Referente desaparecido

La piqueta derriba el bar Universal certificando la extinción del célebre eje de ocio de Barcelona

  • El centenario edificio de la calle de Marià Cubí no estaba catalogado y será relevado por una sede corporativa

  • Marcó la diversión de miles de noctámbulos durante varios lustros, antes de que el ayuntamiento endureciese la actividad

Demolición del bar Universal, este martes.

Demolición del bar Universal, este martes. / RICARD CUGAT (EPC)

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

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La puerta más inexpugnable de la Barcelona moderna de los años 80 y 90 ha sido derribada por las piquetas, enterrando por siempre jamás una de las zonas de ocio nocturno más vibrantes que ha tenido la ciudad. Con la demolición del célebre bar y discoteca Universal desaparece el rastro físico de una ruta de copeteo, baile, ligue, tertulia, risas y postureo donde todos querían estar. Pero se evapora también un edificio histórico, por antigüedad centenaria y porque antaño acogió en el barrio de Sant Gervasi-Galvany la última sede que abrió la cooperativa Flor de Maig.

Algunos vecinos lloran este adiós, porque era uno de los pocos símbolos con memoria en la zona, aunque muchos solo conocieran su historial más reciente y a la luz de la luna. El inmueble había acogido también en la segunda mitad del siglo XX un taller de herrero, hasta que un emprendedor grupo con indudable olfato empresarial entre los que figuraban como socios el diseñador Claret Serrahima (autor del logo), junto con Francesc Montseny, Toni Riera y Salvador Molins lo descubrieron en agosto de 1984 y lo imaginaron como el local nocturno que planeaban. Se inauguraría en enero del 85 sin que nadie imaginase el éxito, rememora el coimpulsor y fotógrafo Toni Riera.

Una imagen de la puerta del Universal, en marzo de 1990.

/ Guillermo Moliner

Su buena estrella quiso que un acto con el poeta JV Foix pusiera a la sala en boca de la prensa y de todos. En apenas un mes se hizo el milagro de las colas, agrega. "Pudimos pagar a todos los acreedores y luego siempre funcionó muy bien". Ese siempre clave duraría hasta 1995, un periodo no muy largo pero durante el cual desfilaron de fiesta, concierto o acto cultural innumerables deportistas, escritores, políticos (hasta el 'president' Tarradellas), diseñadores, actores, modernos y mentes inquietas en busca de noches tan breves como intensas. Porque aunque tuvieron la puntería de lograr licencias como bar, discoteca, sala de conciertos y más, mantiene, casi siempre optaron por el horario de bar. "La gente se gastaba el dinero allí y luego seguía de fiesta", relata. "Y si nos apetecía alargábamos hasta tarde". Muchos cogían carrerilla para dirigirse a Otto Zutz, que aún cumple años.

Demasiado éxito

Tan impensable fue el éxito, que Toni diseñó a toda prisa la barra redonda de la planta superior, que se sumaría a la oferta más animada de la planta baja incluso antes de tener equipo de sonido. Fue una época creativa y loca, en la que en colaboración con Pronovias hasta forraron de tela blanca el edificio. Cada socio tenía su misión, pero como siempre se alcanzó el riesgo de muerte por éxito. Resumiendo mucho, al calor de Universal surgieron hasta una treintena de locales que acabaron con la paciencia vecinal, que no de los usuarios. El ayuntamiento socialista inició una ofensiva en la zona, propiciando en cambio el ocio nocturno en la zona litoral (Moll de la Fusta, Maremagnum, Port Olímpic...) que curiosamente también fueron liquidando con los años.

"Bailar parece que sea pecado", sentencia Joan Mas, que poco después del local de Marià Cubí abrió Mas y Mas. Echando la vista atrás, recuerda a su hermana Anna poniendo copas en la competencia. "Fue de las primeras camareras camareras, no 'florero'", apostilla, como sucedió en Si, si, si y KGB. En los años del diseño y las puertas duras (ninguna como la de Universal, donde no se pagaba entrada pero había que contar con chispa o estilismo a la altura), Mas plantó en la puerta de su local un portero (que era Francesc Carandell) disfrazado de gorila que invitaba a todo el mundo a entrar, relata riendo, como alternativa. Hasta pinchó música negra para diferenciarse del techno o luego el 'acid house' que se irían imponiendo en el entorno.

Otro noctámbulo histórico, Fede Sardà (alma de Luz de Gas, que promete reabrir a corto plazo) recuerda el increíble magnetismo de Universal en aquella pequeña calle, un antes y un después, en cuyo germen también participó inicialmente su hermano Santi.

El local ahora demolido pasó a finales de los años 90 a las filas del imperio nocturno de Costa Este, que le dio una nueva vida con otras ambiciones. Fuentes de dicha empresa, propietaria de Opium Mar, recuerdan que en 2015 aún reformaron toda la planta alta. Pero acabaron tirando la toalla la fuerte inversión en instalaciones eléctricas que precisaba y la caída en desgracia de la zona. Lo realquilaron entonces como discoteca latina, con poca fortuna, y cuando vislumbraba una etapa como local de bailarinas (no sexo, se anunció), llegó la pandemia. Ahora es una promotora de hoteles y apartamentos turísticos quien lo ha pulverizado y planea levantar su sede corporativa.

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Demolicion cuestionada

El derribo que empezó hace semanas de puertas adentro llegó de pronto esta semana al exterior, en medio de críticas vecinales. No por su pasado de decibelios y gin tonics, sino por su currículo cooperativista. Fuentes municipales indican que no estaba catalogado y el promotor disponía de un comunicado de derribo vigente según normativa. Aseguran que solicitaron al promotor reconsiderar la demolición por su singularidad, para poder "evaluar conjuntamente cambios en el proyecto", aunque este "siguió adelante" con ello. Para que no vuelva a suceder, el ayuntamiento trabaja en una "actualización del catálogo patrimonial con nuevos criterios para la protección de la arquitectura más vinculados al paisaje urbano, la memoria histórica" y otros frágiles elementos.