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El hombre que susurraba a las motos

Kim Renom ha visto crecer a las motocicletas en Barcelona y antes eran "más una pasión que un medio de transporte". El mecánico más veterano de Sarrià se jubila tras 40 años de servicio

Kim Renom, rodeado de sus abalorios para arreglar motos, en su último día en el taller Moto Sarrià

Kim Renom, rodeado de sus abalorios para arreglar motos, en su último día en el taller Moto Sarrià / Simone Boccaccio

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

Escribe desde Barcelona

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Era un pieza. Tan solo comparte algunos retales de su adolescencia, pero bastan para certificar que era un gamberro de mucho cuidado. A su padre no le gustaba que fuera tan tremendo, y quizás por eso, cuando Kim Renom abrió su propio taller de motos, le dijo que no iba a durar demasiado. Acaba de jubilarse tras 40 años al frente de Moto Sarrià, un negocio de esos que hacen barrio y en el que ha atendido a tres generaciones de motoristas urbanos. También Eli, su mujer, empieza una nueva etapa. Era la persona que recibía en la puerta, la que se encargaba de todo lo que no exigiera ensuciarse las manos. Un tándem milagroso, porque él es un enamorado de las dos ruedas y a ella no le gustan. Y si no la ven en las fotos, que sería lo justo, es porque no es amante de los focos.

Kim, con el modelo de Scoopy que lo cambió todo a mediados de los 80, frente a su taller, el pasado jueves

/ Carlos Márquez Daniel

Kim nació en 1953 en el piso de sus padres de la calle de Muntaner, a la altura de la plaza de Adrià. En casa eran 12 hermanos (lo han adivinado, fervor religioso) y él era "el jueves de la familia". O sea, el del medio. Seis chicas y seis chicos, con una madre entregada a ellos y un padre, Ignasi Renom, ingeniero al frente de la fábrica de motores Hispano Villiers, fundada en 1951 y situada en el paseo de Valldaura. "Un día, con 12 años, se me estropeó el despertador y entré en el taller que mi padre tenía en casa para repararlo. Lo arreglé". Un par de años después, las motos entraron en su vida. La de su primo, que era de montaña, o la de algún amigo con suerte que tenía una Bultaco Lobito.

Cuadrigas con motor

Hacían de todo con aquellas máquinas, pero él tuvo que esperar hasta los 17 para tener la suya, que compró trabajando como repartidor en un súper. Era una Vespa 160. Un recuerdo de aquellos tiempos como ejemplo de cómo han cambiado las cosas: "Con unos palos construimos una estructura en forma de Y y la atamos con una cuerda a la moto de mi primo. La convertimos en una cuadriga y fuimos a la carretera de las Aigües a dar vueltas". Ben-Hur en Collserola.

Kim Renom, trajinando una de las últimas motos ajenas que pasarán por sus manos, este viernes

/ Simone Boccaccio

Se puso a trabajar, porque los estudios no eran lo suyo, y pasó por distintas faenas vinculadas a las motos. Estuvo en el equipo de competición de Ángel Nieto un par o tres de años. En más de una ocasión, para probar la máquina, habían ido a alguna carretera perdida por La Conreria, sin matrícula ni nada, con el piloto zamorano "a toda leche". Locuras de otros tiempos.

"A muchos les digo que ojalá se caigan pronto. Porque aún irán despacio y será un accidente leve, pero si tardan mucho y cogen confianza, mala cosa"

A los 21 años cambió todo porque Eli se quedó embarazada de Emma. Luego vendrían Miriam y Alba. "Tuve que modificar mis planes", dice, con una media sonrisa y eligiendo muy bien el infinitivo. Porque seguramente no solo se habría dedicado a la mecánica, también habría corrido en motos, la espinita, admite, que no ha podido sacarse. Fueron años de buscarse la vida donde fuera, con ciclos de hasta tres empleos a la vez. Como llevar hamburguesas por la noche a los hoteles de la Costa Brava y volver a Barcelona de madrugada para levantarse a las seis para ir a un taller.

Vespa y algunas Sanglas

A mediados de los 70 vinieron a vivir a Duquessa d'Orleans, una calle del viejo Sarrià, en un piso que era de su abuelo. Kim trabajaba en Condiesel, una empresa que fabricaba motores de gasoil. Debajo de casa había un taller de discos de freno al que solía bajar para echar una mano. Hasta que cerró y vio la oportunidad de empezar de cero. Entonces todo eran Vespa, Vespino, alguna Sanglas. "Los clientes que entonces iban en moto eran capaces de cambiar una bugía, de hacerse cosas en la moto. Solo venían por problemas gordos. Eso ya no pasa, la gente ya no sabe ni hinchar las ruedas. No es que ahora no les gusten como antes, pero sí había más pasión, más implicación, y ahora es un medio de transporte".

Kim, junto a la moto que compró aprovechando que la matrícula casi coincide con su nombre, en el taller

/ Simone Boccaccio

En 1984 todo empieza a cambiar a gran velocidad con la aparición de la Honda Scoopy 80. Si ahora Barcelona es la ciudad con más Brompton, en aquella década la capital catalana se convirtió en la urbe con más modelos de esta menuda 'scooter' de rueda grande que se comió a la Vespa, de rueda pequeña y frenos reguleros. Aquello coincidió, además, con la primera victoria en un GP de motociclismo de Sito Pons, conseguida en el circuito del Jarama. Pero antes de aquella fiebre por los modelos que venían de Japón, la clientela le pedía que les trucara la moto, que la Vespa o la Impala 75 la subiera a 125 cambiando el cilindro para poder llevarlas a los 16 y no tener que esperar a los 18. Otra de esas cosas ahora impensables. Lo que no ha variado es el trato quirúrgico de los 'pacientes'; tener como última opción -y además la más cara- el cambio de la pieza, "porque casi todo tiene una explicación y puede arreglarse".

Caída acelerante

Al compartirle la frase que solía repetir un responsable de la Guardia Urbana ("hay dos tipos de motoristas, los que se han caído y los que se van a caer"), Kim asiente con la cabeza. No solo porque ni se acuerda de la cantidad de veces que ha rodado por los suelos, sino porque es un comentario que a menudo les hace a los más impulsivos. "Les digo que ojalá se caigan pronto. Porque todavía irán despacio y será un accidente leve, pero si tardan mucho habrán cogido confianza y puede ser mucho peor". Precisamente una caída, el pasado marzo, fue el acelerante de la decisión de jubilarse. Quedó tocado, más moral que físicamente. "Creo que tuve claro que era el momento de dejarlo, de pasar a hacer otras cosas, como esquiar entre semana o disfrutar de mis cinco nietos".

"Mi padre no daba un duro por el taller el día que lo abrí. Ahora que lo dejo creo que estaría orgulloso"

Se marcha en un momento de tránsito. El teletrabajo y la fiebre por las bicis eléctricas se han notado en el negocio, pero más le duele, sostiene, que el ayuntamiento "se esté cargando la moto en Barcelona mientras otras ciudades la están potenciando". "Es cierto que a la gente le falta mucho civismo, sobre todo cuando se trata de aparcar bien las motos en las aceras, pero es un aliada de la movilidad, no un enemigo como piensa la alcaldesa".

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En propiedad se queda con una sola moto. La compró por la matrícula, cuyas letras son 'KYM', casi su nombre. Estuvo muy atento, porque si se pasaba de un día, perdía la oportunidad. Este viernes ha bajado la persiana por última vez. Les costará pasar por delante y no entrar a recibir clientes, apretar tuercas, recomendar modelos nuevos. Lo han traspasado, y ahí quedan 40 años de historia de la mecánica en Barcelona. "Creo que mi padre ahora sí estaría orgulloso".

* Fe de errores

2/08/2021 - En una versión anterior de este artículo se hacía referencia al modelo Montesa Lobito, cuando este apelativo corresponde a un modelo de otra marca, la Bultaco Lobito