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Si tuiteas, no conduzcas

El debate sobre el urbanismo táctico retorna esta vez en la minúscula calle de Taxdirt de Barcelona porque si al anticolauismo sobre ruedas no le gustaban los bloques de hormigón, parece que los bancos de madera, tampoco

Dos de los bancos de la calzada de Taxdirt, el nuevo blanco de mofas de la ’Asociación Nacional del Coche’ y sus Charlton Heston.

Dos de los bancos de la calzada de Taxdirt, el nuevo blanco de mofas de la ’Asociación Nacional del Coche’ y sus Charlton Heston. / Simone Boccaccio (Simone Boccaccio)

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Agárrense que vienen curvas. Literalmente. El escenario es Taxdirt, una minúscula calle del Baix Guinardó que rinde homenaje a la supuesta última heroicidad de la caballería española hace 112 años en el norte de África. Aquel episodio bélico merecerá luego una breve mirada. La batalla ahora es otra. Incluso la munición empleada es distinta, Twitter y esa pólvora que algunos llaman cuñadismo. “Slalom de bancos en Barcelona. Cuando crees que los has visto todo, el equipo de Ada Colau sigue innovando”. Era el texto que acompañaba un vídeo grabado desde el interior de un coche. Los bloques de hormigón que hasta hace bien poco había en una parte de la calzada para proteger la puerta de acceso a la Escola de les Aigües han sido sustituidos por bancos para sentarse. No gustaba el hormigón, tampoco los bancos de madera. La causa, parece, es que, para que los coches respeten la limitación de 10 kilómetros por hora, son obligados a realizar una suavísima ‘chicane’ antes de desembocar en la calle de Sardenya. Los bancos, que primero están a la izquierda, pasan a estar a la derecha después. Ni aun así nadie respeta ese límite de velocidad, ni siquiera quien grabó el vídeo.

Las respuestas al tuit no fueran todas de aplauso. Como en toda batalla, hay dos o más bandos. Las más lacerantes fueron las que subrayaron algo que el autor de la denuncia decidió callar. Ese tramo de calle es desde hace un año de uso exclusivamente vecinal. Como mínimo tres señales de tráfico así lo indican. Nadie las respeta. De hecho, tampoco el aspecto actual de la calle es el definitivo. Falta colocar jardineras, subrayar con tipografía más grande los 10 km/h y, lo que seguro que catalizará de nuevo al anticolauismo sobre ruedas, un cojín berlinés en mitad de la calle, es decir, una de esas elevaciones artificiales de la calzada que obligan a tocar el freno a favor del peatón. Todo debería estar a punto antes del inicio del curso escolar, el 13 de septiembre, explica la concejala Rosa Alarcón.

No todo, no obstante, han sido críticas. El vídeo ha recibido como mínimo un aplauso significativo. “De chapuza en chapuza, el urbanismo táctico mal entendido y mal aplicado nos está dejando una ciudad más fea e insegura”. Lo ha dicho Jordi Coronas, concejal de Esquerra en el Ayuntamiento de Barcelona. Quién se lo iba a decir a Taxdirt, una calle que no conocen la mitad de los taxistas y de repente convertida en epítome del gran debate sobre la movilidad y el llamado urbanismo táctico. Eso merece un repaso a los antecedentes.

Cuando dio comienzo el primer desconfinamiento del covid, la calle, como muchas otras de la ciudad, se cerró al tráfico de coches porque las aceras son realmente muy estrechas. A la hora de verdad, muchas mañanas ocurría la misma escena. Algún conductor paraba, retiraba la valla y dejaba la calle abierta el resto del día.

La calle de Taxdirt, en su tramo actualmente de uso exclusivamente residencial.

Cuando en septiembre llegó el retorno escolar, en otro antecedente que merece ser subrayado, la calle ya estaba abierta al tráfico, solo vecinal, pero las familias de la escuela, hartas del paso de vehículos y obligadas si no a apelotonarse en la acera, se organizaron para cada mañana y cada tarde, durante la entrada y la salida de los alumnos, cerrar la calle, esta vez sí, con un vigilante que evitara la pillería de que se retirara la valla.

Tercer y último antecedente. Visto lo visto, el Ayuntamiento de Barcelona acordó con los vecinos, con los padres de la escuela y con los comerciantes de la calle la solución que actualmente está en fase de ejecución, ‘chicane’ incluida. Para los comerciantes, por ejemplo, se ha señalizado al inicio de la calle un tramo reservado para la carga y descarga de mercancías, hecho que no evita de momento, todo hay que decirlo, que habitualmente haya entre los bancos y sobre la pintura táctica alguna furgoneta estacionada. A eso, por cierto, en algunos barrios le llaman, no sin bastante humor, el ‘carril Amazon’.

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Un deportista ocupa, con derecho, la calzada central de Taxdirt, aún en periodo de obras.

/ Simone Boccaccio

El 13 de septiembre, lo dicho, todo estará a punto y, por cierto, con una significativa novedad: la calle ya no será exclusiva para residentes, sino abierta a todos los vehículos, siempre y cuando respeten el límite de velocidad. Habrá que estar pendiente de nuevo a las opiniones en Twitter, una circunstancia que invita a, como había quedado prometido, repescar la verdadera Batalla de Taxdirt, la de 1909. Aquella fue una contienda que periódicamente gustan de recordar los foros militares y la prensa más patria, pues fue, eso dicen, el anverso luminoso de derrotas como la del Barranco del Lobo o, sobre todo, la debacle de Annual, de la que acaba de conmemorarse el primer centenario. Al frente de aquella carga de caballería que terminó con la vida de unos 1.500 rifeños estuvo el teniente coronel José Cavalcanti, del que no interesan aquí y ahora sus hazañas bélicas sino lo que años más tarde, en plena guerra civil, un día le dijo su suegra, Emilia Pardo Bazán, antes de que como un tuitero cualquiera se metiera en camisa de once varas: “Tú, Pepe, calla, porque eres un héroe y los héroes no tienen necesidad de discutir”. Es un gran consejo.