Sector afectado

Barcelona abrirá casi todos los chiringuitos de playa este año

  • El ayuntamiento aplica una rebaja del 75% en el canon de temporada para dar viabilidad a los establecimientos, con 14 aperturas confirmadas

Un mujer hace deporte, ayer junto al chiringuito de la playa de la Nova Icària.

Un mujer hace deporte, ayer junto al chiringuito de la playa de la Nova Icària. / RICARD CUGAT

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Apostar por un chiringuito de playa en Barcelona en tiempos de pandemia tiene cierto componente de ruleta rusa. Si la vacunación y las restricciones dan tregua a la restauración, la actividad podrá funcionar este verano con cierta normalidad gracias a la ampliación de las terrazas que les permitirá mantener su aforo. De lo contrario, será posiblemente un año de pérdidas, ante la caída del turismo y las limitaciones horarias. Pero la incertidumbre sanitaria y turística no ha impedido que finalmente al menos 14 de los 16 chiringuitos del litoral de la ciudad abran esta temporada (algunos en breve), con el apoyo del ayuntamiento que ha rebajado un 75% los altos cánones habituales. Será un verano de transición hacia un nuevo modelo previsto a partir de 2022.

Hasta 2019, lo normal era que en Semana Santa todos los chiringuitos playeros estuvieran en ebullición. Pero el año pasado la apertura ya fue todo un parto, no solo por el coronavirus sino por el conflicto que mantuvieron los operadores con el ayuntamiento por desacuerdos sobre las tasas y la gestión, que a punto estuvieron de dejar el litoral sin oferta estival. Los ánimos se han calmado ahora este sentido, pero el reto es lograr la viabilidad con una afluencia menor a la de otros años. "Muchos han decidido abrir solo por ofrecer servicio, sabiendo que sin turismo ni festivales será difícil que haya beneficios", explica Israel Flores, presidente de la asociación que aglutina a la mayoría de ellos.

Una camarera sirve a un cliente, ayer en el chiringuito de la playa del Bogatell.

/ RICARD CUGAT

Este año, la mayor parte de los 16 mantienen la concesión otorgada por el ayuntamiento en 2018. Pero en seis casos se ha abierto nuevo concurso, después de las renuncias producidas el año pasado. Como resultado, un total de cuatro se han adjudicado de nuevo, aunque se han quedado sin candidaturas un chiringuito en la Mar Bella y otro en Llevant. Fuentes municipales indican que, tal y como marca la normativa, se abordará un procedimiento negociado. En este caso, se ofrecerá a operadores que optaron a otras ubicaciones sin éxito. De no aceptar, estos dos enclaves podrían quedar sin uso esta temporada.

A esta coyuntura se ha sumado el hecho de que algunas partes de la playa no estaban a punto para la apertura en Semana Santa, por ejemplo, en un enclave hubo un robo de cobre del cableado que posibilitaba los suministros, y en otros puntos, el montaje de las torres de salvamento complicaban la localización prevista de algún chiringuito. Así que a principios de abril solo abrieron seis, que en la actualidad son ya 9 (dos en Sant Sebastià, uno en Sant Miquel, uno en Nova Icària, dos en Bogatell, dos en Nova Mar Bella y uno en Llevant), a falta de llegar al menos a 14 en las próximas semanas. De momento, todos hasta las 17.00 horas.

Medidas para la viabilidad

En todos los casos, ante las restricciones de aforo en su terraza cubierta, se les permite ampliar espacio mediante tarimas para mantener una capacidad que haga viable la actividad. Como siempre, no pueden instalar mesas ni sillas sobre la arena, donde solo están permitidas las tumbonas. En este sentido, el litoral contará este año con un servicio de hamacas ya operativo en el Somorrostro, dos quioscos de helados pendientes de montar y otros dos servicios de tumbonas y parasoles.

La singularidad por la pandemia hace que la temporada completa, que por ley figura hasta noviembre, pudiera finalizar antes este año (a finales de septiembre u octubre) según decidan los empresarios. Forma parte de los ajustes coyunturales pactados, entre los que destaca un recorte del 75% de los cánones, como se aplica en las terrazas de toda la ciudad. "Sin este habría sido imposible abrir", afirma Roger Pallarols, director del Gremi de Restauració de Barcelona, en el cual se alinean la mayoría de los operadores. Añade que será un verano complicado, sin el turismo habitual y con una crisis sectorial que "durará meses antes de empezar a remontar en 2022".

Precisamente, el precio que se abona al municipio por estos montajes (una media de medio millón de euros por negocio y temporada) y lo estricto del pliego de condiciones son las principales razones que el año pasado provocaron varias renuncias. Entre las despedidas más sonadas está la del chiringuito de playa de Joan Escribà (el restaurante continúa), que critica abiertamente la gestión municipal de estas instalaciones y no tiene intención de volver a abrir una, cuenta a este diario. Como otros afectados, mantiene que la presión sancionadora e inspectora, a parte de las limitaciones sobre la actividad culinaria) hacen muy difícil operar un chiringuito.

Negociaciones para 2022

La patronal se queja de que esa mano dura (multas de 10.000 euros por contar con una mesa de más o sobre la arena) puso en jaque a algunos empresarios. Flores enfatiza que además de las tasas anuales tienen altos costes por las estructuras de los chiringuitos y sus amplias plantillas, ahora mermadas. Ese círculo acaba encareciendo forzosamente los precios de venta de bebidas y comidas a pie del mar.

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Por ello, la reivindicación de los operadores es avanzar hacia un nuevo modelo aprovechando que este año finalizarán las licencias, ya prorrogadas. Pallarols asegura que están en diálogo con los responsables del área municipal de Ecología y Urbanismo, de cara a pactar nuevas bases para los negocios de las playas a partir de 2022. La patronal opina que la actual fórmula "es insostenible", ya que recae en el mejor postor, sin tener realmente en cuenta la calidad de los proyectos o su oferta para el consumidor, ni los servicios que pueda ofrecer. Evitar "que se licite por encima de lo asumible" es uno de los retos, como también lo es flexibilizar los requisitos impuestos por Parques y Jardines, que limitan la oferta gastronómica, entre otros, se quejan.

El empresarios de la plaza Reial arremeten sobre las tasas de terraza

La Associació d'Amics i Comerciants de la Plaça Reial ha denunciado que los restauradores de la zona se sienten "asfixiados" por la tasa de terrazas que se les aplica, pese a la bonificación del 75% decretada por el consistorio para paliar los efectos económicos del covid-19. Lamentan que en algunos casos el importe de la tasa de terrazas se haya incrementado "hasta un 61% en 2020 respecto al 2019" a causa de la "gran subida de impuestos que llevó a cabo el consistorio antes de la pandemia". Añaden que sus negocios pasan por un momento difícil dada la "falta de turistas, las restricciones horarias de la restauración" y el "exagerado canon".

Según afirma, la mayoría de negocios del lugar son empresas familiares que se han endeudado pidiendo créditos ICO, por lo que alertan de que del futuro de estos locales dependen 500 empleos. Reclaman al gobierno municipal un cambio de categoría de los establecimientos afectados las modificaciones de la ordenanza fiscal.

Antes de la llegada de la pandemia, los restauradores de la plaza Reial ya se quejaron de que la nueva tasa llegaba a multiplicar por 11 la anterior, después de que el consistorio cambiase su categoría de zona.