año, y habrá que cruzar los dedos, durante cuatro días Barcelona se cubanizará con 50 artistas residentes en la isla y con otros 50 exiliados por distintas razones. En realidad, desde el punto de vista escénico, Cuba solo hay una. Para ser consciente de ello, siempre merece la pena revisitar esa filigrana musical que bajo el epígrafe ‘Playing for change’ grabó una versión única y conmovedora de un clásico como Guantanamera. Es fácil de encontrar en Youtube y es un perfecto aperitivo para quienes crean que la ciudad invitada este año puede traer grandes alegrías. A modo de pista, el concejal Jordi Martí, que ha copresentado la fiesta con Colau, ha reconocido su debilidad por uno de los grupos que vendrán a Barcelona, Interactivo, una fusión excepcional de son, jazz y funk que reafirma que, a falta de pan, en Cuba los niños nacen con un instrumento bajo el brazo.

La cuestión, sin embargo, es que la Mercè 2021 no será aún la deseada. La prueba más clara es que el piromusical que cierra las fiestas, en número de espectadores, el mayor espectáculo de la celebración, repetirá este año la resultona fórmula de compromiso elegida el año pasado, cuando se lanzaron fuegos artificiales simultáneamente desde los cuatro puntos cardinales de la ciudad para que los barceloneses pudieran gozarlos desde las azoteas, ventanas, balcones y plazas. Menos es nada.

Tanta restricción parecerá una gran molestia, pero para eso está la pregonera, Custodia Moreno, que llegó a Barcelona en 1947 cuando tenía solo cuatro años de edad y, lo que son las cosas, en una ciudad que 2.000 años fue romana, le tocó vivir en un barrio de barracas sin ni siquiera alcantarillado. ¡Ay! si Augusto, fundador de la colonia Barcino, levantara la cabeza. Fueron vecinos como Moreno los que revirtieron aquel sinvivir y, en el caso de la pregonera, fueron incluso más allá, pues ella, ya como enfermera, participó de forma decisiva en el llamado ‘big bang’ de la educación sexual de los 70 en Barcelona. De su mano llegaron a los barrios más desfavorecidos la planificación familiar y los métodos anticonceptivos, que a principio de aquella década entraban de contrabando en España. Que ella sea la pregonera es sin duda un acierto, ni que sea para subrayar, por si no es suficientemente obvio, que levantar un barrio requiere más esfuerzo que levantar una botella de cristal.

Un cartel para examinar con lupa

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Idéntico aplauso merece la elección de la cartelista, de nuevo una mujer, Malika Favre, que para imagen de la fiesta ha optado por una muy ‘pop art’ Mercè que rompe la cuarta pared de la ilustración y mira directamente a los ojos del espectador. Es una obra llena de minúsculos detalles que es un gran placer ir descubriendo uno a uno, como la singularidad de su corona (una sardana cerrada con el broche de una baldosa de la ciudad) y las referencias barcelonesas que se intuyen en el estampado de su ropa.

En cierto modo, el cartel trasmite el enamoramiento que aún experimenta Favre por la ciudad, a la que llegó en 2019, lo cual invita, a modo de cierre, a una breve excursión literaria. Favre es, según se mire, Marco Flamio Rufo, uno de los personajes más fascinantes de los cuentos de Jorge Luis Borges. Es el protagonista de ‘El inmortal’. Es el tribuno de una legión romana de tiempos de Diocleciano que anda en busca de una fuente que brinda la inmortalidad a quien bebe de ella. La descubre, lo cual debe producir una emoción equiparable a la primera vez que se vive en Barcelona, pero con el tiempo termina por descubrir que la eternidad es una condena, como Barcelona. El cartel es un poco la versión tintada de esa alegría inicial que transmite la ciudad. Tal vez es lo que más se necesitaba justo ahora.