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Todos los caminos del Baix Guinardó en Barcelona

  • Tras lograr hace una década rescatar del olvido y señalizar el viejo Camí de la Llegua en uno de los muros del parque de las Aigües en la plaza de Alfons el Savi, el Grup d’Estudis de la Vall d’Horta i la Muntanya Pelada pelea ahora por recuperar el topónimo más antiguo del territorio: el torrente de Lligalbé.  

El viejo Camí de la Llegua, en el Baix Guinardó

El viejo Camí de la Llegua, en el Baix Guinardó / RICARD CUGAT

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La cola de ancianos para vacunarse frente al ‘casal de gent gran’, en uno de los extremos de los Jardines del Baix Guinardó, hasta hace solo unos meses Jardines del Príncep de Girona, se antoja un fiel retrato de los tiempos. Como lo es, en cierto modo, dicho cambio en el nomenclátor, fruto de una reivindicación vecinal de un barrio sin una identidad demasiado marcada por su ubicación de frontera, entre el Guinardó y Gràcia, en cierto modo una continuación del Eixample y del Camp de l'Arpa. Encontrar, fortalecer y reivindicar esa identidad ha sido uno de los empeños y motivaciones vitales del hiperactivo y tenaz Carles Sanz, uno de los padres de El Pou, Grup d’Estudis de la Vall d’Horta i la Muntanya Pelada, hijo, sobre decirlo, del enclave.

En la plaza del Alfons el Savi, a pocos metros del viejo tiovivo, toda una institución en el barrio, una placa sobre el muro de piedra que rodea el parque de las Aigües recuerda que por allí pasaba el Camí de la Llegua. Letrero de hierro de grandes dimensiones inaugurado en el año 2011, fruto de la incansable lucha de Sanz. “¡Querían rebozar el muro de cemento y les dije que ni se les ocurriera tocar la piedra!”, señala el activista vecinal, autor también del libro ‘El Camí de la Llegua al Baix Guinardó’, trabajo que tuvo mucho que ver en que finalmente el viejo camino se señalizara.

Rincón del Baix Guinardó, esta semana.

/ RICARD CUGAT

De niño, Sanz jugaba en los descampados frente a lo que hoy es el parque de las Aigües. Un día, dando balonazos contra aquel muro de piedra, un señor mayor se le acercó y le regañó por estar estropeando la pared que marcaba el Camí de la Llegua, ruta que generaciones de barceloneses habían usado para cruzar esa parte de la montaña. El entonces pequeño Sanz, que en aquel entonces tendría unos 10 u 11 años, no entendió demasiado lo que aquel hombre le decía, pero aquel nombre se le antojó de cuento: el camino de la Llegua.

Años después, con aquel misterioso nombre grabado en la memoria inició una investigación en los archivos hasta descubrir planos originales en los que encontró no solo su trazado, sino también su historia. E investigando sobre esta vía, que logró reivindicar, encontró también importante material sobre el torrente de Lligalbé, nombre que también deja huella y otro vestigio rural del pasado del Baix Guinardó en cuya reivindicación anda ahora liado. Su tenacidad, con el respaldo de la asociación de vecinos, ha hecho que el distrito haya aceptado recuperar ese viejo topónimo para los futuros jardines que en breve se urbanizarán en el barrio, justo en el enclave por el que pasaba el camino. "Hemos logrado que se recupere el nombre, la piedra de este otro trozo de muro y que se señalice por donde pasaba el torrente. Está todo aprobado y en los papeles y estaremos encima para que se haga", expone Sanz desde el terreno.

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Apasionado de la historia de su barrio, Sanz se saca de la chistera una documentada y deliciosa anécdota a cada paso. Explica que el característico edificio de estilo neomudéjar que acoge la sede del distrito de Horta, junto al parque que limita el barrio por el norte, en cuya fachada aún se exhibe el ya desfasado arcoíris pandémico con el dudoso 'Tot anirà bé', acogió durante la guerra civil la escuela para los hijos de los trabajadores de una empresa de las aguas en aquel breve periodo colectivizada. También explica que la actual centro público Mas Casanovas, otra de las construcciones características del barrio por ese aire de castillo de cuento de princesas, con sus dos torres redondas fue, antes de colegio, un hotel, levantado al lado de los terrenos en los que estuvo situado, aunque por muy poco tiempo, el primer campo del Barça, en el 1900. Y la actual sede de la asociación de vecinos del barrio, en la entrada del parque de las Aigües y de estilo neomudéjar, similar a la sede del distrito, fue en su día la casa del guarda, a pocos metros de una de las higueras más antiguas de la ciudad.

Sobre el torrente de Lligalbé, su actual batalla, Sanz comparte que es el topónimo más antiguo del Guinardó. Documentado desde 1147. "Su nombre hace referencia a una masía que había en la vertiente sur del Turó de la Rovira", prosigue el romántico historiador del territorio, quien precisas que el torrente bajaba desde la montaña por delante de la Casa de las Alturas -la actual sede del distrito- y cruzaba la Ronda del Guinardó.