La piedra de Sísifo metropolitana

Un duelo de incivismos marchita la Nueva Mina

Las fiestas en la calle y, sobre todo, la incorregible dejadez del lobi inmobiliario desatan las quejas de los vecinos que, en un acto de fe, fueron a vivir a la zona

Un solar de titularidad privada, 5.000 metros de techo edificable en venta, convertido en un hogar de ratas, en mitad de la Nueva Mina.

Un solar de titularidad privada, 5.000 metros de techo edificable en venta, convertido en un hogar de ratas, en mitad de la Nueva Mina. / JOAN CORTADELLAS (Joan Cortadellas)

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Alrededor del año 2008 sucedió lo impensable. Varias decenas de familias decidieron ir a vivir a los pisos de nueva construcción que acababan de ser construidos entre el viejo y en ocasiones problemático barrio de la Mina y la ronda Litoral, un conjunto residencial con algunos atractivos, como la entonces anunciada presencia en el futuro del Campus Diagonal de la Universitat Politécnica de Catalunya (UPC), la cercanía del puerto deportivo de Sant Adrià del Besòs, a solo dos pasos, y una buena red de trasporte público, además de acceso rápido y fácil a la Ronda Litoral. Era una arriesgada apuesta, sobre todo si se tiene en cuenta que por algunos de los pisos, de notable calidad y con piscina comunitaria, se llegaron a pagar más de 400.000 euros en algunos casos. Si entonces, en aquella arriesgada jugada apostaron impar, rojo y falta, este 2021 la bola ha caído en par, negro y pasa.

Dos son los principales problemas que sufren los vecinos. Los lectores, como si esto fuera una aventura de elige tu propia historia, pueden elegir cuál les parece más grave. Antes de exponer las dos opciones, una aclaración. El problema no lo es solo de los residentes en ese barrio, la Nueva Mina, aunque esa no sea su nombre oficial, sino, en realidad, de toda el área metropolitana, porque aquella zona es desde hace más de medio siglo la piedra de Sísifo de las administraciones públicas. Cuando en 1993 se comenzaron a entregar las llaves de los pisos de la Vila Olímpica, a más de uno de los nuevos residentes de ese barrio de Barcelona le dijeron los amigos que si estaba loco, que eso estaba al lado de la Mina. Era un disparate geográfico, peso se dijo en más de una ocasión. Los vecinos de la nueva Mina realmente lo hicieron. Se fueron a vivir justo al lado de un lugar estigmatizado. Solo una calle, la de Manuel Fernández Márquez, les separa de la vieja Mina. Es una de las fronteras sociales, de apenas 20 metros de distancia, más sorprendentes de Catalunya.

Vecinos de la Nueva Mina toman el sol y se bañan con el 'skyline' de la vieja Mina a una calle de distancia.

/ RICARD CUGAT

El primer conflicto, que ha llevado a los vecinos a mantener ya dos reuniones con el Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs, se inició con el último desconfinamiento. Comenzaron las fiestas en la calle, de aniversario, de pedida de mano o simplemente de reencuentro con los amigos con música con altavoces y bebida. A menudo, según la versión de los que no podían dormir de noche a causa del ruido, los fiesteros venían del otro lado de la calle de Manuel Fernández Márquez. Al salir el sol, en el parque o la acera los restos de la juerga eran aún bien visibles.

“Las patrullas de la policía municipal no siempre vienen cuando se les pide ayuda y, cuando lo hacen, tampoco ponen fin a la fiesta”. Es la queja de Pere, uno de los representantes vecinales, que lamenta además la escasa o nula solución obtenida en las dos reuniones llevadas a cabo con los responsables municipales.

Hace menos de medio año, por poner la guinda a esos episodios de incivismo, se inauguró un parque infantil entre la avenida de Eduard Maristany y la ronda del Litoral. Las vistas, sobre el paso incesante de coches y camiones por la ronda, ponen de entrada en duda si esa era la mejor ubicación para un parque infantil. Pero hecha esa consideración, lo que denuncian los vecinos en cuán poco ha sobrevivido intacto el parque tras su estreno. Han sido desatornilladas ya varias sillas de colores que le daban alegría al espacio y los tiestos gigantes en los que está plantada la vegetación son utilizados como papeleras. La imagen es lamentable.

El incivismo podría ser el único de los males, pero, lo prometido antes, los lectores tienen la opción de elegir otra alternativa.

La Nueva Mina arrancó en su día inmobiliariamente con mucha fuerza, incluso a pesar del estallido de la crisis inmobiliaria del 2008. La calidad de las fincas era toda una declaración de intenciones. Incluso se podría decir que hasta los nombres de las calles invitaban a residir ahí. ¿Dónde vives? En la esquina de Mercè Rodoreda con Neus Català, a dos calles de Anne Frank. Un milhojas de problemas, sin embargo, terminó por truncar la curva ascendente. En la Nueva Mina hay hoy media docena de solares vacíos, mal vallados, mal cuidados y, cómo no, habitados por ratas. Menos uno que es de propiedad municipal (lo cual enoja sobremanera a los vecinos), el resto son de titularidad privada. Los servicios de limpieza no pueden entrar sin más y actuar. Cabe siempre la opción de buscar al dueño y multarle la dejadez, pero, tal y como explica la alcaldesa de Sant Adrià de Besòs, Filo Cañete, el sector del tocho ha sido estos últimos años una gincana de compras y ventas de activos que ha terminado por ocultar la pista de quién tiene qué. Uno de los solares en cuestión hasta tiene un gran cartel de venta. Parece un ofertón. Hay que contactar con las señoras Eva o Montserrat para conocer las condiciones de esos 5.000 metros cuadrados de techo edificables. Los teléfonos de contacto, qué lástima, están tachados con pintura.

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Entre las fiestas, los solares y, de forma sobrevenida ahora, el hecho de que la playa más cercana, la del Litoral, esté contaminada con metales pesados y su reapertura no sea factible hasta como mínimo la primavera del 2022, la zona pasa sin duda un mal momento. Ni siquiera la presencia del campus universitario ha logrado la deseada apertura de tiendas en los bajos comerciales. Varios de los vecinos iniciales han terminado por alquilar el piso y probar suerte en otra parte. En el horizonte, física y metafóricamente, se levanta la figura del edificio Venus de la vieja Mina. El ayuntamiento confía en que, esta vez sí, el proceso de reforma de ese colosal error de la época del desarrollismo permita revertir la situación. Dentro de tres años se podrían cosechar resultados. Mucho tiempo.