zoología geriátrica

Liberad a la elefanta Susi, ¿pero de quién?

Las tres elefantas del Zoo de Barcelona, juntas, algo inimaginable cuando Bully se incorporó al grupo. durante el almuerzo.

Las tres elefantas del Zoo de Barcelona, juntas, algo inimaginable cuando Bully se incorporó al grupo. durante el almuerzo. / A. PÀMIES (A. Pàmies)

  • La emisión de un documental reactiva una campaña en favor de buscar un santuario para las tres elefantas del Zoo de Barcelona

  • La medida, según los informes científicos contrarios a ella, podría ser perjudicial para tres ejemplares de tan avanzada edad y con su mochila vital

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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La emisión el pasado martes de ‘Susi, una elefanta en la habitación’, un documental del programa Sense Ficció de TV-3, ha tenido dos inmediatas consecuencias, una muy previsible, la organización de una recogida de firmas para que este animal del Zoo de Barcelona y sus dos compañeras, Yoyo y Bully, sean llevadas a un santuario, y otra, también imaginable, un clásico zipizape tuitero que, por lo que cuenta el tam tam de la selva política, ha levantado ampollas puertas adentro del ayuntamiento. Sin más dilaciones…, ¿hay que liberar a Susi?, y, si la respuesta es sí, ¿de quién?

El rifirrafe político, por despejar la más fácil de las incógnitas, se resuelve muy rápido. Todo comenzó a raíz de una opinión que vertió en Twitter (ese lugar que tan sabiamente retrató Umberto Eco) una actriz, telespectadora esa noche del documental. “Muy triste que ningún representante del Ayuntamiento de Barcelona no haya querido hablar en el documental sobre las elefantas del Zoo”, a las que definía, en una apostilla muy llamativa, como “ciudadanas forzadas de Barcelona”.

Lo que levantó ampollas no fue eso. Lo que hirió fue que el mismo tuit añadía cuatro nombres de quienes, en su opinión la autora, deberían haber dado la cara en el documental: Ada Colau, Janet Sanz, Jaume Collboni y Laia Bonet. Que la redes sociales las llamen precisamente redes tiene su gracia visto cuán a menudo los políticos se dejan atrapar por ellas. Con sensibilidades distintas sobre el tema, pues el gobierno municipal es una coalición, hubo reproches cruzados por la ausencia de políticos en el documental.

Una petición ponderada

En paralelo, la recogida de firmas iba a avanzando. En el momento de escribir estas líneas eran ya 4.910 (y la cifra seguía subiendo) las personas que habían apoyado que un equipo de expertos independientes evalúe el estado de las tres elefantas y, siempre que sea posible, se organice su traslado a un santuario o reserva animal. Es, todo hay que decirlo, un texto muy ponderado, lejos del llamado ‘peluchismo’ con el que en ocasiones se abordan este tipo de cuestiones animales. En el fondo, se limita a reclamar que un grupo de expertos cualificados e independientes tomen una decisión, algo que, por cierto, no son ni Colau, ni Sanz, ni Collboni ni Bonet.

No está de más subrayar, com precedente de qué ocurre cuando las decisiones científicas se toman en los despachos políticos, qué sucedió con los delfines del Zoo de Barcelona, una incómoda herencia del pasado de la que la ciudad quería desprenderse. Lo hizo finalmente. Barcelona es hoy, efectivamente, una ciudad libre de cetáceos, cierto, pero lo es a costa de que los últimos ejemplares fueron a parar a otros zoológicos. La técnica del avestruz.

Como muy bien subraya la campaña de change.org, son las propias ordenanzas municipales las que obligan a buscar el mejor acomodo posible a los animales del zoo en “santuarios, refugios o similares siempre que se cumplan algunas condiciones. ¿Se incumple la ordenanza en los casos de las tres elefantas? En función de los informes científicos, todos elaborados por encargo del propio zoo, y a falta de que otros digan lo contrario, no.

Una de las elefantas, en el Zoo de Barcelona.

/ A. PÀMIES

Lo que sostienen quienes conocen el día a día de Susi, Bully y Yoyo es que no puede ignorarse el pasado traumático de estas tres elefantas y su estado actual. Fueron en su día animales de circo. El Zoo de Barcelona, en cierto modo, ha sido, en este sentido, su destino accidental. Son elefantas ya entradas en años. Susi y Yoyo son cincuentonas. No se sabe la fecha de su nacimiento. Bully ronda los 40 años. No forman parte, pues, del centenar de elefantes que viven en distintos recintos de Europa con propósitos reproductivos y de conservación de la especie. Para ellas, Barcelona no es simplemente un lugar mejor que un circo, es, algo que a veces se subraya poco, un hogar geriátrico. No es broma.

Residencia geriátrica

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Ninguna de las tres elefantas llegó en buen estado al zoo, Yoyo, por ejemplo, pasó años encadenada y fue laborioso sanar todas sus heridas, físicas y psíquicas, pero especialmente representativo es el caso de Bully. Por fortuna para ella, abandonó la disciplina del Circo Mundial. El problema es que en el primer hogar en el que fue acogida, un parque de Valencia, el resto de las hembras rechazaron su presencia. Recaló después en Barcelona. Las esperanzas de que llegaran a socializar con Susi y Yoyo eran remotas. Sin embargo, el empeño estuvo ahí, hasta el punto no solo de que se consiguió, sino que uno de los manuales de referencia del mundo científico sobre el manejo geriátrico de elefantes y jirafas traumatizados está redactado a partir, sobre todo, de la experiencia de Barcelona. Es más, la pandemia lo impidió y se pospuso para mejor ocasión, pero en 2019 estaba previsto que se celebrara en Barcelona un taller internacional sobre los cuidados que requieren este tipo de mamíferos en circunstancias similares.

Todo eso, no obstante, no responde a la pregunta inicial. ¿Es posible su traslado a un, como se suele decir, santuario? En opinión de quienes a diario cuidan de Susi, Yoyo y Bully, el traslado, a sus edades, podría ser causa de una gran perturbación y una merma de su bienestar. Una de las propuestas que supuestamente están sobre la mesa es enviarlas a un recinto de Limoges en el que actualmente no hay ningún elefante. ¿Tendrían más espacio?, sí. ¿Llegarían en buen estado y recibirían los cuidados a los que están acostumbradas? Esas son dos preguntas aún sin una clara respuesta. Solo en twitter, ese bar.