Fenómeno global

El 'boom' del disc golf llega a Catalunya

Aquí puedes encontrar frisbees tan variopintos como el currículum de Toni Cantó. En este deporte híbrido se juega al golf con discos voladores. Ya hay dos clubs en el Vallès. El campeón de España vive en Barcelona

Merlin Sales-Tomas tira un frisbee a canasta junto a otros dos discgolfistas del club Flying Squirrels en el único campo oficial de Catalunya, en Palau-solità i Plegamans.

Merlin Sales-Tomas tira un frisbee a canasta junto a otros dos discgolfistas del club Flying Squirrels en el único campo oficial de Catalunya, en Palau-solità i Plegamans. / ANNA MAS TALENS (EPC)

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Ana Sánchez
Ana Sánchez

Periodista

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Aquí hablan de “hacer hoyos” con más entusiasmo que Pedro Sánchez de un chuletón al punto. Pero nadie juega al golf. Es el parque de l’Hostal del Fum, en Palau-solità i Plegamans. Ni rastro de palos ni bolas siseantes. Aquí te dan un frisbee y señalan a lo lejos una especie de canasta metálica. Hay 18 repartidas estratégicamente entre los árboles. Sí, uno se siente más desubicado que Miguel Bosé en un centro de vacunación. Es el primer campo de disc golf de Catalunya. Será una de las sedes de la Copa de España. 

Son las nuevas palabras que aprender con zapatillas: disc golf. Si las tecleas en Google, aparecerán casi tantas entradas como 'memes' de Julio Iglesias. Hay quien lo llama “golf low cost”. En vez de con palos y bolas, se juega con discos voladores. No es la forma más insólita de hacer un hoyo en Catalunya. Existe un campo de fútbol golf en el Maresme.

Puede que suene a chino, pero es americano. Nada nuevo. Se empezó a jugar en los años 70. Hay federación, asociación profesional, campeonatos mundiales. Puedes encontrar vídeos virales, fichajes de 10 millones de dólares, frisbees tan variopintos como el currículum de Toni Cantó. Hasta carritos para llevar los discos. El año pasado se movieron 4 millones solo en premios. Incluso Lidl ha sacado un mini set con canasta portátil y 4 discos.  

 Habrá unos 71.000 jugadores federados en más de 40 países. Más de 9.300 campos por el mundo. “Se calcula que lo practican millones de personas”, detalla Carlos Río. Es el presidente de la Asociación Española de Disc Golf. Un gurú del frisbee: ha sido hasta campeón del mundo de discathon (circuito con discos voladores en formato carrera). Fue quien diseñó hace 9 años el primer campo de España en Oviedo, la cuna española del disc golf. Ya lleva 11 (dos en construcción) de los 15 que hay por el país. En España es un deporte que empieza a hacer 'boom'. Unos 150 jugadores compiten oficialmente. Hay 8 clubs. Dos están en el Vallès. El actual campeón de España vive en Barcelona. 

“Cuando empiezas, cuesta”, te anima Merlin. Estás a apenas 4 metros de una de las canastas de L’Hostal del Fum. Te dan un disco “putter”. Para “patear” a canasta, así se dice cuando estás a menos de 10 metros. Hay frisbees diferentes dependiendo de la distancia, a lo palo de golf. También gana aquí quien completa el recorrido con menos tiros.  

“Pon el dedo índice en el borde del disco”, te muestra Merlin. “Cógelo fuerte”. Así que tú lo agarras como si fuera tu última copa sin toque de queda. “Es más importante el golpe de muñeca que la fuerza”. Un golpe de muñeca novata y mandas el primer disco a Cuenca. Tras el segundo tiro ya dices “uuuuuyyyy”. El tercero roza la canasta. “Es prueba-error más que otra cosa”, te animan. “Lo más importante –apunta Merlin a lo coach- es creérselo”. Y sí, encestas el cuarto. “Es muy psicológico esto”, asiente Joan. “Es técnica y cabeza sobre todo”, añade Pau.

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Flying Squirrels, se lee en sus camisetas. Así se llama el club de disc golf de Palau-solità i Plegamans. Pau Segalés -18 años, estudia Ingeniería- quedó el año pasado subcampeón de España sub-18. Merlin Sales-Tomas -28 años, se nota que es profesor- ganó la primera liga del Vallès. “Yo soy su amigo”. Joan Manyà –también 28, también profesor- se ríe cuando le toca tirar de currículum. “Es la gracia que tiene este deporte –se justifica-. No tienes que tener un muy buen nivel para jugar con gente muy buena”. Los tres empezaron a jugar hace 4 años. Vienen del Ultimate, como la mayoría de discgolfistas: una especie de fútbol americano con discos voladores.

No lo parece, pero se hace más ejercicio que Rajoy andando deprisa. “Es muy cansado –resopla Joan-. Puedes tardar dos horas en hacer un campo entero”. “O tres”, dice Merlin. “Y aquí no hay excusa”, menea la cabeza Merlin. No puedes echarle la culpa ni siquiera al árbitro. Es autoarbitrado.

Mochila de disc golf. 

/ ANNA MAS TALENS

Este es un deporte que no entiende de edad, te dirá el actual campeón de España. “Es naturaleza y familia”. A Marc López, 33 años, se le suele ver tirando discos a una canasta portátil en algún parque de Nou Barris. Es del club Esperit de Sabadell, pero vive en Barcelona. Se está recuperando de una lesión de rodilla, pero sigue hablando del disc golf de carrerilla. Fue quien empezó a practicarlo en Catalunya. Pregúntale lo que sea.  

Lo descubrió por internet. “El material no lo tenía –recuerda-, pero sí árboles, farolas, cubos de basura”. Se lo comentó a otro yonqui de los frisbees de su club y se fueron a jugar al parque de Palau. Y se encontraron a los de Flying Squirrels practicando puntería también con árboles. “Nosotros tiramos por tirar”, les dijeron. “Pues no tiréis por tirar –les dijo Marc-, que hay un deporte detrás”. Y montaron el primer circuito con una canasta portátil.     

El parque de l’Hostal del Fum se convirtió en marzo oficialmente en el primer campo de disc golf de Catalunya. Aparecieron de golpe flechas en los árboles y 18 canastas metálicas. Es decir, que los domingueros reinventaron mil usos alternativos. “Al principio la gente usaba las canastas de basura o para guardar sus cosas mientras hacían el pícnic”, se ríe Merlin. Ahora cada canasta lleva QR informativo: “Què és això?”. Redirige al Instagram de los Flying Squirrels. El curso que viene, prevén crear “una unidad didáctica sobre disc golf para llevarla a las escuelas”. De momento, facilitan discos a todo el que se los pida por Instagram. La mayoría –aseguran- acaba comprándolos tras probar.

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/ ANNA MAS TALENS

 ¿Qué engancha? “Tiene una evolución muy rápida”, responde Marina. Ella ha venido a jugar hoy con un grupo del Esperit. “Yo fui dos veces a sacarles fotos y me acabaron enredando”, se ríe al lado Carla. “A mí lo que más me engancha –dice Xavi, el que empezó a tirar discos con Marc- es el sonido de la cadena cuando impacta el disco”. ¿Cuándo hará aquí 'boom'? “Hemos empezado más tarde –se encoge de hombros Merlin-. Yo creo que lo único que falta es tiempo”.