PROYECTO DE REFERENCIA EN EL RAVAL

Colau se alía con Roures para desencallar la compra del gimnasio Sant Pau

  • Tras meses de negociaciones sin éxito, el productor adquirió el edificio y lo vendió a su vez al ayuntamiento por ocho millones, cifra muy inferior a la que pedía el anterior propietario

  • El acuerdo final prevé que la empresa MediaUrban levante 36 pisos de alquiler social sobre el icónico equipamiento, de cuya gestión se hará cargo la Fundació Hàbitat3

Un usuario del gimnasio social Sant Pau, del Raval, este miércoles.

Un usuario del gimnasio social Sant Pau, del Raval, este miércoles. / ALVARO MONGE

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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La negociación llevaba meses encallada. La familia propietaria del icónico gimnasio social Sant Pau, en el Raval, pedía 14 millones por el solar y el ayuntamiento insistía en que no podía pagar más de 9,5. La operación parecía estar en punto muerto ya que las posiciones se antojaban inamovibles dos meses después de que la jueza parara el 29 de abril la última orden de desahucio sobre el equipamiento para darles margen a un acuerdo. Pero, cuando este parecía inimaginable, el ayuntamiento ha anunciado a media tarde de este jueves que había llegado a un pacto con “la propiedad” para salvar el gimnasio, adquiriéndolo por 8 millones de euros. ¿Ocho? ¿Pero si ofrecían 9,5 y la propiedad no lo aceptaba de ninguna de las maneras? 

¿La pieza –una de ellas- que falta en esta historia? El propietario al que el consistorio pagará esos ocho millones no es el que no quería bajar de 14 millones, sino un nuevo inversor, quien a su vez se lo vende por ocho a condición de que los 36 pisos sociales que se levanten sobre el gimnasio los construya y explote durante 55 años la empresa MediaUrban, propiedad de Jaume Roures, el filántropo cuya identidad no fue revelada frente a los micros durante la rueda de prensa, aunque era un secreto a voces, confirmado tras ellos.

Una de las cosas que más llamó la atención de la rueda de prensa, celebrada en una pequeña terraza de la casa fábrica, es que se habló mucho de la operación inmobiliaria y muy poco del gimnasio, de los trabajadores que llevan años batallando y de sus usuarios que llevan el mismo tiempo dándole vida y, por qué no, dándole el valor que tiene. Pero 36 pisos sociales en un solar en el que había previstos el mismo número de pisos de lujo es una noticia a celebrar, por supuesto, sobre todo dada la necesidad de la ciudad de ampliar su pírrico parque público. 

Las viviendas las gestionará la fundación Hàbitat 3 –cuestión que también quedó atada en el acuerdo- y que se alquilarán a precios sociales –pisos de unos 60 metros a unos 400 euros- a entidades de la Taula del Tercer Sector. Alquileres que durante 55 años, el tiempo que durará la cesión del suelo del ayuntamiento –el nuevo propietario cuando se ejecute la operación- a MediaUrban, servirán para pagar la obra y recuperar, en principio, la diferencia de precio entre lo pagado por Roures por el solar y el precio por el que lo ha vendido. 

Parque público

Tras esos 55 años, los pisos pasarán a formar parte del parque público del ayuntamiento, algo que han aplaudido y subrayado los concejales Laura Pérez y Jordi Rabassa, quien ha recordado que en el Raval hay entre seis y 10 desahucios cada semana. “Se trata de una operación no especulativa bastante inédita. Ojalá hubiera más inversores que apostaran por este tipo de proyectos”, ha apuntado el edil de Ciutat Vella. Carme Trilla, presidenta de Hàbitat3, ha insistido también en lo ejemplar de la operación: “un privado que no solo acepta el 30% de vivienda social sino que sube al 100%”.

En cuanto al gimnasio, al fin y al cabo el objeto a salvar, tendrá que desplazar su actividad mientras duren las obras –calculan que un par de años- a algún espacio del barrio aún por determinar. 

Un equipamiento con historia

Las escaleras de su piscina se bajaron por primera vez en 1940, cuando se inauguraron los primeros baños públicos del Raval, un lugar en el que poderse duchar por peseta y media en un momento en el que contar con una bañera en casa era un privilegio al alcance pocos. Casi un siglo después, el gimnasio en el 46 de la Ronda de Sant Pau se volvió a convertir en un lugar en el que asearse. La pandemia hizo que el equipamiento, hasta el momento un gimnasio más o menos al uso -más menos que más, que ya su proyecto social lo convertía en un espacio único, se convirtiera en un lugar en el que las personas sin techo encontraran las puertas abiertas en un momento en el que cerró absolutamente todo.

Un hombre entra en las duchas comunitarias del Sant Pau en abril de este año.

/ Ferran Nadeu

El gimnasio pasó de un día para el otro de ofrecer clases de 'aquagym' a ancianas del Raval y de boxeo a jóvenes migrantes no acompañados que hacían vida en la plaza, a ser el lugar de referencia para el aseo de las personas sin hogar, por el que en estos meses han pasado un millón de personas. Personas como Kaourou o Kamal, retratadas por la fotógrafa Laura Abad Torrent, vecina del barrio y autora del proyecto '30 dies, 30 històries', en el que durante todo el mes de abril de este año retrato a un usuario del espacio cada día y explicó su historia.

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El mes elegido para el proyecto no era casual. El 30 de abril era la fecha de la última orden de desahucio contra el gimnasio, pendiente de una compra municipal desde mayo del 2018, momento en el que el pleno de la ciudad aprobó hacerlo con los votos a favor de todos los grupos menos el PSC y el PP, que se abstuvieron.

Batalla política

Hasta llegar al inesperado anuncio de hoy, el espacio ha sido un campo de batalla político -prácticamente todos los partidos pasaron a fotografiarse en el gimnasio durante la última campaña de las municipales- y social. El barrio lleva años en movilización permanente para conservar un equipamiento que tiene mucho de símbolo. Esta movilización ha pasado por muchos momentos y cobrado muchas formas: desde una cadena humana hasta el ayuntamiento hasta una jornada de clases deportivas en la plaza de Sant Jaume o un concierto de Mishima en el terrado, sobre el que ahora se construirán 36 viviendas de alquiler social.