Fiesta mayor a medio gas

Colau defiende la desescalada del ocio nocturno para frenar botellones en la Mercè

  • La alcaldesa asegura que tras la experiencia de este agosto se reforzarán los operativos de seguridad, que aún se están diseñando

  • Oposición municipal, vecinos y entidades claman por frenar el incivismo, mientras la oferta legal se reivindica como alternativa al descontrol

Uno de los conciertos de la Mercè de 2020, en el parque Güell.

Uno de los conciertos de la Mercè de 2020, en el parque Güell. / FERRAN SENDRA (Delegaciones)

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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Ni será una Mercè normal, ni el foco estará solo en los escenarios. La alcaldesa Ada Colau sabe que tan complicado como planificar una fiesta mayor en pandemia va a resultar poner coto a los escenarios espontáneos y paralelos a la fiesta oficial. Con la experiencia de Gràcia y Sants, el ayuntamiento es consciente de que tendrá que "reforzar" operativos policiales de Guardia Urbana y Mossos, aunque todavía no tiene claro su alcance, que dependerá de la última hora de la pandemia y el Procicat. El mayor balón de oxígeno sería "ir reabriendo el ocio nocturno escalonadamente antes de la Mercè", ha defendido Colau, con la vista puesta en "evitar el efecto llamada" de una fiesta mayor que "no será de calle".

Partidos de la oposición, entidades y vecinos de algunas zonas calientes ven con escepticismo confiar en que el Govern abra el grifo del ocio nocturno como salida a los problemas de incivismo que ha sufrido Barcelona en agosto. El ocio y la restauración se reivindican como única salida controlada --ganando unas horas de apertura-- frente a las aglomeraciones en la vía pública y los botellones. A tres semanas del inicio de los festejos, en la ciudad hay temor generalizado sobre la 'cara b' de la Mercè, fuera de los espacios acotados, con aforos limitados y previa reserva a los que se limita la celebración oficial este año, en plena recuperación de la quinta ola de covid-19.

La alcaldesa ha insistido en hacer un llamamiento a "la responsabilidad" de la ciudadanía para que "no vaya a los actividades de fiesta (un total de 23) si no tiene reserva". "No son fiestas de calle" -como el año pasado- y no se debe acudir en busca de ambiente. Pero lo previsible es que esto no suceda, sobre todo en el horario nocturno y las actividades musicales. O simplemente que muchos jóvenes tengan hambre de ambiente de celebración. No obstante, a falta de 20 días para el inicio de las actividades, el ayuntamiento es partidario de concretar su operativo de seguridad cuando se aproxime la fecha y según haya evolucionado la epidemia.

Aliviar la presión

Abrir la espita para aliviar esa presión pasaría, como ya reivindicó el teniente de alcalde de Seguridad, Albert Batlle, el pasado lunes, por ampliar un poco la actividad nocturna legal. Puso el ejemplo de las terrazas. Y ahora es Colau quien habla de una desescalada progresiva del ocio acorde a protocolos y garantías de seguridad. "Sería bueno antes de las fiestas", ha insistido, pese a que el Govern ya ha dejado claro esta semana que no está por la labor de hacerlo.

Los sectores afectados recogen el guante: las patronales del ocio se avienen a reabrir paulatinamente, fijando un horario inicial hasta las 3.00 horas, mientras que el Gremi de Restauració de Barcelona alimenta la misma línea, y ve factible esa descompresión de la vía pública manteniendo la restauración (y sus terrazas) hasta la máxima hora que permite su actividad ordinaria, las 2.30 horas entre semana y hasta las 3.00 los fines de semana. De hecho, presentaron la petición al Tribunal Superior de Justícia de Catalunya como medida cautelar el pasado lunes, explica su director, Roger Pallarols.

En los últimos días, tanto JxCat como Esquerra han arremetido contra la gestión municipal del incivismo nocturno en la ciudad, que va más allá del botellón y ha generado ya enfrentamientos con los cuerpos policiales. Como dice el presidente del Gremi de Discoteques de Barcelona i Província, Ramon Mas: "La Mercè va a ser muy muy complicada, porque la gente --cuando se la insta a irse a casa o no beber en la calle-- ya se está rebotando contra la Guardia Urbana y los Mossos". En su opinión, la Generalitat no dará luz verde al ocio y legal y con la oferta vigente muchas zonas estarán atestadas de gente hasta altas horas durante la fiesta mayor.

Puntos calientes

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Ciutat Vella aglutina este año cinco espacios oficiales de fiesta, porque el consistorio lleva años tratando de descentralizarla. Sin embargo, ofrece muchos enclaves propicios y habituales para las concentraciones nocturnas, del Born al Raval. Acaso el más caliente sea el barrio marinero, por el tirón de sus playas. Manel Martínez, presidente de la Associació de Veïns de la Barceloneta, destaca que el escenario fijo de las fiestas ilegales y botellones del verano ha sido la playa de la Barceloneta y en menor medida la del Somorrostro o la plaza del Poeta Boscà. Temen que acababa la programación oficial el ambiente se traslade al litoral. "La ciudad está en decadencia, entre incivismo, inseguridad y suciedad", se queja, urgiendo mejoras.

El comercio más céntrico, aglutinado en la asociación Barcelona Oberta, se suma a las críticas y temores: "Creemos que hay que aplicar las normas de civismo con más contundencia. No solo supone un elemento de perturbación de la actividad comercial sino que perjudica una vez mas a la imagen de la ciudad para atraer visitantes, tan necesarios para el centro de la ciudad", reflexiona su presidente, Gabriel Jené.