Medida simbólica del ayuntamiento por la afluencia de bañistas

Cierre fantasma de las playas de la Barceloneta

  • La limitación de acceso por la pandemia se convierte en una medida simbólica que no impide la entrada de bañistas

  • El dispositivo, escaso, dura menos de una hora y trata de esponjar la afluencia de bañistas hacia otros tramos del litoral

Ambiente en la playa de la Barceloneta

Ambiente en la playa de la Barceloneta / JORDI OTIX (EPC)

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Fidel Masreal
Fidel Masreal

Periodista

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Son la cinco menos cuarto de la tarde de un sábado de agosto. Treinta y tres grados. La playa a la que desembocan la mayoría de turistas desde el centro de Barcelona, la Barceloneta (Sant Sebastià, Sant Miquel) está llena de bañistas. A penas hay tres metros de distancia entre un grupo y otro, en especial en el acceso junto al paseo Joan de Borbó. Un grupo de cuatro jóvenes, preguntados sobre la medida de cerrar las playas, responden positivamente ("Está bien, por el covid, como en el control de las discotecas") pero enseguida pronostican: "la gente entrará igual, es muy difícil controlarlo".

El redactor pregunta a una pareja de la Guardia Urbana sobre el dispositivo. Estos se limitan a indicar a dos jóvenes en un vehículo de playas del Ayuntamiento. Uno de ellos se remite al otro y este otro -de cuyo nombre no quiero acordarme- alega que tiene mucho trabajo y recomienda al redactor llamar al 010 para informarse.

Una pareja de París dice no sentir un exceso de afluencia pero ve bien la medida y asumirían ir a otra playa si se le impidiera el acceso. Un joven de L'Hospitalet lo ve mal porque "la economía no está para ir más lejos, porque para moverse habría que gastar un ticket de metro o bus". Los jóvenes del servicio de socorrismo no opinan igual. Su trabajo se multiplica ante tanta gente.

Para los barceloneses, esta playa no es una opción prioritaria, afirma una vecina de la Barceloneta que acostumbra a pisar la playa solo a primera hora de la mañana pero que hoy está acompañada de una pareja de amigos.

El 'cierre' se hace efectivo cuando ya son las seis de la tarde y consiste en lo siguiente: un tenderete verde en el acceso 6, con un cartel en catalán indicando el cierre por motivos Covid. En ese tenderete un joven indica a los bañistas que tienen dos opciones: el acceso a la parte de la playa cercana al hotel Vela, a 3 minutos andando, o la playa del Somorrostro, mucho más lejana. Al lado de este joven, una pareja de la policía portuaria hace tareas de control.

Puertas al campo

La realidad es que la mayoría de los bañistas sigue entrando en la playa: a 50 metros del control hay otro cartel en catalán de "acceso cerrado", pero nadie lo controla. Así ocurre con los accesos 4 y 5 de la playa de Sant Sebastià. Los turistas, la mayoría extranjeros, entran. En otro acceso de la playa Sant Miquel hay un tenderete verde del ayuntamiento tumbado por la brisa, el cartel de "acceso cerrado", y bañistas entrando y saliendo. Sin más. Lo hacen por allí, o pasando por debajo de las cuerdas que recorren la playa entre poste y poste. Cada 15 minutos la megafonía insisten en la medida del cierre, en catalán y castellano. No en inglés ni en ninguna otra lengua extranjera.

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Las personas que topan con el aviso del personal municipal se lo toman con calma. "Me parece bien, es que si no no acabaremos nunca con la pandemia, es un sinvivir, y si no puedo ir a la playa, me tomaré una cervecita", comenta un hombre concienciado.

55 minutos después, el 'cierre' finaliza. La policía portuaria asume que todo es más bien simbólico. Los agentes del ayuntamiento dicen que son los que son y que no pueden prohibir el paso. Y que no pueden hablar con periodistas.