Efectos de la pandemia

Situación límite: las restricciones asfixian a la hostelería mientras crece la 'barra libre' en las calles de Barcelona

Grupos de jóvenes quedan para tomar algo en el suelo de la plaza de la Vila de Gràcia, en ausencia de bares y restaurantes por las tardes.

Grupos de jóvenes quedan para tomar algo en el suelo de la plaza de la Vila de Gràcia, en ausencia de bares y restaurantes por las tardes. / RICARD CUGAT

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

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Las colas para beber que apenas hace dos primaveras se hacían ante la animada barra de un bar o de una discoteca se han trasladado por las tardes a los supermercados y colmados más cercanos a plazas con ambiente o playas. Solo que antes el cliente pagaba por una copa bien servida, y ahora se lleva un 'pack' de seis latas de cerveza o una botella de algún licor para compartir a morro o en vaso de plástico. Las duras restricciones horarias que vive la hostelería catalana desde octubre han llevado al límite económico a cientos de negocios, en especial en Barcelona, sin lograr cumplir con el objetivo de aniquilar la socialización y el presunto riesgo de contagios. Los brindis se hacen -cada vez más, con el buen tiempo- en las calles, sin que la policía local dé abasto para erradicarlos. La crisis de la restauración local desde la pandemia y el evidente hastío de la población (joven y no tan joven) han llevado incluso al ayuntamiento a afilar su discurso para exigir que se restablezca la apertura en la franja de tarde noche, algo que el Procicat estudia y podría avalar esta misma semana.

Hacer la ley no ha hecho más que disparar la trampa hasta la fecha. Quienes han acatado ese confinamiento vespertino son precisamente los más mayores y menos dados a los excesos en horario de cenas, cuando se homenajeaban fuera de casa. Pero para buena parte de la población, saturada de algunas limitaciones sociales que chirrían incluso con el transporte público abarrotado, solo ha supuesto un cambio de hábitos: de las mesas, al duro suelo de una plaza o la arena de la playa. De las salidas por la noche, a las diurnas. Al menos, hasta el toque de queda.

El agosto de los súpers

El pasado sábado, cerca de las diez de la noche, diversos súpers de barrio seguían alimentando esa especie de barra libre que se vive en las plazas de Gràcia, algunas de Ciutat Vella o el litoral de la capital catalana. Solo alguno advierte explícitamente de la venta "hasta las 21.00 horas de alcohol". Durante cinco horas, desde que la hostelería se cierra al público hasta el toque de queda, estos establecimientos hacen el agosto, como alternativa a la antigua normalidad. Los reponedores van a destajo. En el paseo del Born o la calle de Verdi también es común abastecerse de bebidas para consumir en grupo en restaurantes abiertos solo para 'take away'. "Vendo muchas más cervezas que pizzas, admite un camarero", distribuyendo vasos de plástico a poca distancia de la plaza de la Virreina como si fuera fiesta mayor, poco antes de la hora límite. Algunos se lo llevan a casa, pero otros muchos consumen in situ, en bancos, el suelo, escaleras..., contando los días para poder hacerlo sin prisas.

Playa de la Barceloneta por la tarde, donde numerosos jóvenes quedan para tomar algo sobre la arena.

/ Vicens Forner Puig

En la Vila de Gràcia, como en Lluís Companys y otros focos, las papeleras se desbordan de latas de cerveza y botellas vacías por la noche. A esa hora, el espacio entre contenedores ejerce de lavabo y el olor a orín certifica que la calle también ha relevado a la intimidad de un váter con pestillo. El centenar de negocios representados en Soho Gràcia. Associació de Bars i Restaurants del barri de Gràcia volverá a concentrarse este martes en la plaza de la Vila para clamar por sus negocios y también por una respuesta municipal a las licencias de terraza que siguen en el limbo, sin concretar, y que pueden ser la salvación o no de muchos establecimientos, explica un portavoz. "Mientras nosotros acatamos los horarios, los aforos y los cierres, con ingresos mínimos, el consumo continúa en la calle", lamenta.

En paralelo, cada vez más locales (como un gran restaurante-club de la Barceloneta) alientan el tardeo, con copas y música hasta las cinco de la tarde. Quienes ven imposible retirarse a casa a esa hora, prolongan su euforia en las playas, donde también pueden verse lateros.

Sin control sanitario

Un consumo que además no se acompaña de un control sanitario como en los bares, y que deriva en una ausencia generalizada de mascarillas con el paso de las horas. Como sucede en los conciertos improvisados en las plazas. "Está todo cerrado, pero la gente se ha cansado de quedarse en casa y se busca la vida aquí como puede", dice Joan, un vecino de la plaza de la Revolució de setembre 1868, acostumbrado ya a ese panorama sobre las aceras. Un portavoz vecinal de la Barceloneta alerta de que esos botellones forzosos se saldan en muchos casos con suciedad e incivismo en el barrio marinero, mientras las mesas y sillas de los negocios están apiladas.

Papeleras en la plaza de la Virreina, el sábado por la noche.

/ P. C.

El teniente de alcalde de Promoción Económica, Jaume Collboni (PSC), ha urgido este lunes a acelerar la desescalada permitiendo a la restauración servir cenas presenciales, sacando provecho a las más de 3.000 licencias de terrazas extraordinarias impulsadas por el consistorio para oxigenar al sector, muchas veces en la calzada, en tiempos en que los aforos interiores no permitirían la supervivencia de los negocios. A su juicio y como ya defendió el concejal de Seguridad, Albert Batlle, hace unos días, la ciudad "está preparada" para avanzar hacia la recuperación de la actividad. El propio 'conseller' de Interior, Miquel Sàmper, aseguró el domingo que el Govern "estudia" la luz verde al horario nocturno de cenas, aunque solo en exteriores.

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No obstante, el Gremi de Restauració de Barcelona, que durante meses ha criticado duramente la política de restricciones catalana, rechaza que la ampliación horaria a la franja de noche se limite a espacios abiertos. "A estas alturas esto va de salvar a toda la restauración, no solo a los locales con terraza", mantiene su director, Roger Pallarols. La patronal, que se reunirá con los departamentos de Salut, Interior y Empresa el miércoles, afirma que "ya basta de anuncios y especulaciones; lo que necesitamos son decisiones".

Los restaurantes de centros comerciales reabren tras seis meses

Los restaurantes de los centros comerciales de Catalunya volvieron a reabrir ayer tras seis largos meses en los que solamente pudieron servir pedidos para llevar o a domicilio. Pese a la ilusión por recuperar la actividad con público en sus mesas, temen que la medida no sea definitiva.

El responsable de la Asociación Española de Centros y Parques Comerciales (Aecc) en Catalunya, Víctor García, explicó a Europa Press que el sector espera que las medidas se hayan «tomado con la conciencia de que serán aplicables». La entidad cuenta con un total de 49 centros comerciales catalanes asociados -entre los cuales se encuentran Splau, La Maquinista, Les Glòries, Gran Via 2, Viladecans Style Outlet, La Roca Village o Diagonal Mar- que abarcan unos 4.000 negocios, de los cuales 500 son de restauración. Considera que las nuevas medidas acaban con la «discriminación» que ejercía el Govern hacia los restaurantes de los centros comerciales frente a los que se encuentran a pie de calle. Ahora reivindica recuperar lo antes posible el horario de cenas. 

Desde la patronal Comertia, su director, David Sánchez, se suma a esa demanda y defiende que la reapertura «no tendrá incidencia» en la evolución de la pandemia porque considera que se ha demostrado que ni los restaurantes ni los comercios son focos de contagio. Alerta de que la mitad de la facturación depende de la franja nocturna y será clave para la supervivencia de las empresas.  n