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Pau Gonzàlez: “El Eixample debe dejar de ser un espacio de paso para ser un espacio de vida”

  • El que será concejal del distrito y de Educación en septiembre aborda los retos de su nuevo cargo y repasa su trayectoria desde su activismo vecinal

Pau González, frente al mercado de Sant Antoni, en la zona de la supermanzana, este viernes.

Pau González, frente al mercado de Sant Antoni, en la zona de la supermanzana, este viernes. / Simone Boccaccio

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Toni Sust
Toni Sust

Periodista

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Pau Gonzàlez se convertirá en septiembre en concejal del Eixample y de Educación del Ayuntamiento de Barcelona. De 2015 a 2019, fue consejero técnico de Horta-Guinardó, y en el segundo mandato de Ada Colau ha sido, y es todavía, asesor del concejal de Derechos de la Ciudadanía y Participación, Marc Serra. Estudió Ciencias Políticas en la UPF y de 2010 a 2015 condujo metros en TMB como agente de atención al cliente, puesto del que está en excedencia y que, dice, un día retomará.

¿Cómo entró en política? Primero hice política desde la parte asociativa, estaba implicado en la asociación de vecinos de Font d’en Fargues.

¿Vivía allí? No vivía pero hacía vida allí, porque allí iba al colegio. Mi entrada en el interés colectivo fue el Esplai Picabufa.

¿Y dónde vivía? En La Salut, en Gràcia. Mis padres me llevaron al colegio a Font d’en Fargues y me impliqué en ese entorno.

O sea que era de la asociación de vecinos sin ser vecino. Correcto. Sigo siendo socio, sin vivir allí.

¿Dónde vive? En el Carmel. En septiembre bajaré a Horta.

¿Qué aprendió del activismo vecinal? Una de las primeras cosas en las que participé fue la reivindicación del casal de la Font d’en Fargues, que era parroquial y que los vecinos querían recuperar para el uso popular. Queríamos que el ayuntamiento lo arreglara.

Y vio que el mundo de la política le interesaba. Fue natural. Cuando acabé de niño del 'esplai' empecé de monitor. Los 'esplais' y los 'caus' suelen ser una cantera asociativa.

¿Y todo eso le llevó a estudiar Ciencias Políticas? No. Hice más política en el 'esplai' cada fin de semana que estudiando Ciencias Políticas.

"Hice más política en el esplai cada fin de semana que estudiando Ciencias Políticas"

¿Qué tal como carrera? Para el Trivial, bien.

¿Pero para ser político no hay que estudiar ciencias políticas? No.

¿En la lucha asociativa, vecinal, se aprende rápido a asumir derrotas, a convivir con la realidad? La política más local es más intensa: tanto las alegrías como cuando chocas contra la pared. Para lograr el casal estuvimos 10 años luchando.

"La política más local es más intensa: tanto las alegrías como cuando chocas contra la pared"

Y un día pasó de ser activista a estar con los que mandan. En 2014, aparece una cosa nueva que es Barcelona en Comú, Guanyem Barcelona hasta que nos quitaron el nombre, en la que se agrupa mucha gente de diferentes tradiciones y eso me interesó.

Usted estaba en Iniciativa. Sí, venía de Iniciativa. Se vio que se tenía que dar el paso, dejar el socio minoritario del gobierno de la ciudad. Fui de los primeros 100 o 200 firmantes, estaba en Esplais Catalans y en el Moviment Laic i Progressista, haciendo trabajo de base en el movimiento asociativo. Y también estaba trabajando: mi trabajo es el de conductor de metro, ahora en excedencia. Lo hice de 2010 a 2015, lo hacía en verano, cubría vacaciones. Entré un día en la web de TMB a ver cómo se iba de un lugar a otro y vi un anuncio que decía: ¿quiere trabajar con nosotros? Y pensé: pues sí.

¿Qué tal conducir el metro? Me gusta mucho. No es exactamente hacer de conductor, soy agente de atención al cliente; haces de conductor y de jefe de estación, vas cambiando. Siempre he estado en la línea verde.

"Soy agente de atención al cliente; haces de conductor y de jefe de estación, vas cambiando. Siempre he estado en la línea verde"

Y un día volverá a conducir metros. Y tanto, segurísimo.

¿Se ha puesto un límite temporal? No es necesario, mi código ético dice que la limitación es de dos mandatos; un tercero si la organización lo considera necesario.

Su inicio profesional en la política, detállelo. Del 2015 a 2019 fui consejero técnico de Horta-Guinardó. Uno de los años con las funciones de la concejala delegadas, porque Mercedes Vidal estaba primero de baja y luego de permiso de maternidad.

¿Pasó a ser el malo en alguna película vecinal? Seguro. En algunas cosas, sí. Hay un caso concreto. Estuve en el Consell de Joventut de Horta, que está en un bloque de la plaza de Eivissa. Hicimos que el ayuntamiento y la Caixa Catalunya, que era la propietaria, hiciesen un convenio para ceder la sede al consell. Y después, ya desde el otro lado, llegamos a la situación de que el convenio estaba caducado, el edificio hecho polvo, la Caixa Catalunya ni está ni se la espera. El barrio reivindicó que el ayuntamiento comprara el bloque. Era la versión 2.0 de la lucha de años antes. Acabó bien pero costó mucho. Fue duro porque yo estaba de acuerdo pero de entrada no era posible comprar.

En este mandato cambió de destino y asesora al concejal Marc Serra. A los que acusan a Colau de propiciar una participación escasamente efectiva, más simbólica que real, ¿qué les dice? Dos palabras: presupuestos participativos. Acabamos e hacer un proceso en el que miles de vecinos han hecho propuestas para destinar 30 millones de euros sin interacción política, más allá de los filtros técnicos. Barcelona tiene casi la misma participación que Nueva York, con cinco veces menos población.

Usted será concejal del Eixample en septiembre. No ha vivido allí. No he vivido allí, no. Pero es imposible vivir en Barcelona sin vivir el Eixample. El Eixample es la argamasa que hace que Barcelona exista, que agrupa a otras zonas. Este mandato es muy interesante por la transformación que se ha iniciado.

Ha elegido la supermanzana para la foto. En este distrito están previstos 12 ejes verdes que transformarán el Eixample. ¿Cómo ve el debate sobre el coche privado? ¿Ve un Eixample con coches eléctricos? Si cambio un coche antiguo por un coche eléctrico, lo enchufo y la electricidad es producida de manera sucia pero lejos, me quedo tranquilo pero lo que hago es mover la contaminación. Y las partículas pequeñas, que generan los frenos, los neumáticos, seguirán por mucho que electrifiquemos. No se trata de decir fuera todos los coches, sino de reducir sus usos a los necesarios. Hay que trasladar mercancías, pero no tiene sentido que cada tarde venga una furgoneta a traerme una cosita que quiero. El tema es cómo hacemos más habitable el Eixample: se demuestra que en las escuelas los más pequeños tienen problemas de desarrollo cognitivo por contaminación. El tema es que el Eixample deje de ser un espacio de paso, de gente cruzándolo, para ser más un espacio de vida.

"Si cambio un coche antiguo por un coche eléctrico, lo enchufo y la electricidad es producida de manera sucia pero lejos, me quedo tranquilo pero lo que hago es mover la contaminación"

Hay quien dice que concentrar el modelo de las supermanzanas en una zona entraña el riesgo de convertirla en un espacio elitista al que solo tengan acceso los más ricos. El ayuntamiento está desarrollando las armas que tiene para intentar evitarlo. Por ejemplo, la suspensión de licencias previa, para evitar que se acumulen réplicas de la misma tienda. Y tenemos como reto frenar la posible gentrificación que puede afectar a los inquilinos, el eslabón más débil, y aquí sigue siendo necesaria un regulación intensa de los alquileres.

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Pero con el Gobierno central más propicio a eso no parece que sea posible. Tenemos que hacerlo posible. Cosas que parecían imposibles y perdidas, como la ley trans, acaban llegando.

Además de concejal del Eixample lo será de Educación. ¿Cómo lo combinará? La educación es uno de los retos del Eixample: en Catalunya, siete de cada 10 alumnos van a la pública, en Barcelona menos de la mitad. Tenemos el reto de subsanar esa desigualdad. Sobre todo en el Eixample tenemos que ganar plazas públicas para toda esta gente que pide plazas. En seis años se han ganado muchas, construyendo, comprando colegios, pasando algunos de concertada a pública.