El problema de la vejez

Barcelona detecta a unos 300 ancianos solos y sin ningún apoyo de la administración

  • El Ayuntamiento de Barcelona inicia un plan de apoyo contactando con 2.700 personas mayores que no están atendidos en ningún servicio municipal

  • La Diputació colocará pulseras a los ancianos que viven solos para actuar ante posibles caídas

En tiempos de coronavirus, una cuidadora ayuda a una anciana a incorporarse en su piso de Barcelona.

En tiempos de coronavirus, una cuidadora ayuda a una anciana a incorporarse en su piso de Barcelona. / EMILIO MORENATTI / AP

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Las entidades que conocen el drama de los ancianos que envejecen en soledad llevan años alertando de que se trata de un problema mayúsculo del que apenas existen datos. Ante esa dura realidad, las administraciones catalanas empiezan a poner coto para conocer el alcance de la soledad no deseada entre los más vulnerables. El primero en disponer resultados es el Ayuntamiento de Barcelona, que lleva un mes contactando con ancianos en la ciudad que no están atendidos en ningún sistema público. El 10% de los encuestados -270 personas mayores de 70 años- afirma vivir soledad no deseada a pesar de que nadie lo supiese.

Ninguna administración antes se había dedicado a buscar a la gente mayor para saber si están viviendo en condiciones óptimas. Ha sido el ayuntamiento con el proyecto ¿Cómo está?, que a partir de la pandemia ha decidido llamar a las 70.000 personas mayores de la ciudad para saber cómo les han afectado las restricciones.Los primeros en ser telefoneados han sido personas entre 70 y 84 años que no usan ningún servicio municipal: ni teleasistencia, ni servicio de atención a domicilio, ni apoyos de entidades sociales. En total, 2.700 mayores. Según los datos publicados por la concejala de Salut, Gemma Tarafa, uno de cada cuatro ha admitido que la pandemia ha empeorado su salud anímica. Un 16% ha visto cómo se siente más triste en tan solo una semana de diferencia. Y un 10% asume que sufre soledad no deseada. Casi 300 ancianos no tienen, por lo tanto, ningún apoyo moral ni emocional. Y un 5%, 135 ancianos, han sido derivados a algún recurso municipal o entidades de apoyo porque los encuestadores han visto que su situación era frágil.

El proyecto municipal es el que está más avanzado, pero otras administraciones también empiezan a actuar. Por ejemplo la Diputación de Barcelona, que quiere poder detectar las caídas a tiempo. Según una encuesta de los usuarios de la teleasistencia, más de la mitad de ellos habían sufrido accidentes por caídas. En Catalunya, cada año mueren más de 200 ancianos por caídas y el Sistema de Emergencias Médicas (SEM) rescata año a año a más de 1.000 octogenarios por contusiones, esguinces o heridas abiertas en la cabeza, el cuello y el torso.

Medidas tecnológicas

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"En los próximos meses vamos a cambiar el sistema de la teleasistencia para que ya no se trate de una línea telefónica, si no que permita que otros aparatos y sensores se puedan conectar a él, y den la alarma a los técnicos", explica Lluïsa Moret, alcaldesa de Sant Boi y diputada de Igualdad y Sostenibilidad Social. Uno de ellos son los detectores de humos ante posibles incendios. Los otros, las pulseras para las caídas. "Se trata de unas pulseras que llevarán puestas las personas usuarias para que si caen de repente o de forma accidental el sensor lo detecte y avise directamente a a centralita de la teleasistencia, que en su caso puede llamarles y comprobar que están bien, activar una ambulancia o personarse en su casa", explica.

El proyecto, en realidad, busca implementar medidas tecnológicas que permitan auxiliar al momento a los mayores que viven solos. Y nace de una necesidad detectada en los últimos años, pero también a partir de las peticiones hechas por los propios ancianos durante los meses de confinamiento más estricto. En 2020, el servicio de teleasistencia recibió 2,5 millones de llamadas de ancianos dependientes solos. "Hemos tomado nota de ello, la mayoría nos expresaban miedos, inquietudes, que queremos atajar", explica Moret.