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Los 'menas' de verdad

  • Mientras en Madrid un partido político cuelga carteles contra los menores migrantes, Teo Vázquez los convierte en iconos de Barcelona

  • El artista urbano empapela paredes, mobiliario urbano e incluso vehículos con imágenes de vecinos anónimos que comparten sus vivencias

Teo Vázquez, muralista de gran formato, junto a su obra de 20 metros en el patio interior de la cooperativa de viviendas de Bac de Roda.

Teo Vázquez, muralista de gran formato, junto a su obra de 20 metros en el patio interior de la cooperativa de viviendas de Bac de Roda. / Jordi Cotrina

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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Si a los adolescentes que migran solos se les impone la denominación técnica de ‘menas’ (acrónimo de menores no acompañados), ¿cómo deberían llamarse las legiones de españoles que durante décadas viajaron con lo puesto a Gran Bretaña? ¿’Esbulos’ quizá (por ESpañoles BUscándose la vida en LOndres)? De existir esta categoría técnica, Teo Vázquez (Cádiz, 1975) habría encajado en ella.

Con 19 años y 20.000 pesetas en el bolsillo, dejó atrás su Cádiz natal y aterrizó en Hackney, el distrito de Londres que en los años 90 ocupaba los primeros puestos en el 'ranking' de pobreza y desigualdad. La clase obrera blanca compartía asfalto con población de origen afrocaribeño, turcos, chipriotas y judíos jasídicos, entre otras nacionalidades, mientras miles de estudiantes, artistas y nómadas okupaban edificios destartalados y se mezclaban con el equivalente ‘british’ del quinqui ‘made in Spain’.

En este extraordinario mejunje de vidas al límite se labró la mirada artística de quien hoy firma su obra como Teo V.: “En Londres luché para no mirar atrás -cuenta-. Tuve trabajos de lo más variopinto, como participar en ruedas de identificación de sospechosos por las que la policía me pagaba cinco libras. Era muy activista e intentaba ayudar a todo el mundo, pero también las pasé canutas”.

Mismos protagonistas, mensajes opuestos

Esa vivencia callejera en primera persona explica la abismal diferencia entre las imágenes de jóvenes migrantes con nombre y apellido que este fotógrafo cuelga en Barcelona y los carteles contra estos menores con los que un partido ultraderechista ha empapelado Madrid. Los protagonistas son los mismos (aunque en realidad la foto de los carteles políticos está sacada de un banco de imágenes y ni siquiera pertenece a un menor ni a un migrante), pero los mensajes no podrían ser más opuestos.

“Me siento identificado con ellos porque desde muy joven me estaba buscando la vida -dice el artista-. Aunque desde la perspectiva europea, también he sido emigrante y nómada".

Tras una década curtiéndose en Londres y un periplo por el sureste asiático y Sudamérica, en 2003 se instaló en el barrio del Raval de Barcelona. Se apuntó al Institut d’Estudis Fotogràfics y a partir de ahí todo empezó a encajar. “Decidí centrarme en la gente que trabaja en la calle al margen de la legalidad, gente que para ganarse la vida tiene que mirar continuamente 'pa un lao y pa otro'”, explica.

El artista gaditano invierte días en conocer a las personas que retrata, tanto que algunas acaban convirtiéndose en su “familia”. “Compartimos una experiencia que implica un intercambio muy grande energía para que salga algo sincero”, asegura.

Gracias a la confianza labrada durante horas de conversación, consigue que el retratado pose forzando el gesto hasta casi el esperpento o haciendo cosas inesperadas, como el caso de los miembros de una familia china posando como ‘castellers’ cuya imagen embellece una fachada en Vilassar de Dalt.

La familia de Jenny y Gao posan como 'castellers' en Vilassar de Dalt.

/ TEO VÁZQUEZ / INSTAGRAM

Imágenes a gran escala

Después imprime la imagen a gran escala en papel barato y la pega con cola orgánica, a modo de colaje, en paredes, mobiliario urbano e incluso vehículos, a menudo sin pedir permiso: “La foto cambia según dónde la pongas y como la calle está viva la pieza también va mutando”, afirma ante uno de sus antiguos carteles pintarrajeado.

Así es cómo ha convertido a lateros, manteros, chatarreros, migrantes, prostitutas, porteros, artistas callejeros y el vecindario anónimo en general en íconos de las calles de Barcelona, un estilo que tiene como uno de sus referentes al fotógrafo francés de origen checo Josef Koudelka.

Su mirada de igual a igual no es criminalizadora pero tampoco paternalista, aunque muchas de sus obras están comisionadas por entidades sociales. Es el caso de Vidas Partidas,  un proyecto de sensibilización y denuncia de la ley de extranjería impulsado por la Fundació Ciutadania Multicultural-Mescladís en el que aprovecha las cajas de luz de la calle para pegar los rostros partidos de jóvenes migrantes, una metáfora visual de su experiencia vital dividida entre dos continentes.

'Vidas Partidas muestra el rostro de jóvenes migrantes en cajas de luz.

/ TEO VÁZQUEZ / INSTAGRAM

También tiene un objetivo social el mural de 4 metros de altura situado en el espacio comunitario de la Cooperativa d’Habitatges Bac de Roda, en Poblenou, una iniciativa de la asociación Jiser que reflexiona sobre la experiencia migratoria y denuncia la ley de extranjería. Mediante la técnica del stop motion, Teo Vázquez retrata a Morad Najjar, un joven de origen marroquí tutelado y en situación irregular.

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“Yo puedo ver a un joven que corre mirando hacia la tierra natal que ha dejado atrás, que expresa con sus gestos su lucha por avanzar y que finamente abre los brazos porque ha llegado a la meta -describe el autor-. Pero la mirada es libre”.

Durante la pandemia también ha indagado en cómo las mascarillas han influido en las formas de relacionarse entre los vecinos del barri Gòtic. Este trabajo se exhibirá en el Pati Llimona a partir del 13 de mayo dentro del festival Enfocats.