DECISIÓN POLÉMICA

El cierre de las baterías del Turó de la Rovira divide a los vecinos

  • Mientras parte de los residente aplaude la medida, que el consistorio asegura que busca evitar la degradación y los botellones nocturnos, otros consideran que esta es un paso más en la 'turistificación' y privatización del lugar

  • Los contrarios a la obra se han concentrado este domingo, a escasas semanas de que empiecen los trabajos, que prevén levantar un muro de dos metros de altura en la zona, para debatir alternativas para proteger el espacio.

Concentración y debate contra el cierre perimetral de las baterías del Carmel, este domingo.

Concentración y debate contra el cierre perimetral de las baterías del Carmel, este domingo. / Sergi Conesa

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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El Ayuntamiento de Barcelona tiene previsto iniciar las obras para cerrar el recinto arqueológico del entrono de la batería antiaérea del Turó de la Rovira en breve. Este verano. Unas obras que servirán para instalar una valla de dos metros de altura y definir seis puertas de acceso al interior del recinto, con el objetivo "controlar la gran afluencia de visitantes, especialmente durante la noche, que dañan los restos arqueológicos de las viejas barracas y estorban el descanso de los vecinos", apuntan fuentes municipales, que indican que la decisión de llevar adelante este cierre se hace "para poder garantizar la mejor convivencia entre un punto de atracción histórica y paisajística de la ciudad y los vecinos que viven en esta zona de Barcelona". "De este modo, el acceso quedará restringido en horario nocturno, tal como ya se hace en otras zonas ajardinadas y parques de la ciudad. Se mantendrán los accesos desde los diferentes frentes del Turó de la Rovira y se creará un recorrido externo a la nueva valla que enlaza con estos accesos, consolidando así un anillo de conexión desde fuera de la valla", subraya la misma voz municipal.

Las obras tienen una duración prevista de seis meses, costarán 671.565 euros y dejarán, insten desde el consistorio, un itinerario exterior que estará siempre abierto, "de manera independiente a los horarios de cierre del interior del ámbito".

En el propio vecindario, las lecturas sobre qué significa o puede significar la inminente actuación son diametralmente distintas en función de a quién se le pregunte. Por un lado, vecinos de las calles más cercanas a las baterías, que llevaban dos años pidiendo soluciones a los continuos y multitudinarios botellones con vistas y sus consecuencias, ven el cierre como una victoria. En cambio otros, igualmente preocupados por proteger el territorio, denuncian que el cierre significa un paso más para acabar convirtiendo el lugar en "otro park Güell". De hecho el lema de la concentración de este domingo en la plaza del Nen de la Rutlla era literalmente: "No al tancament de les bateries. No volem un altre parc Güell".

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La preocupación por la masificación turística de la zona -en este caso sobre todo durante las noches- es compartida por todos los vecinos, lo que les separa es la manera en la que consideran que se debe afrontar. Desde el consistorio hablan de un "punto de atracción histórica y paisajística de la ciudad" pero los vecinos tienen claro que la cuestión clave es precisamente la palabra que el consistorio omite evitar: la innegable atracción turística en la que en los últimos años se ha convertido el privilegiado espacio.

Malestar común, distintas visiones

Los contrarios a la actuación -vecinos del barrio y del resto de la ciudad- consideran que levantar una valla no solucionará el problema de fondo, que es, a sus ojos, el modelo de explotación turística de la ciudad. Resolverá los botellones en el interior -quien sabe si en las laderas-, pero temen, insisten, que sea un primer paso para acabar imponiendo una entrada al lugar, como sucedió años atrás en el parque Güell.