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Santa Coloma, ciudad devota de Eugene Smith

Llega Johnny Depp con 'El fotógrafo de Minamata', pero la hermandad de fotoperiodistas colomenses hace años reclama una calle para el maestro que ilumina sus pasos

Un coleccionista de uniformes históricos, en la piel de un soldado aliado, defiende una posición en Ca l’Alemany, masía badalonense empleada como decorado de la batalla de Francia.

Un coleccionista de uniformes históricos, en la piel de un soldado aliado, defiende una posición en Ca l’Alemany, masía badalonense empleada como decorado de la batalla de Francia. / Pedro Jose Justicia (Pedro Justicia)

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Llega a las pantallas ‘El fotógrafo de Minamata’, con Johnny Depp en el papel de Eugene Smith, el fotógrafo que como un flash ha iluminado la camino de cientos de fotoperiodistas en todo el mundo durante varias décadas. Es un ‘biopics’, una biografía hollywoodiense, género a veces con más terrones de los aconsejables para una sana dieta cinéfila. Habrá que verla para poder saborearla y opinar. Seguro, sin embargo, que cumplirá con su buen propósito inicial, proporcionar otro referente ético en estos sombríos tiempos en que, por no haber, no hay ni estética. En Santa Coloma de Gramenet, no obstante, poco o nada les pueden descubrir que no sepan ya, pues desde hace tres años trabaja ahí la Associació Colomenca d’Aficionats a la Fotografia (ACAF) para que Eugene Smith tenga dedicada una calle o una plaza, y lo hacen, por cierto, a lo grande. Muy a lo grande.

--“Y ahora, para rematar, me dicen estos amigos que ha escrito usted 'Luz de agosto', la novela de Faulkner, ¡de William Faulkner! ¿Y no podía usted haber plagiado a otro? ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?”.

Lo dice, como muchos saben, José Sazatornil en ‘Amanece que no es poco, que podría ser la mejor frase de la película si a ese podio no optaran un par de cientos más de líneas de diálogo de la mítica película de José Luis Cuerda. Pues eso, como habrán deducido ya, que en Santa Coloma hay verdadera devoción por Eugene Smith, tanta que, sin que puedan ser consideradas plagios, han montado estos últimos tres años recreaciones de los lugares en los que trabajó el fotógrafo de Kansas para que los miembros de la AFAC, con Joan ‘Sazatornil Guerrero a la cabeza, se pongan en su piel.

Joan Guerrero sostiene la más célebre obra de Eugene Smith, 'El baño de Tomoko', la 'Pietà' fotográfica del siglo XX.

/ JULIO CARBO

Un día, con la indispensable ayuda de la Asociación Catalana de Coleccionistas de Uniformes Históricos, los devotos de la ACAF convirtieron los alrededores de la masía de Ca l’Alemany en un campo de batalla francés (Smith fue fotógrafo de guerra hasta que la metralla de una bomba le impactó en la cara en Okinawa) y en otra ocasión pidieron ayuda a los colomenses para que, vestidos como corresponde, simularan ser los vecinos de Deleitosa (Cáceres), el pueblo que Smith visitó durante la posguerra para retratar la miseria alimenticia y moral del franquismo. El resultado de aquellos homenajes son los que ilustran magníficamente este texto, fotos que, aunque no llevan el sello de Eugene Smith, como mínimo invocan su alma.

Una joven recrea como se fregaban los suelos en la España de la autarquía, como mínimo hasta que en 1964 Manuel Jalón Colominas inventó la fregona.

/ Pedro Jose Justicia

Era, al parecer, un tipo más difícil de manejar que la nitroglicerina, pero su carácter y sus excesivas adicciones no impiden que aún hoy se le considere el pionero y padre de una rama de la fotografía, la comprometida con aquello que retrata. “Mi cámara nunca impidió que un hombre cayera. Tampoco lo ayudó después de haber caído. Se podrían decir que las fotografías tendrían que ser condenadas porque no cierra heridas. Sin embargo, razoné, si mis fotografías pudieran causar un horror compasivo en el espectador, también podrían incitar a la conciencia de ese espectador a actuar”.

Un sargento de segunda clase del Ejército de Estados Unidos compadrea con un soldado, en Ca l'Alemany.

/ Pedro Justicia

Hay que reconocer que hablaba en público incluso tan bien como fotografiaba. Y, además, lograba su meta. En 1951, por ejemplo, enfocó su cámara a las vicisitudes laborales de Maude Callen, comadrona de la Carolina del Sur más pobre, una enfermera admirable, de las que alumbraban criaturas a la luz de lámparas de aceite tras llegar a pie por caminos embarrados a casa de las mujeres que se ponían de parto. Tanto impacto tuvo aquel trabajo fotoperiodístico que comenzaron a llover donaciones, unos 20.000 dólares, un potosí entonces, con las que Callen pudo levantar un clínica y atender el resto de su vida a las pacientes.

"¿De qué sirve tener una gran profundidad de campo si no hay una adecuada profundidad de sentimiento?"

Eugene Smith

Fotógrafo

Que sea Santa Coloma el lugar en que se pide una calle para Eugene Smith no debería extrañar. Por dos razones. La primera es porque la historia relativamente reciente de esta ciudad ha sido urbanística y socialmente tan traumática que hubiera merecido la visita del mismísimo Eugene. Conservaba un cierto bucolismo hasta mediados del siglo XX, con sus huertos a las orillas del río y con ese tránsito de familias bien de Barcelona que tenían una segunda residencia en el pueblo, pero, como un Minamata, catalán todo aquello se fue transformó en un averno cuando el número de habitantes creció exponencialmente y, peor aún, el río que antes regaba los cultivos degeneró en una cloaca de colores. La policromía dependía directamente de que tanque vaciaban las industrias río arriba, alguna de ellas de pintura.

Una joven interpreta lo que parece ser la lectura de una carta con malas noticias y recibe el consuelo de una amiga.

/ Pedro Jose Justicia

La segunda razón por la que se reclama una calle para Eugene Smith en Santa Coloma tal vez tenga que ver con la anterior, por ese descenso a los infiernos, o puede incluso que sea por algo telúrico e insondable, pero el caso es que esta es una de las villas de España con mejor ratio de fotoperiodistas per cápita, categoría, es cierto, poco conocida, pero parece que incuestionable. Nacidos o crecidos profesionalmente en Santa Coloma son por supuesto Guerrero, pero también Samuel Aranda, Miriam G. Troncho, Pedro Madueño, Pedro Justicia, Fernando Montenegro, Litus Pedragosa, Salvador Montroig, Juan José Pastor, Esteban Carmona y seguro que varios más.

El 'making off' de una de las jornadas de homenaje a Eugene Smith, en una calle del casco antiguo de Santa Coloma, con varios vecinos caracterizados como españoles de la posguerra.

/ Kike Serrano

Decía Eugene Smith que el mundo es demasiado complejo para que quepa en un negativo de 35 milímetros, y es verdad, pero enfocar la cámara hacia el lugar adecuado ya es un gran qué. Su fotografía más conocida es, sin duda, ‘El baño Tomoko’, en que la gran belleza de la composición impide apartar la mirada de lo que se retrata, el horror, las consecuencias de un cruel caso de contaminación por vertidos de mercurio en Minamata, Japón. Es sin duda la ‘Pietà’ del siglo XX. Pero la fama de Smith, como en ocasiones ha sucedido, no se cimentó en una única fotografía. Durante varios días de 1948 siguió los pasos del doctor Ernest Ceriani, médico de pueblo en Colorado. Incluso siendo un encargo de ‘Life’, dio lo mejor de sí mismo. Es otra de sus fotos célebres. En la escena, el médico fuma y toma un café apoyado en el mármol de una cocina doméstica. Acaba de practicar una cesárea. Han muerto la madre y el bebé. Es la imagen de una derrota personal probablemente muy frecuente.

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Guerrero, ‘smithólogo’ por excelencia, resume de una forma preciosa, casi poética, qué aprendió conociendo la obra de aquel fotógrafo cuya vida llega ahora al cine. Dice que a él, de Santa Coloma de Gramenet, pero habitual de las calles de Barcelona por su oficio, nunca le ha interesado el diseño, que siempre ha visto más profundidad narrativa en una barraca, “en ese geranio plantado en una lata de aceitunas”. Muy Smith, sí señor.