EN EL POBLENOU

Aplazado el desahucio de una mujer que reformó un baño por problemas de movilidad

  • La propiedad del edificio denunció a Teresa, con problemas de salud y todos los pagos al corriente, por cambiar la bañera por un plato de ducha.

  • La mujer es la única inquilina con un contrato de renta antigua que queda en la finca, situada en la calle más codiciada del barrio de Barcelona

Teresa, asomada al balcón del piso en el que vive desde 1979.

Teresa, asomada al balcón del piso en el que vive desde 1979. / FERRAN NADEU

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Tras dos caídas decidieron que la situación era inviable y cambiaron la bañera por un plato de lucha. Una obra menor e imprescindible para vivir de forma más o menos digna que sirvió de excusa para que la propiedad denunciara e intentara echar a Teresa del piso en el 88 de la Rambla del Poblenou en el que lleva viviendo desde hace 42 años. Un desahucio que este martes decenas de vecinos del Poblenou, y de movimientos en defensa de la vivienda llegados desde toda la ciudad, pararon en la puerta, ante la mirada emocionada y agradecida de la mujer desde el balcón.

No es casualidad que uno de los cánticos más coreados esta larga mañana en la Rambla del Poblenou haya sido “no, no, no, a l’especulació” y “el barrio no se vende, el barrio se defiende”. Tampoco lo es que Teresa sea la última inquilina de renta antigua de la finca, en el corazón de la Rambla del Poblenou. Epicentro del barrio y de la propia Rambla, justo a la altura del metro. Ubicación que no podía ser más simbólica. 

Los gritos de “Teresa, escucha, tu lucha es nuestra lucha” no han cesado durante las cuatro horas que ha durado la resistencia a pie de calle, a la espera de una comitiva judicial que jugaba al desgaste (la hora prevista del desahucio eran las 10.10 y la suspensión no se ha hecho efectiva hasta casi la una, tras rumores de la llegada de los Mossos d'Esquadra, que finalmente han quedado en eso). La concentración no era solo por Teresa, aunque esta mañana, era principalmente por ella, por supuesto. Para los miembros de El Nus, el Sindicat de Barri –movimiento que ha organizado la concentración de apoyo y ha asesorado a Teresa y su hija- y para el resto de ciudadanía concentrada para arropar a la mujer, aceptar la injusta e incomprensible expulsión de su vecina supondría rendirse a la transformación de un barrio presionado por la ‘turistificación’ desde hace ya varios años.

A pocos metros de la finca de Teresa, un enorme cartel frente a un edificio recién reformado anuncia la venta de los “últimos pisos de una y dos habitaciones con terraza”.

La hija de Teresa, de rosa, agradece la presencia de los vecinos en la puerta.

/ FERRAN NADEU

Teresa paga unos 350 por su contrato de renta antigua, de 1979, mientras los alquileres de mercado en la zona prácticamente triplican esa cifra.

Las lagunas de la moratoria

La delicada salud de Teresa y sus problemas de movilidad, sufre obesidad mórbida, hace que haga más de tres años que la mujer no sale de casa; pero ni su precaria situación física ni la pandemia que aún dura, hizo que Teresa pudiera acogerse a la moratoria de desahucios del Estado, y tuvieron que ser los pacientes y combativos vecinos en la puerta los que pararan el desahucio esta misma mañana. Pedro Sánchez anunció el pasado abril la ampliación en tres meses la prohibición de los desahucios de familias vulnerables que viven de alquiler, que en principio expiraba en mayo, pero, como cientos de familias, Teresa quedó fuera de la misma, ya que su lanzamiento no es por impago, sino por incumplimiento de contrato.

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Nadie les ahorró a Teresa y su hija la incertidumbre de la vigilia y los nervios de la larga e inhumana espera de la comitiva. Esta, al pasar a la hora prevista y ver la gran movilización en la puerta de Teresa, decidió acudir antes a ejecutar otro desahucio cercano, alargando el sufrimiento de la mujer, con un informe favorable de la mesa de emergencia desde abril, lo que significa, dada la lista de espera, que le queda un año por delante hasta lograr un piso público, otra de las grandes asignaturas por resolver en la ciudad.

Esta era la segunda fecha de desahucio para Teresa. En la primera, hace un mes, la justicia le concedió un mes de prórroga, tiempo que ha sido insuficiente para encontrar una alternativa a la mujer. Tanto los miembros del 'sindicat' –que llegó a elevar el caso a la ONU, que todavía no se ha pronunciado sobre el asunto- como las trabajadoras de la unidad antidesahucios del ayuntamiento estuvieron el lunes intentando parar el desahucio vía judicial antes de llegar a la puerta para evitarle el mal rato a la familia, pero ni la propiedad ni la justicia cedieron.