La evolución de un eje capital de la ciudad

La Rambla recupera el pulso a costa de volver al modelo hiperturístico

  • Una quinta parte de los negocios siguen cerrados, pero la afluencia de viajeros este verano ha vuelto a reanimar el vial y la Boqueria

  • Vuelven las cervezas y sangrías gigantes para el cliente foráneo, aunque se retomará el gran montaje ciudadano del Tast a la Rambla

Imagen de la Rambla el pasado miércoles.

Imagen de la Rambla el pasado miércoles. / Manu Mitru (EPC)

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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Si existe un termómetro de la afluencia turística de Barcelona es la Rambla. Mientras estuvo desierta, los hoteles e iconos locales andaban en consonancia. Pero en las últimas semanas el trajín de bermudas y chanclas se incrementa a diario, con dos consecuencias bien visibles: la reapertura de no pocos negocios (en torno al 20% siguen cerrados o en traspaso, lo que supone la mitad que a principios de verano) y el regreso acelerado al modelo hiperturístico que tanto se había cuestionado desde la pandemia. La reactivación económica saca del abismo, pues, a muchas empresas y empleados, pero el relevo comercial sigue el patrón de siempre, y las cervezas y sangrías gigantes simbolizan el consumo foráneo en las terrazas, que ahuyentan al barcelonés.

La sensación de progresiva recuperación de viajeros ya era una certeza para los empresarios y paseantes locales del eje, incluso antes de que esta semana trascendieran los datos de ocupación hotelera de la segunda quincena de agosto. El Gremi d'Hotels de Barcelona la situó en el 70%, como informó este diario, pero con apenas la mitad de las camas de la ciudad operativas. Ese regreso, protagonizado por el viajero de proximidad (nacional, francés, italiano, belga...) se exhibe en todo su apogeo en la Rambla --que sigue esperando una reforma mil veces demorada-- como lugar de paso casi obligado para el turismo popular.

Unos turistas toman unas bebidas en una terraza de la Rambla, esta semana.

/ Manu Mitru

Dan fe terrazas llenas a las horas punta, paseantes arriba y abajo, tiendas de suvenires reabiertas y un mar de visitantes de nuevo en el mercado de la Boqueria. Un empresario del eje, que prefiere el anonimato, explica que el volumen de negocio está todavía muy por debajo del de 2019, pero que ha logrado "no perder dinero" tras meses catastróficos. "No es un turismo de gastar mucho, pero tienen ganas de estar en la Rambla", defiende.

Un esfuerzo que se quedó corto

La paradoja del asunto es que durante los meses de vacío y penuria se ha cuestionado una y otra vez el monopolio turístico de la zona, que ha generado una perversa dependencia. Acostumbrado el pujante sector a incluso pasar por encima de la crisis económica que irrumpió en 2008, la pandemia demostró su vulnerabilidad. En el último año se han impulsado campañas para atraer a los barceloneses, promoviendo actos culturales y gastronomía a precios contenidos. Pero la realidad de la demanda se impone y en cuanto ha desembarcado el 'business' sin fronteras, las escenas vuelven a ser las de cualquier agosto antes del coronavirus.

"Hay una inercia de muchos años", argumenta Fermín Villar, presidente de Amics de La Rambla e instigador de buena parte de las actividades que se impulsaron tras el coronavirus para tratar de reconquistar a la población local. La reciente campaña que incitaba a "bajar a la Rambla fue un éxito, pero fueron solo cuatro semanas, y no pueden compensar una trayectoria de 20 años", añade. Tampoco hay manera de controlar la oferta cualitativa que impulsa cada operador. Ni rubor al servir dos vasos de refresco de grifo descomunales y llenos de hielo a dos niños pequeños. como vuelve a verse estos días en no pocos establecimientos. La buena noticia es que si ninguna nueva ola de covid lo impide, el Tast a la Rambla regresará este año a principios de octubre, como gran reclamo gastronómico a nivel de ciudad, anuncia.

Unos visitantes consumen zumos para llevar en la Boqueria.

/ Manu Mitru

Tampoco parece que sea posible filtrar los relevos comerciales en pos de algo de identidad local. El mercado inmobiliario impone su tiranía, lo que se traduce en que los altos alquileres del transitadísimo vial no están al alcance de cualquier producto, ni mucho menos de un emprendedor con ideas. Gerard Marcet, socio fundador de la consultora inmobiliaria Laborde Marcet, explica que el mercado de esa primera línea comercial tocó fondo el primer año de pandemia, con caídas en las nuevas rentas de entre un 40 y 50%, mientras que después los alquileres se firmaron en torno a un 20% por debajo de la prepandemia, y todavía no se han recuperado. El volumen turístico (y de divisas) de 2019 aún tardará.

No obstante, "a medida que se sale de la crisis sanitaria los propietarios son más reacios a bajar precios". De ese modo, el recambio suele dar continuidad a un mismo estilo de comercio, que pueda generar ventas capaces de mantenerlo. El experto asegura que siempre hay operadores dispuestos a aterrizar en ese meollo, y capta el creciente "optimismo" sobre la vuelta a la normalidad.

Cierres y recién llegados

El cierre de una de las tiendas de suvenires de la Rambla ha dado paso a otra casi igual. Solo que esta vez el nuevo titular ya operaba en una calle secundaria y ahora ha visto la oportunidad de ubicarse mejor a un precio más asumible que hace dos años. Se dan fenómenos perversos como al final del eje, donde el distrito de Ciutat Vella puso trabas a nuevas terrazas en un momento en que el aforo en interior era ruinoso. Como consecuencia hubo cierres como el del restaurante Ultramarinos (que había subido el listón de la zona) del Grupo Lombardo. El nuevo inquilino es un pub irlandés de un grupo internacional, que sin duda genera puestos de trabajo, pero añade actividad nocturna y más brindis a un ámbito ya saturado.

Villar corrobora que hay interés por contratar los espacios aún cerrados en la Rambla, tanto para hacer exactamente lo mismo que antes, como para apostar por algo con "más retorno", sobre todo en el apartado de la restauración. Por mucho que se aspire a dignificar la oferta, las marabuntas de visitantes incitan a pensar en fórmulas rápidas y de mucha rotación de clientes. No hay más que ver cómo está estos días la Boqueria, tomada de nuevo --al menos a ratos-- por extranjeros tan ávidos de una foto con su móvil como de devorar in situ fuet en conos de papel, croquetas o vasos de fruta cortada, de nuevo omnipresentes.

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Turistas probando las ostras de la Boqueria esta semana.

/ Manu Mitru

Atrás quedan meses en que los únicos clientes eran barceloneses que se reencontraban con el histórico recinto, haciendo la compra tradicional, y en que muchos bajaron la persiana temporalmente porque apenas facturaban sin restaurantes a los que proveer, o sin viajeros hacia los que habían enfocado su modelo de negocio. Su presidente, Salvador Capdevila, recuerda que en agosto la ciudadanía desaparece y no hay más público que el internacional. Puntualiza que no ha habido traspasos, y que algún operador "se ha reciclado", para enfocarse menos al turista. Con los cotizados bares del mercado llenos de nuevo, el proyecto inminente de renovación de alcantarillado y, por fin, el cambio de suelo previsto para el próximo año, todos se encomiendan a dejar atrás esa etapa que parece ya irreal, pero que debería haber dejado huella.