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El 'boom' de la escalada en Barcelona: los vampiros de Montjuïc

  • Parece una metáfora del mundo pandémico: ahora todo el mundo se sube por las paredes. La escalada urbana ha hecho ‘boom’

  • El túnel de La Foixarda es el rocódromo urbano más icónico de Europa. Un Spider-man sin ánimo de lucro lleva 25 años montando de incógnito agarres artesanos  

El concurrido túnel de La Foixarda, el pasado fin de semana. El que trepa por el techo es Manuel Sánchez Panera, conocido en el mundillo escalador como Manolo El Heavy. Cuelga las presas desde hace 25 años.

El concurrido túnel de La Foixarda, el pasado fin de semana. El que trepa por el techo es Manuel Sánchez Panera, conocido en el mundillo escalador como Manolo El Heavy. Cuelga las presas desde hace 25 años. / Jordi Otix

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“Hay luz al final del túnel”. Aquí te lo garantizan con obviedad precovid. Es el túnel de La Foixarda, en Montjuic. Se ve luz al final, sí, y una multitud tocando techo. Siempre hay gente, vengas cuando vengas. Montañas de mochilas al centro, sillas de cámping, ambiente de compadreo. “Es un punto de encuentro”, asienten dos jóvenes. Un punto de encuentro de altura. Parece una metáfora del mundo pandémico: mires donde mires, todo el mundo se sube por las paredes. Es el nuevo deporte ubicuo: la escalada urbana ha hecho 'boom'

“Este es el rocódromo urbano más grande de Europa”, asegura Manolo. “55 metros de largo y 5 y medio de altura”, dice de carrerilla. Él se los ha pateado de punta a punta por techo y paredes con un taladro de cinco kilos a cuestas.

Manolo El Heavy, cuando empezaba a frecuentar el túnel de La Foixarda con su taladro.

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En este túnel Manolo ha visto desde un gaitero probando acústica de madrugada hasta rodar una escena porno 

“Él es quien ha montado todo esto, ¿no?”. Dos veinteañeros lo reconocen al verlo pasear por las alturas. La mayoría de los que entrenan en La Foixarda lo conocen de oídas. ¿Manuel Sánchez Panera? No, nadie lo llama así. Es Manolo El Heavy. “Por razones obvias, que no son el pelo”, se ríe él enseñando entradas. 55 años. Aún trepa por las paredes a la velocidad de Spider-man. Tiene callos en las manos que podrían dar ruedas de prensa. Como buen escalador, hay que darle cuerda. Te dirá que por este túnel ha visto desde un gaitero probando acústica de madrugada hasta rodar una escena porno. 

“Cuando tú pones una piedra en un sitio –resopla-, nunca crees que se va a convertir en lo que se ha convertido”. Hace más de 25 años que Manolo empezó a colgar presas por las noches a lo grafitero. Presas: así llaman a los agarres con los que se forman las vías verticales de escalada. Habrá montado aquí 9.000, calcula. 

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Multitudes boca abajo

“No fui yo quien puso la primera piedra”, se quita hierro. Él empezó a venir en los 90 -recuerda-, cuando lo destinaron a Barcelona. Es de Vinaròs (Castellón). Estuvo 25 años en el grupo de rescate de montaña de la Guardia Civil. Tiene un pequeño centro en Esplugues (El Forat) y un hijo-araña que aprendió a trepar antes que a caminar

“Por aquí pasaban los coches –hace memoria-, era una vía pública, estaba prohibido escalar. Y para poder poner presas, tenía que venir de madrugada”. Se pasaba las noches ahí colgado. “Como un vampiro”, compara. “Y de cachondeo, hice un vampiro”, justifica. Ahí sigue a la entrada del túnel. Se ha convertido en el logo oficioso de La Foixarda. “La Fuxi”, que dice él, ahora congrega a diario a multitudes boca abajo. 

Recorremos el túnel de escalada de La Foixarda, en Montjuïc.

El túnel acabó haciéndose peatonal y el Ayuntamiento se hizo cargo del mantenimiento. Pero Manolo aún sigue creando y colgando sus presas artesanas. ¿Por qué? “No lo sé –se encoge de hombros-, Porque me sale de dentro. Yo creo que es vocacional esto”. Habla con rubor de héroe enmascarado. “Si un monicaco como yo con su buena fe ha conseguido que toda esta gente sea feliz y haga deporte, ¿por qué el resto del mundo va mal?”.    

Ahora viene de día a montar las presas, pero a horas discretas: “A las 6 de la mañana”, cuenta. Lleva 7 meses preparando una nueva vía temática que montará en breve: con su coronavirus en formato agarre, su jeringuilla gigante y hasta una vacuna con vampiro. “¿Sabes qué pone en la etiqueta? –se ríe-. Vacuna matata”.

El 'boom' de la escalada en bloque

“La escalada en Barcelona nace por el túnel”, da fe Antonio Pirruccio a apenas dos minutos del rocódromo al aire libre. Aquí se levantó en 2012 la sala de escalada municipal Climbat, con muros interiores de hasta 15 metros. “El número de socios –el director de operaciones hace balance del 'boom'- ha crecido alrededor de un 20% desde el primer confinamiento”. Prevén tres aperturas este año. 

Los centros se multiplican a lo gremlins en aquaparks. La gente ahora va a los rocódromos como al gimnasio. Se ofrece escalada, yoga, fitness, colores instagrameables. “Escalada indoor”, la llaman. Lo que más se lleva es el 'boulder'. Escalar en bloque: a menos altura, con suelo mullido en vez de cuerdas y arneses.  

¿Por qué esta fiebre por las alturas? “Es un deporte individual, pero muy de tribu –enumera Antonio-. No tiene limitación de edad, ni de forma física”. Y te encierras en un sitio –añade- y tienes la sensación de estar en la naturaleza. “Porque trabajamos con mucha altura”. También ayuda que será disciplina olímpica este Tokio 2021. “Es un escaparate muy importante”.

Solo de mirar hacia arriba te entran ganas de pedir una biodramina. Pemi -28 años escalando- te señala una de las vías coloridas de Climbat. Tú le pones la misma cara de incredulidad que al escuchar a Miguel Bosé. ¿No es un poco difícil? “Será todo lo difícil que quieres que sea”, te dice a lo gurú. “Esto es 70% psicológico, 30% físico –asegura-. Al final, la cabeza manda”. Está dando clase a un señor de 81 años, te pica. Acabas trepando 8 metros tras soltar varios “nononopuedo”. Puedes. Él te sonríe tras la hazaña. “Creo que la única que dudaba eras tú”.

El centro más grande de España estará en Gavá

“Es muy terapéutico”, te garantiza Jimena antes de enfrentarte a 10 metros. Jimena Alarcón -casi media vida escalando- es la CEO de Sharma Climbing. El apellido del centro es del escalador americano Chris Sharma. Él y Jimena estrenaron la sala en 2015, justo el año en el que se casaron. En plena pandemia abrieron el segundo centro en Madrid. A finales de este año inaugurarán el tercero en Gavà. “Será el más grande que habrá en toda España”, adelantan. Más de 4.000 metros cuadrados.  

Vídeo de Chris Sharma y algunos de los escaladores nacionales e internacionales que han visitado su centro de Barcelona.

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El primer músculo que se te bloquea es el del antebrazo. “El famoso Popeye”, se ríe Jimena. Sí, da una sensación de hinchazón que ni con cinco latas de espinacas animadas. A los 20 minutos tienes menos capacidad de agarre que Toni Cantó. “Es lo normal en las primeras sesiones”, te tranquilizan. Todos se despedirán de ti con mirada de funeral. “Mañana –garantizan- te dolerán músculos que no sabías que existían”. Ni que te hubieras ido a dar cera y pulir cera con Karate Kid. 

Volverás a embadurnarte las manos con magnesio líquido. “La escalada engancha”, ya te lo advirtió Jimena. “La escalada es caer y levantarte –suele decir Chris Sharma-. Es la vida misma”.