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Abre en Barcelona la primera “experiencia sensorial” de España

  • Se llama Sensas. Es un invento francés que pone a prueba los cinco sentidos. Ya tiene 16 locales en Francia

  • Es un nuevo espacio de ocio con moraleja. ¿El objetivo? “Crear concienciación” sobre la diversidad funcional

’Foto finish’ en la habitación del revés de Sensas.

’Foto finish’ en la habitación del revés de Sensas.

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Ana Sánchez
Ana Sánchez

Periodista

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Caminas a tientas en la oscuridad más desubicado que Miguel Bosé en un centro de vacunación. No parece que haya calaveras mugrientas a la redonda, pero palpas con el mismo repelús que si estuvieras en el templo maldito de Indiana Jones. Deslizas con grima los dedos dentro de una caja y… ¡¡aarg!!, ¿pero qué c…? Acabas de rozar algo viscoso. En tu cabeza estás tocando sesos de mono, la guarida de una serpiente, los archivos de 'Sálvame Deluxe'. Hay quien ha estado tres minutos delante de una caja agarrándose una muñeca con la otra mano a lo dibujo animado poseído. “No hay nada ahí dentro que yo no haya tocado -te intenta tranquilizar por los altavoces Ariadna, tu guía sensorial de hoy-. Y sigo viva”. Pero al conocerla no te fijaste si tenía todos los dedos intactos. Enseguida te confirmará lo que temías: que no tienes narices. En cuanto entres en el taller del olfato.

Ha abierto en Barcelona la primera “experiencia sensorial” de España: Sensas (Entença, 91). Es un invento francés que pone a prueba los cinco sentidos. Inauguró su primer centro hace cinco años. Ya tiene 16 locales en Francia y se ha extendido por Barcelona, Londres, Ginebra, en breve se instalará en Australia y Bélgica. Es un nuevo espacio de ocio con moraleja. ¿El objetivo? “Crear concienciación” sobre la diversidad funcional.  

Un grupo intenta identificar unas fotos. No saben que han puesto un filtro que hace que vean como daltónicos.

/ ALVARO MONGE

“Tu mano está en contacto indirecto con 15 penes al día”, te advierte un cartel al entrar. Aquí las paredes hablan con retintín de Trivial. “Una nariz tapada puede aliviarse con un orgasmo”, añaden un paso más allá. “Tu pulgar es del mismo tamaño que tu nariz”, lo compruebas según lo estás leyendo. “Y la circunferencia del cuello es exactamente la anchura de tu cadera”, añade de viva voz Ariadna. “Comprando ropa –relata- verás ahora a mucha gente que coge el pantalón y se lo pone como un Superman”. Con la pandemia, ahora tiene que puntualizar el cartel que provoca más selfis: ya no se estrechan manos con contactos inciertos. “Algo bueno ha traído el covid –se ríe-. Dejamos de tocar 15 penes al día”.

Ariadna Antón, 30 años, es la mánager de Sensas Barcelona. Una Wikipedia andante. Pregúntale cualquier cosa. Lo mismo te cuenta que tu estado de ánimo afectará el color que ves (ojo si ves mucho azul) que cómo se llama la lengua de las mariposas (“espriritrompa”). Ha sido guía turística de personas ciegas. Su hermana va en silla de ruedas. “Las llamamos discapacidades –apunta-, pero es lo contrario: supercapacidades”. Aquí se comprueba en primera persona. “Al ponerte en situación de diversidad funcional –justifica-, puedes entender mucho mejor cómo sería vivir en esas circunstancias”. Por cada prueba conseguida, Sensas dona 20 céntimos a la fundación Aura.

"¿Hay animales vivos?"

“Venimos a redescubrir nuestros sentidos”, resume Ariadna antes de empezar. Son seis talleres: 12 retos que ponen a prueba gusto, tacto, olfato, oído, vista, capacidad motriz. Dos horas a tientas. El 80% del recorrido se hace a oscuras. Se recomienda no leer antes las preguntas frecuentes de la web. Dejan sin responder la de “¿hay animales vivos?”.

Ahora te meten a oscuras delante de 15 bols que degustar. Masticas al ralentí. Sí, hay que dar por hecho que hay alguna comida con patas. “Ay, me suena mucho, pero qué es esto”. No serás capaz de identificar ni un mísero garbanzo.

Un momento de las pruebas del tacto y del gusto.

/ ALVARO MONGE

 “¿Por qué menosprecio el sentido del gusto?”, te pregunta Ariadna. “Porque vivimos en una sociedad rápida, estresante. Visual –se responde ella misma-. Y el ojo es nuestro sentido más rápido y el que más estamos acostumbrados a usar”. Así que cuando te meten en una habitación a oscuras, te sientes más perdido que un votante de Ciudadanos. “Porque estás dejando atrás tu zona de confort –justifica tu guía sensorial-. En el momento en el que te quito la vista, tu cerebro se pone a la defensiva. Es un instinto básico: el instinto de supervivencia. No te esperas que dentro de una caja haya algodón de azúcar, unicornios y pétalos de rosa. Te puedes llegar a imaginar que hay hasta un tigre dentro”.

Tendrás que rebuscar fotos con la dificultad de un daltónico, identificar a palpo letras en braille, reconocer en penumbra el lenguaje de signos, adivinar olores. Eso que juras que es aguarrás resulta que son chuches de Coca-Cola. “¿Tú sabes la de gente que dice que el vinagre huele a queso?”, se ríe Ariadna. ¿Lo que da más asco? “La viscosidad –responde-. Y hay bastante gente que le tiene pánico a las aves y a las plumas”. Cuanto más mayor, más cuesta. “A medida que vamos creciendo, vamos cogiendo muchos miedos”.  

¿Lo que más llama la atención? “Que dependamos tanto de la vista”, resopla Emma tras dos horas agudizando los sentidos. “Rompe todas las ideas preconcebidas que tengas”, apunta al lado Gloria. 

Una habitación del revés

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Acabaréis en una habitación del revés tras cruzar una sala llena de láseres, como si fuerais a robar un museo. Quizá te creas por un momento Tom Cruise en 'Misión: Imposible', pero ahora mismo te confundirían con el de 'Gangnam style'. “Ponemos la música de 'Misión: Imposible' a toda castaña –Ariadna justifica tu torpreza-. Porque la música hace que calcules peor la distancia y el espacio”. La misma razón por la que cuando vas a aparcar, bajas el volumen de la radio.

¿Para qué poner a prueba los sentidos? “El motivo principal –detalla Ariadna- viene a raíz de esta frase hecha: ‘No sabía lo que tenía hasta que lo perdí’. No tenemos que llegar al extremo de que nos falte un sentido para darnos cuenta de que los otros están infravalorados”.