Entorno urbano

Urbanismo pospandemia: un año de 'amarillo Colau' y bloques de hormigón

  • El urbanismo pospandemia celebra el primer aniversario de calles pintadas, bloques de hormigón, bolardos y barreras New Jersey

  • Antes del verano, se retirarán los elementos más discutidos para limitar las terrazas con tarimas y un mobiliario más amable

A primera hora de la mañana, el carril peatonal en la calle de Consell de Cent se convierte en improvisado punto de aparcamiento de los padres que acompañan a sus hijos a la escuela.

A primera hora de la mañana, el carril peatonal en la calle de Consell de Cent se convierte en improvisado punto de aparcamiento de los padres que acompañan a sus hijos a la escuela.

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

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El 4 de mayo de 2020, la calle de Consell de Cent amaneció parcialmente de amarillo, para sorpresa de algunos y conocimiento de otros. El ayuntamiento, por boca de la alcaldesa Ada Colau, ya había avisado el 25 de abril: la desescalada del confinamiento no debía pasar por la vuelta masiva del coche a las entonces desiertas vías de Barcelona. La ocasión la pintaban calva. La necesidad de conseguir distancias de seguridad entre peatones y el imperativo de alcanzar una movilidad que no pasara por abarrotar el transporte público era la oportunidad perfecta para acelerar la descontaminación de la ciudad y humanizarla. Más kilómetros de carril bicicleta, menos carriles para el coche y más para el transeúnte. Poco después, en junio, hubo que dar espacio en las aceras a las terrazas de bares y restaurantes. El interior estaba vetado. Pintura, bloques de hormigón, bolardos y barreras New Jersey. Y así, de la noche a la mañana, los barceloneses descubrieron qué era el urbanismo táctico y se hicieron expertos en él. 

De eso ya hace un año. En este tiempo se han sumado unos  30.000 metros cuadrados de paseo peatonal (después de Consell de Cent se pintaron Girona, Rocafort, Ronda Universitat y Pelai) y 29 kilómetros al ciclista; todo, espacio robado al tráfico rodado. En todo este tiempo, también, se han denunciado los bloques de hormigón por peligrosos, de momento sin mucho éxito pese a la muerte de un motorista. Y en este tiempo, además, las discusiones sobre el acierto o desacierto de las actuaciones han estado a la altura de los grandes y cíclicos debates de esta ciudad, como en su momento lo fueron el calcetín de Tàpies, las esculturas de Subirachs para la Sagrada Familia o el muy arquitectónico tema de las plazas duras. No se discute, o se discute poco, la utilidad del urbanismo táctico (permite actuaciones rápidas y testear el resultado antes de la construcción definitiva); pero su estética o la falta de ella, ha dado mucho de qué hablar. 

Urbanismo táctico en el cruce de Consell de Cent con Rocafort.

/ Ferran Nadeu

Prueba piloto

Mayoría son los que consideran que es un error que en la Barcelona del diseño y de la arquitectura se haya optado por el feísmo. Y muchos los que opinan que podría haberse hecho mucho mejor. Tampoco gusta el color amarillo -bautizado ‘amarillo Colau’ por sus destractores-, demasiado agresivo. Incluso la propia alcaldesa ha tildado en varias ocasiones de “feos” los bloques de hormigón y las barreras New Jersey. La edil, también ha asegurado reiteradamente que se mejoraría el aspecto de estos elementos en espera de la llegada del urbanismo definitivo. Y en eso está el consistorio. De entrada, en la actuación de la calle de Pelai, la última realizada, ya se han hecho algunos cambios. El ‘amarillo Colau’ de Consell de Cent y Girona se ha sustituido por un verde más cálido; y las franjas dibujadas, por un diseño que evoca el muy barcelonés ‘panot’, como ya se hizo en Rocafort que luce de azul. Y de salida, se espera en breve la eliminación de las New Jersey y los bolardos que delimitan y marcan las terrazas de restauración en toda la ciudad. El calendario se dará a conocer antes del verano, igual que el prototipo de tarima en el que se ubicarán las sillas y mesas de bares y restaurantes. “Plantearemos modelos diferentes para ubicar en esquinas, en calles estrechas o en calles donde hemos ganado espacio a la calzada. Intervendremos en todas las calles de Barcelona donde hemos hecho ampliación de terrazas”. Palabra de Janet Sanz, concejala de Urbanismo. También hay compromiso estético: “En los próximos meses iremos viendo como desaparecen buena parte de las New Jersey y como empieza a haber otro tipo de mobiliario, que será definitivo y evidentemente bonito”. La erradicación total se espera para el primer trimestre de 2022.

Diseño pactado

El diseño se está haciendo con ayuda de las escuelas del sector y la colaboración del Gremi de Restauració de Barcelona. Y con pruebas piloto para detectar errores, como la realizada en diciembre en la esquina montaña-Llobregat de las calles de València y Casanova. Una tarima de madera con espacio para cuatro mesas ampliaba la acera, eliminaba el desnivel con la calzada y embellecía el espacio. Pero no acabó de funcionar. No era lo suficientemente resistente a las inclemencias meteorológicas y humanas. El gremio espera el cambio con ganas: las tarimas “serán un elemento más armónico con el paisaje urbano, más agradable a la vista”, asegura su director Roger Pallarols. También destaca su “vocación de permanencia” y la “comodidad” que supondrá que terraza y acera sean un continuo. Aunque la entidad no reniega de las New Jersey: “Su aparición fue positiva para el sector y su sustitución por tarimas lo será aún más”, afirma Pallarols. Para entenderlo hay que retroceder un año, cuando el consumo solo era permitido en el exterior y con solo un 50% de aforo. Con terrazas de cuatro mesas, la mayoría de la ciudad, las cuentas no salían. Hubo ampliación exprés y bajada a la calzada: “En este escenario las New Jersey cumplieron su función: han permitido subsistir a miles de establecimientos. Hablamos de 3.500 ampliaciones, casi 10.000 mesas nuevas”, asegura el director del gremio.  

Una terraza de restaurante ampliada en la calzada a partir de barreras New Jersey pintadas de amarillo.

/ Manu Mitru

Estacionamiento de urgencia

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De manera que en el 2022 desaparecerán las New Jersey y los bolardos, y el paisaje urbano será más amable pero nadie duda de que la calzada reconvertida en acera de las calles de Consell de Cent, Girona y Rocafort, seguirá acogiendo coches. Ahí están, a primera hora de la mañana, los que la utilizan como estacionamiento rápido para dejar a los niños en el colegio. Se llevan la palma los progenitores de los alumnos de la Escola Pérez Iborra y del Institut Jaume Balmes, en la calle de Consell de Cent. No dejan un palmo de amarillo sin ocupar. A cualquier hora del día actúan los que ven en el carril ahora peatonal una magnífica zona de carga y descarga, ya sea para las maletas del fin de semana, para recoger o dejar un paquete o para retirar los escombros de la obra de turno. 

Aunque la infracción tiene fecha de caducidad. Tanto Consell de Cent, como Rocafort y Girona, forman parte de la supermanzana del Eixample a punto de poner en marcha. Veintiún ejes verdes con sus correspondientes plazas octogonales cuya pacificación no será total pero casi, de manera que quebrantar la norma y parar el coche no será tan fácil. Las obras empezarán la próxima primavera, y el mobiliario, salido de concurso, será “bonito”, asegura el ayuntamiento. La primera actuación será, cómo no, en Consell de Cent, la calle que debutó con el ‘amarillo Colau’ hace un año, y una de las primeras vías de Barcelona que contó con un carril bici.