PRESIDENTA DE LA FUNDACIÓ PARE MANEL

Sandra Pardo: “Las redes de apoyo mutuo han sido el 'airbag' de la pandemia”

  • Hija del barrio -del de Verdum, por supuesto, al que Manel Pousa dedicó gran parte de su vida- Sandra Pardo, asume la presidencia de la Fundació Pare Manel con la convicción de sentirse heredera de su libertad

Sandra Pardo, presidenta de la Fundació Pare Manel.

Sandra Pardo, presidenta de la Fundació Pare Manel. / Jordi Cotrina

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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-Coger el relevo del Pare Manel… wow. Sí, wow. En ningún momento construí el 'no' y eso es importante. Sentía que tenía que hacerlo y que lo quería hacer, y he sentido el apoyo de todo el mundo. Con toda la humildad y sabiendo que yo no soy 'el Manel', asumo esta responsabilidad con el honor de querer hacer las cosas bien, de sentir que somos herederos de una libertad, que es la 'del Manel', quien siempre me decía: "Sandreta, hagas lo que hagas, estará bien si crees que lo tienes que hacer". Él se debía a su consciencia y ese es el legado que yo quiero coger. Él confiaba mucho en mí. Carles [Flavià] siempre decía que parecíamos un matrimonio. Nos queríamos, nos peleábamos... y es que 'el Manel' era un Quijote.  

-Suena a gesta quijotesca, tirar hacia adelante la fundación Pare Manel sin el Pare Manel. El aparato, la estructura, funcionaba sin 'el Manel'; ya veremos después cómo vamos a nivel de presupuestos, porque 'el Manel' era un ‘crowdfunding’ andante. Mucha de la gente que le daba dinero ni sabía dónde estaba Verdum, pero se lo daban a él, y eso se pierde con él.

-Además, es asumir una gran responsabilidad, con el dolor de haber perdido a alguien tan importante. Yo aún voy por el barrio y le busco. Las personas que ocupan un espacio tan grande dejan un vacío proporcional. Sientes el vacío de la pérdida y a la vez la responsabilidad de tener 1,4 millones de presupuesto anual y pensar... 'Dios mío!

-Pero sentir que hay que seguir por los chavales del barrio, por Manel. ¡Claro! De hecho nosotros empezamos trabajando con los niños, pero pasaron los años y los niños se hacían mayores y el proyecto de la fundación se ha ido adaptando a las personas. Los niños crecen y los procesos de exclusión, desafortunadamente, no terminan con la infancia, sino que se van evidenciando cada vez más cuando las personas se hacen adultas. Manel siempre decía que tenía el corazón dividido entre los niños del Verdum y los jóvenes de las cárceles. Él empieza a ir a las cárceles básicamente para seguir a los niños del Verdum.  

Sandra Pardo, junto a algunos retratos del Pare Manel.

/ Jordi Cotrina

-¿Cómo están hoy los niños del Verdum? Los datos son los que son. Nou Barris es el distrito con más dificultades de salud, con más índice de fracaso escolar, de abandono escolar...

-Cuéntenos situaciones cotidianas en las vidas de estos niños y sus familias que barceloneses de barrios más acomodados no puedan ni imaginar que se están viviendo hoy en su misma ciudad. No es necesario mirar a las familias más, más vulnerables. Hay familias trabajadoras, que el padre es taxista y la madre trabaja en la limpieza, que llevan muchos años viviendo situaciones de una debilidad económica bestial. ¿Y eso qué supone? Situaciones como que los niños acaban el colegio el 20 de junio y hasta que vuelven en septiembre estos niños no hacen absolutamente nada. Porque el ocio educativo supone un esfuerzo económico para sus familias que es inasumible e impensable. Algo que puede parecer tan sencillo como ir y volver a la playa. Cinco billetes de metro ir y cinco volver es algo que muchas familias no se pueden permitir. Por no hablar de familias que tienen que decidir entre pagar la luz o pagar el alquiler. O el tema de las mujeres extranjeras.

-El tema. Llega el covid, el Gobierno decreta que el cuidado de personas mayores a domicilio es un servicio esencial, pero ¿qué pasa con las 200.000 mujeres extranjeras sin papeles que trabajaban sin contrato cuidando a nuestros mayores? ¿Ellas no son servicios esenciales? Muchas de estas mujeres de un día para el otro se quedaron sin nada. O pasaron a situaciones de esclavitud, no dejándolas salir ni los domingos a ver a su familia, "porque le puedes contagiar algo a mi madre" o en la calle.

-La vivienda, el otro tema. Sin duda. Nos encontramos con familias del centro abierto que los cuatro miembros comparten una misma habitación. Es intolerable que la esperanza de vida de un niño nacido en Sarrià sea seis años mayor que la de un niño nacido en Ciutat Meridiana. Y eso está pasando hoy, en Barcelona.

-¿Y cómo se arregla? ¿Qué haría si en vez de ser la nueva presidenta de la Fundació Pare Manel fuera la nueva presidenta de la Generalitat? La cuestión es dónde está el poder de verdad y dónde está el dinero. Lo que no puede ser es que en plena pandemia las empresas energéticas estén ganando diez veces más que antes de la pandemia. Es ahí donde está el poder y dónde está el dinero. Los gobiernos tienen que hacer fuerza donde la tienen que hacer: en las eléctricas, en el mercado inmobiliario… ¿Qué es eso de que no se puedan regular los alquileres?

-Veo que lo tiene muy claro. Es que estamos en un punto en que podemos hablar de la rebelión de los ricos; de la rebelión de las élites. Quedó muy claro cuando en determinado momento de la pandemia salieron los vecinos de los barrios ricos de Madrid a decir que a ellos no les podían privar de sus libertades, que confinaran Vallecas. Estamos viviendo la dictadura de la desigualdad. 

-En medio de esa situación la extrema derecha también está intentando ganar adeptos en los barrios más humildes... Sí, pero paralelamente, en el último año las redes de solidaridad vecinal en los barrios se han triplicado. Están moviendo toneladas de comida. Son los propios vecinos los que detectan situaciones de vulnerabilidad. A nosotros durante el confinamiento nos vinieron vecinos que tenían dos portátiles en casa y nos bajaban uno por si algún niño lo necesitaba. Las redes de apoyo han surgido entre los propios vecinos y han sido el 'airbag' de la pandemia. No lo olvidemos. 

-A Manel Pousa le conocía todo el mundo, pero hay otra persona sin la que la fundación y seguramente el barrio, no serían lo que es. ¿Quién era Luisa Alba? Era una mujer humilde, trabajadora, una de las primeras trabajadoras sociales del Ayuntamiento de Barcelona. Maestra y trabajadora social que dedicó su vida a los más vulnerables. Cuando se jubiló le dijeron: "¿por qué no te vas al Verdum, que hay un cura que está montando una historia con los chavales en la calle…?".

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-Y así lo hizo. Sin buscarlo se convirtió en el alma de todo esto. Por eso queremos que el barrio le rinda homenaje dedicándole una plaza. Que es un homenaje que ya está, porque está en la memoria de todos nosotros; pero pensamos que una plaza en la que hay una zona de juego infantil sería el mejor homenaje para ella. Luisa era la mujer que siempre elegía al niño con la mochila más pequeña, al más enclenque... ese era al que ella miraba. Ella miraba a los niños a los que no miraba nadie. Y esa mirada no se nos puede olvidar porque nos hace más humanos. Siempre decía: "a mí el cielo no me interesa, yo quiero que la gente sea feliz aquí, porque el cielo está aquí. Quiero ser feliz aquí y que los críos sean felices aquí".

-También iba a las cárceles, como el Pare Manel. Sí, sí, fue una de las fundadoras de la asociación Dona i presó. A ella se le partió el corazón cuando empezaron a llegar las 'mulas'. Decía siempre 'es que estas mujeres solo han visto el cielo de El Prat y luego el cielo de Wad Ras'. Y era muy feminista. Yo empecé a ir a las 'manis' del 8 de marzo porque ella me llevaba.