Pandemia y transporte público

Conductores de bus rechazan que TMB les obligue a llevar mascarillas FPP2

  • La empresa no impuso el tapabocas hasta enero; un empleado fue sancionado con dos días de sueldo por quitárselo

  • Un chófer, que pide emplear la quirúrgica, sufrió un ataque de ansiedad cuando llegaba a la terminal y estuvo dos meses de baja

  • Los profesionales denuncian que la dirección no ofrece alternativas e insta a no trabajar a quien rechace la protección

Un conductor, con una mascarilla FPP2, este miércoles en el Eixample de Barcelona.

Un conductor, con una mascarilla FPP2, este miércoles en el Eixample de Barcelona. / JORDI COTRINA

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Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) obliga desde enero a los conductores de autobús a llevar una mascarilla FPP2. La empresa suministra desde hace meses mascarillas a los conductores, pero hasta que empezó el 2021 era opcional llevarlas. Primero les proporcionó las FPP2, las que mayor protección ofrecen ante el posible contagio de covid, y también unas de tela que se podían lavar. Desde enero, solo las primeras son aceptadas por la empresa. Las quirúrgicas no sirven, según el criterio de TMB. A la vista de que los conductores están separados por una mampara de metacrilato del resto del espacio, muchos no entienden que tengan que llevar la protección, sobre todo por el tiempo que pasaron trabajando si tener que hacerlo.

Pero en algunos casos, el rechazo es más significativo y se fundamenta en evitar consecuencias negativas para la salud. TMB subraya que la FPP2 es la mascarilla que más protege y que la mampara tiene un efecto limitado que no basta para proteger a los conductores porque están en el vehículo durante un tiempo prolongado.

Mareo en el metro

Tres conductores con los que ha hablado este diario tienen quejas concretas por efectos indeseables vinculados especialmente con la FPP2, aunque también con otras mascarillas. No son negacionistas, subrayan. Tienen problemas serios para circular con la prenda. Coinciden en que aceptarían asumir labores alternativas a la conducción mientras sea obligatorio llevar la mascarilla, y afirman que la empresa no les da esa opción, que les obliga a elegir: o llevar la FPP2 o coger la baja laboral.

El primero es un conductor relativamente conocido, Josep Garganté, exconcejal de la CUP en Barcelona. Conduce un autobús de la línea D40 y explica que su primer desencuentro con la FPP2 se produjo en el metro, un día que volvía a casa. Entonces, a final de año, corrían ya rumores de que en breve la prenda sería obligatoria: “Me puse la FPP2, me mareé y me pasé de parada. Me asusté. Pensé que si me hacían conducir con esa mascarilla podía tener un accidente”.

Transports Metropolitans de Barcelona especifica que solo problemas respiratorios eximen de usar la prenda y afirman que la protección de los trabajadores es la prioridad

Garganté contactó con la doctora del su Centro de Atención Primaria, que le redactó un documento en el que instaba a TMB a buscarle una labor alternativa si querían que usara la FPP2. La empresa le hizo pasar unas pruebas pulmonares y acabó instándole a conducir con la mascarilla FPP2. En caso contrario, le advirtieron, podrían abrirle un expediente. Optó por la quirúrgica, que no le generaba tanta molestia.

Ataque de ansiedad

Cuando llevaba casi toda la ruta hecha, “a dos paradas para acabar”, notó cómo se le aceleraba la respiración. Se sacó la mascarilla de una oreja para ganar aire. Entonces, cuenta, el cuerpo empezó a no responder, y eso coincidió con que su jefe de línea apareció en el vehículo. Al llegar a la terminal, tenía un ataque de ansiedad que requirió llamada a una ambulancia y traslado a la Clínica del Pilar, donde estuvo entre dos y tres horas. Estuvo dos meses y medio de baja y la psicóloga dictaminó que había desarrollado una fobia.

El conductor empezó a usar la FPP2 a ratos, de entrada sin éxito, con el fin de eliminar su prevención. Con el tiempo logró reducir esa fobia y encontró un modelo de FPP2 que no le molesta tanto (y que ha pedido, sin éxito, que le dé TMB) y el pasado viernes volvió a conducir y con la protección.

El segundo caso es el de Carlos (no es el nombre real, prefiere que no se publique), un conductor que afirma que sufre ansiedad, vinculada con varios fallecimientos en su familia en el último año. Esa ansiedad le genera brotes en la piel, que se agudizan cuando lleva la FPP2 “dos o tres días”. Hace unos meses tuvo un incidente: en la plaza de Espanya, pensó que el autobús que tenía delante se movía aunque estaba parado y arrancó con el suyo, lo que provocó una pequeña colisión. A ratos, Carlos, que trabaja en la línea 165, se sacaba la mascarilla. A raíz de la queja de una usuaria, le abrieron un expediente que se zanjó con la pérdida de dos días de sueldo. Ahora, está de baja por un brote con ampollas y llagas. Cree “desproporcionado” que le sancionen por un tema de salud. En breve volverá a conducir, calcula que esta misma semana.

El tercer caso es el de Tania, empleada en la línea 45 o la 65, que afirma que tiene un problema en la piel que la mascarilla en general y la FPP2 en particular, agudizan: rosácea cutánea. Está de baja por otra cuestión, pero tiene claro que cuando vuelva a conducir no lo podrá hacer con la FPP2. Dice que usará una quirúrgica, sacándosela a ratos. “Y si me tienen que expedientar, que me expedienten”.

Problemas respiratorios

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TMB subraya que prima el criterio de seguridad, y que este indica que las mascarillas FPP2 son las únicas que garantizan la protección de los conductores. Solo contempla como excepción los problemas respiratorios acreditados. Según la empresa, solo los han esgrimido dos conductores: en un caso se ha desestimado la reclamación y en el otro no se producido aún la valoración médica.

No es fácil determinar cuántos conductores cumplen con la norma, pero un estudio somero a cargo de este diario arroja el siguiente recuento: de diez conductores, seis llevaban FPP2, uno iba sin mascarilla, dos iban con un quirúrgica y otro con una de tela.