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Las fiestas de Bar-Fets-Ona

  • La semana del Mobile deja el regusto del confeti en algunas fiestas, la empatía por John Hoffman, y el atrevimiento de algunos periodistas que aún se atreven a escribir libros

Las fiestas de Bar-Fets-Ona
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Joan Vehils
Joan Vehils

Periodista

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En la semana del Mobile han vuelto algunas fiestas a Barcelona. La mayoría han sido celebraciones, recepciones o cenas al aire libre. Todas controladas y sin molestar al vecindario. Sin embargo, hay otras, las que en mayor parte se celebran en el Eixample izquierdo y que el periodista, Toni Clapés, ha bautizado con el nombre de BAR-FEST-ONA, que campan a su libre albedrío. O sea, sin control, sin horario y con covid. Con mucho covid.

Una de las más sonadas, con más glamur, y que pertenece al grupo de las legales es la que se ha celebrado en casa del arquitecto, Óscar Tusquets, con motivo de sus 80 años. Y como a Tusquets le gusta divertirse, congregó a un grupo de amigos, la mayoría, más o mucho más jóvenes que él, y todos dispuestos a pasarlo bien. Desde la actriz, Yolanda Font, la escritora Milena Tusquets, el ilustrador Jordi Labanda, los fotógrafos Poldo Pomés y Rafa Vargas, los periodistas Isabel Cordero o Joaquín Luna, el arquitecto Juli Capella o los hijos de Tusquets, Luca y Valeria. Pues eso, que bajo el leitmotiv de una noche de cabaret se lo pasaron en grande. Tanto, que algunos acabaron en la piscina... Por cierto, Tusquets, haciendo uso de ese humor negro que le caracteriza, tras el pastel de aniversario y en tiempo de discursos, pidió que se repitiera una fiesta igual o mejor el día después de su fallecimiento. En fin, Tusquets quiso, por una noche, desmentir el titular de su último libro. ‘Vivir no es tan divertido, y envejecer, un coñazo’.


/ El Periódico

El amor de Hoffman

El domingo pasado, la terminal de llegadas del aeropuerto de Barcelona parecía otra. Hacía tiempo que no llegaban tantos extranjeros. Especialmente norteamericanos y chinos. A todo eso, en el puerto de la ciudad, el chef Nandu Jubany cocinaba uno de sus excelentes ‘brunch’ en un barco que una de las principales empresas participantes en el Mobile alquiló una semana por el módico precio de 800.000 euros. Mientras, la ministra Nadia Calviño ofrecía una recepción en el Museo Nacional. En fin, que Barcelona siempre debería estar agradecida a la apuesta personal que el CEO de la GSMA, John Hoffman, ha hecho por nuestra ciudad. Es cierto que no nos podemos engañar y esta edición ha sido limitada. Y es que en apenas 30 minutos uno podía recorrer todo el espacio destinado al Mobile y únicamente el estand de Huawei nos recordaba a la última edición. Solo la zona de las 'startups' olía a 'business'.

Poca moqueta, estands pequeños pero muchas ganas de emprender. Otra diferencia respecto a anteriores ediciones es la falta de políticos y vips paseando para poder explicar en Instagram que se han interesado por el mundo digital. A excepción de la jornada inaugural donde no faltó nadie y vimos sonreír al Rey a Sánchez y a Aragonès, el resto de días poco o muy poco. Una excepción fue el 'conseller' de Interior, Joan Ignasi Elena, con el que me crucé el martes y que parece encantado con su nuevo cargo de jefe de los Mossos. En fin, esperemos que se mantenga esa historia de amor entre Hofmann y Barcelona. Quizá, a Hofmann, no estaría mal llevarlo a la próxima reunión de la ‘Taula de negociació’…

Dos libros, dos periodistas

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Para acabar, dos libros que estos días han caído en mis manos. El primero, ‘Un altra Barcelona’, se publicó durante el confinamiento y pasó algo inadvertido cuando es una joya. La periodista de BTV Eva Alderius retrata en primera persona la ciudad más comprometida y a la vez más combativa. Diez historias reales de la Barcelona más desconocida donde nos muestra la cara B de la ciudad. Esa que existe, que necesita ayuda pero que muchos prefieren ignorar.

El segundo es de nuestro colega Pau Arenós. El tipo que sabe más de gastronomía de este país ha escrito ‘San Elvis ruega por nosotros'. Un homenaje a esa profesión de periodista que lleva muchos años en decadencia. Le pregunto a Pau porque deberíamos leerlo y me convence de inmediato: ‘Se trata de crónicas y reportajes de un tiempo en que Santiago Segura te invitaba a entrar en su casa, podías viajar con Serrat de gira y Barceló te recibía en su estudio de París. Un periodismo desacomplejado, divertido y, tal vez, extinguido’. Pues sí, Pau, aquello sí era periodismo…