DEBATE ABIERTO EN L'HOSPITALET
¿A quién pertenece el espacio público?
El Espai Vallparda, solar municipal en desuso en La Torrassa al que un grupo de ciudadanos entró en febrero para convertirlo en un huerto y un espacio comunitario, genera rechazo en otro grupo de vecinos
Los contrarios al proyecto de huerto en el que familias con críos pequeños se reúnen los sábados por la mañana apuntan que llevan años negociando con el consistorio para dibujar el futuro del solar

Espai Vallparda, en el barrio de La Torrassa, en L'Hospitalet / Maria d'Oultremont

Que era uno de los enclaves más densos de Europa, con una notoria falta de espacios verdes, era algo que todos sabían, pero que se hizo más evidente y asfixiante que nunca durante el confinamiento, momento en el que surgió la idea. ¿Por qué no crear un espacio verde y comunitario, un huerto urbano y punto de encuentro en La Torrassa? Un grupo de vecinos del lugar, algunos padres con niños en edad escolar, pero no solo, se organizó para imaginar y abrir un espacio así en el territorio, siguiendo la estela de espacios similares tanto en Barcelona -el referente más claro es Germanetes-, pero también en el mismo L'Hospitalet, como en Can Trinxet. Hablaron, se organizaron y encontraron el espacio que en un primer momento se antojaba ideal. Un solar de propiedad municipal, soleado y en desuso desde hace una década entre las calles de Vallparda y Torns, al que entraron el 6 de febrero y que bautizaron como Espai Vallparda.
"Buscábamos un espacio en el que generar redes vecinales propias sin tutelas. Encontrarnos y conocernos", resumen. Con ese objetivo convocaban a la ciudadanía todos los sábados por la mañana en el espacio, para transformar aquel solar entre todos, con sus manos.
Modelos opuestos
Pero no fue todo tan sencillo. Durante la primera jornada de trabajo para convertir aquel suelo en fértil, en la que participaron algunos decenas de personas, se acercaron muchos vecinos a felicitarles y decirles que ya era hora que se hiciera algo allí. Otros, en cambio, se mostraron molestos. Incluso más que eso. Vecinos de los bloques de justo enfrente del solar les señalaron que llevaban años peleando para que ese solar dejara de estar en el olvido y se convirtiera en una plaza, negociando con el ayuntamiento cómo debía de ser, un proceso participativo al que los primeros nunca fueron invitados. "No queremos imponer nuestro modelo, pero queremos ser escuchados y valorados en un proceso de participación abierto y real", exponen desde el Espai, quienes sienten que el diálogo se hace muy difícil partiendo del hecho de que la demanda de los vecinos que se oponen al huerto es que se marchen.

El Espai Vallparda, en el barrio de Collblanc-La Torrassa, en L´Hospitalet, a principios de mes. / MARIA D'OULTREMONT
Desde la plataforma vecinal contraria al proyecto comunitario temen que el hecho de que este quede abierto sea "un foco de conflicto y suciedad" y que el lugar se convierta "en un pipicán de día y un punto de botellón de noche". "Queremos que el ayuntamiento ejecute ya el proyecto de plaza que hay, que es una plaza con máquinas para que las personas mayores hagan deporte, como ya teníamos acordado y hablado desde hace mucho tiempo, ya que dinero para hacer grandes jardines no tienen. No son maneras, entrar aquí sin preguntar a nadie", resume su posición Ricardo Durán, quien advierte que la gente está muy exaltada.
Falta de espacios de encuentro
La vicepresidenta de la asociación de vecinos del barrio, Roser Piñol, apunta dos problemas de fondo: la falta de espacio -que hace que cada palmo de tierra sea una disputa- y la falta de mecanismos de participación. A ojos de Piñol, si hubiera habido un proceso participativo abierto para decidir el uso de este solar entre todo el vecindario -no solo la plataforma y los miembros del Espai Vallparda, también el resto de ciudadanos que no pertenece a ninguno de los dos colectivos y que raramente se sienten escuchados- no se abría llegado a esta situación. "Nosotros entendemos que los vecinos de la plataforma estén preocupados y quieran que se ejecute la plaza, pero también a los miembros del Espai Vallparda, que tienen ganas de hacer las cosas de otra manera y de abrir en el barrio otro tipo de espacios", afirma conciliadora Piñol, quien asegura que desde la asociación de vecinos tampoco fueron llamados a ningún proceso para decidir sobre el terreno en disputa.
En cuanto a esos otros vecinos a los que no suele preguntárseles nada, y que en muchas ocasiones son precisamente personas que hacen un uso intensivo de calles y plazas y tienen unas necesidades muy concretas, según datos del anuario municipal del 2019, en La Torrassa hay 10.000 personas nacidas en Catalunya, 14.000 en el extranjero y 2.500 en el resto del Estado.
Tensión en aumento
En medio de todo el conflicto, un grupo de personas entró en el espacio a dañar el trabajo hecho y a arrancar lo que allí había plantado, algo que no hizo más que empeorar las cosas, y el ayuntamiento ha instalado bloques de hormigón ocupando prácticamente toda la superficie, acción que los contrarios al proyecto celebran, ya que dificulta que este se siga desplegando, pero que, a ojos de no pocos, ha escalado aún más el conflicto, que va mucho más allá de este rincón y no deja de ser un conflicto sobre el derecho a la ciudad.

Aspecto del Espai Vallparda, esta semana. / Jordi Otix
Fuentes municipales aseguran que en todo momento han querido dialogar y que las obras de la futura plaza, que subrayan que se harán a petición de los vecinos de la zona, empezarán este mismo año. "Con el grupo de vecinos del entorno que hace tiempo que reivindicaba la reconversión del espacio hemos trabajado un proyecto que allanará el terreno, eliminando los desniveles, para colocar un suelo de sablón, plantar árboles y otros elementos de jardinería, aún por concretar con el vecindario", detalla la misma voz del consistorio, que agrega que los vecinos también pidieron la instalación de una iluminación adecuada, bancos, aparatos de ejercicio, papeleras y una valla perimetral que permita limitar el horario de uso, este último, uno -otro- de los puntos de desencuentro. Desde el ayuntamiento juzgan también que "muchas de las actividades propuestas por el Espai son compatibles con la plaza planteada", algo que estos niegan, ya que son dos opciones que parten de planteamientos completamente distintos.
Desde el Espai piden una mediación externa y profesional, ajena al conflicto, algo que desde la asociación de vecinos se ofrecen a buscar. Por el momento, han pintado los bloques de hormigón de colores.
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