Tendencia urbana

Los clubs sociales privados ganan terreno en Barcelona

  • El formato que aglutina a miembros para relaciones sociales, de negocios, culturales y lúdicas crece incluso en pandemia, adaptado a las restricciones, y avivado por propuestas como la del Hotel Sir Victor

Espacio social de The Sircle Club, en el Hotel Sir Victor, en el Eixample.

Espacio social de The Sircle Club, en el Hotel Sir Victor, en el Eixample.

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

Escribe desde Barcelona

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El recogimiento individual que impuso la pandemia ha apagado buena parte de la vida social barcelonesa, pero curiosamente ha alentado la creación de nuevos clubes privados --en mayor o menor medida al estilo inglés de círculo de relaciones-- donde los socios interactúan con fines diversos, que van de los negocios a los intereses culturales, deportivos o lúdicos. En un momento en que solo los más jóvenes exhiben su hambre de socialización masiva, estos formatos cerrados a sus miembros cuajan incluso como burbujas de interacción más seguras y restringidas, con propósitos también estratégicos. El último gran fichaje para la ciudad es The Sircle, en el Hotel Sir Victor.

Hace tres años este diario daba cuenta del emergente fenómeno local, surgido en 2016 con la creación del club del Hotel Soho House, reforzado luego con la irrupción de The Wild Bunch y The Hedges Club. Eran opciones que daban un giro al modelo más exclusivo y formal que brinda, por ejemplo, el Círculo Ecuestre (1856) donde sus socios establecen relaciones empresariales de alto nivel, aliando negocio y ocio, entre otras facetas. Esos nuevos despegues alentaban una tendencia que el coronavirus no ha roto.

Solo Hedges cerró por cuestiones de gestión, pero el resto siguen activos y en auge, mientras se suman iniciativas con distintas motivaciones. De hecho, en pleno confinamiento se creo un potente grupo de whatsApp integrado por empresarios y directivos afectados de pleno por la crisis y que intercambiaban opiniones y apoyo mutuo, administrado por Xavier Borràs (AFL Group). El encuentro virtual cuajó hasta el punto de que el verano pasado se afianzó como club Of Course, más volcado en el 'networking' nacional e internacional y donde ámbitos como el turismo, el comercio, la hostelería o el lujo están ampliamente representados y articulados por ramas. El nombre no engaña, no están para consolarse de los efectos colaterales de la crisis sanitaria, sino para lanza un mensaje de "positivismo", fomentando la capacidad de reinvención de muchas empresas y la importancia de establecer redes de contactos.

En este caso, los más de 200 integrantes de partida con el nexo común de los intereses del sector turístico son en la actualidad ya 500 --sin coste económico-- e interactúan en encuentros esporádicos, aunque se relacionen a distancia con fines estratégicos o de consultoría, relatan fuentes de la organización. Además de Barcelona, se han desplegado con sedes en diversas ciudades españolas y por el mundo, aunque los encuentros se suelen producir en hoteles o restaurantes. Cada participante convierte su espacio en potencial sede donde beneficiarse de ventajas, como en el caso de los hoteles.


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The Wild Bunch, con local propio al más puro estilo 'british' en la calle de Espinoi, su fundador, Uri Bueno, mantiene actualmente la agenda muy viva pero adaptada a los tiempos de coronavirus. Con más actividades fuera de ese espacio, donde se restringe aforo ahora para reuniones de trabajo, partidas de dominó, catas, música o ver el fútbol en selecta compañía. "Hemos eliminado de momento grandes eventos o nocturnos", explica. Su centenar de socios pueden utilizar sus espacios de trabajo con seguridad. "Es un modelo que funciona porque la gente necesita un espacio físico para humanizarse y relacionarse", valora. Su éxito ha derivado en al menos otras tres propuestas de similar formato, con local propio, en la capital catalana. Y en un nuevo club muy ambicioso en plena fase de creación en la Dreta del Eixample, que debutará en los próximos meses aunque sus promotores piden mantener el proyecto aún en secreto.

Punto de encuentro

En cambio, la estela del club de Soho House, nacido para aglutinar a residentes en Barcelona vinculados a la industria creativa (artistas, diseñadores, periodistas, escritores y muchos más), con una cuota anua, disfrute de áreas de sus instalaciones y muchas ventajas para sus socios (más de 50 actividades mensuales antes de la pandemia) constató la versatilidad de los hoteles para convertir sus espacios comunes en puntos de encuentro y relación. El director de socios y comunicación, Andrés Aznar, explica que durante el último año han mantenido una potente agenda de eventos pero en versiones de aforo reducido y distancias de seguridad. Su cotizado club tiene más de un año de lista de espera para nuevos miembros, aunque de momento han cerrado el cupo hasta que la situación se normalice.

En un nivel menos restrictivo, han extendido esa idea de fidelización al nuevo concepto de Soho Friends, dirigido a perfiles creativos, con una cuota anual más reducida y acceso a un nuevo espacio de creación, Port Vell Studio, en la misma plaza del Duque de Medinacelli. Ofrecen tarifas especiales en el alojamiento, descuentos en su gastronomía en determinados días y horarios, y otras ventajas en actividades que se celebran en variados espacios la ciudad.

Espacio plural y

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La eficaz fórmula de convertir un establecimiento hotelero en epicentro de la actividad es la que ahora ha desplegado el hotel de cinco estrellas Sir Victor (antes Omm) al crear el club The Sircle, tomando el nombre del grupo hotelero Sircle Collection, con sede en Amsterdam. El de Barcelona es su primer club local y buque insignia, al que seguirán otros, relata Margo Ford, directora de socios de esta red que comenzó a tejerse en junio. El proyecto se focaliza en emprendedores, innovadores y curiosos por la cultura, indican. En resumen, una concentración de talento local y de residentes foráneos instalados en Barcelona. "Es un espacio para intercambiar, compartir ideas, aspiraciones y proyectos", relata. Algo que puede darse en una sala de reuniones con una charla temática específica impartida acaso por uno de los miembros, como en una sesión de danza o yoga, o bien en la zona de club social en la planta sexta del hotel o en un encuentro en su panorámica terraza, The Rooftop, muy animada todas las noches.

Ford detalla que se estructura a partir de un comité fundador de unas 25 personas (la mayoría son autóctonos pero una tercera parte, extranjeros residentes en la ciudad) que revisa el proceso de ingreso y aceptación de los nuevos socios, que pagan una matrícula y una cuota mensual. Cada uno de ellos puede llevar algún invitado a sus encuentros, que se suelen estructurar en los ámbitos de generar comunidad, negocios o bienestar. Tampoco faltan cenas organizadas para entablar contactos personales entre los miembros, que abarcan campos profesionales muy diversos (diseño, tecnología, derecho, medicina, inmobiliaria...) e incluso cuentan con 10 habitaciones que se han habilitado como espacios de trabajo, para reuniones privadas y con tarifas especiales, por horas, días o periodos largos, además de una zona común habilitada para trabajar con todas las comodidades. Y cómo no, con las instalaciones de su spa para desconectar de una jornada estresante, como si fueran huéspedes de lujo.

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