La renaturalización del área metropolitana

Besòs, de la muerte a la parranda ecológica

Santa Coloma de Gramenet se apresta a convertir el que fuera el Lázaro de los ríos europeos en un refugio de la biodiversidad

Se lee en minutos

El Besòs, el más Lázaro de los ríos europeos. No solo durante los últimos 20 años ha resucitado a ojos vista de quienes un día lo conocieron más inmundo que los establos de Augías, sino que hay nuevos y fabulosos planes para esta cuenca fluvial renacida de entre los muertos. En dos fases de aquí al 2025 y con una inversión de 6,8 millones de euros se pretenden convertir 2,5 kilómetros de su cauce en el hogar de nuevas especies y, más importante aún, en lecho conyugal de algunos animales que ya han hecho suyo aquel lugar pero que aún hacen oídos sordos a las trompetas del amor. Esta es una historia literalmente bestial.

El martín pescador (‘Alcedo atthis’, según la nomenclatura gestada por Linneo, o simplemente ‘blauet’ para la legión de ornitólogos que puebla Catalunya) es un buen ejemplo de esa encrucijada en la que se encuentra el Besòs y que acaba de ser anunciada por la autoridad competente junto a las cristalinas aguas de la cuenca. Es solo una más unas de las 200 especies de aves avistadas en el río, una cifra siempre creciente, que nadie ha reintroducido, sencillamente han llegado.

El martín pescador le está tomando las medidas al Besòs como 'nursery', decisión delicada, pues la vida de los polluelos de esta especie es dickensiana

Con su panza dorada y su lomo turquesa, es un pájaro realmente llamativo, pero no hay constancia aún de que haya nidificado en las orillas del Besòs. No es una decisión que este pájaro tome a la ligera, no solo porque tenga que excavar pequeños túneles entre la vegetación para poner los nidos y que estos no sean descubiertos por hambrientos depredadores, sino porque la infancia de los polluelos es realmente dickensiana. Muchos mueren ahogados la primera vez que como clavadistas de Acapulco se sumergen en el agua en busca de su primer pez. Lo que son las cosas, el día que eso suceda en el Besòs será en realidad todo un notición, un estupendo bioindicador de salud mediambiental. Eros y Tánatos, como siempre, una pareja indisociable.

Lo difícil, por no decir aparentemente imposible, ya se logró. Convertir una auténtica cloaca al aire libre en un río de apetecible paseo era un Everest ecológico. Aunque el parto tuvo muchas comadronas, hay que reconocer un mérito especial a Santa Coloma de Gramenet, pues fueron fondos europeos asignados a ese municipio los que se emplearon para encarar tan mayúsculo proyecto. Y de nuevo vuelve a ser Santa Coloma, por iniciativa de la alcaldesa Núria Parlon, uno de los motores de esta nueva fase, mano a mano con otros dos municipios de la riba izquierda del río, Sant Adrià del Mesòs y Montcada i Reixac , y con el paraguas técnico del Àrea Metropolitana de Barcelona.

De feliz locura hay que calificar que la anguila, un pez que casi sienta en el diván al mismísimo Freud, cruzara el Atlántico y eligiera el Besòs como hogar

Que había que poner en marcha una nueva etapa en la historia de este río era algo, según se mire, inapelable. Para que el Martín pescador se decida y para mucho más. Ahí va un dato que que proporciona el naturalista Tomàs Carrión, clave de bóveda del nuevo proyecto, y que lo deja bien claro. En el año 2002 se realizó una exhaustiva búsqueda de las especie de peces observables en la cuenca. Apenas hubo nada que anotar en el bloc de notas del trabajo de campo. Cinco años más tarde, repetida la misma misión, fue fácil dar con tres especies autóctonas del lugar y una ajena, la carpa.

El mújol y el bagre habían regresado al Besòs, lo cual no está mal, pero lo realmente admirable aquel 2007 fue constatar la presencia de anguilas, un pez que durante siglos ha desconcertado a la ciencia y que a punto estuvo de sentar en el diván psiquiátrico al mismísimo Sigmund Freud (diseccionó cientos de ellas en busca de sus testículos sin saber, pobre, que hasta la edad adulta carecen literalmente órganos sexuales). Las anguilas nacen en las profundidades del mar de los Sargazos, en el Atlántico noroeste, y solo después, como minúsculas crías, migran miles de kilómetros en busca de ríos saludables. Que el Besòs volviera entrar en su lista de destinos para crecer y madurar es un examen aprobado con nota de que la operación de resurrección del río fue un éxito.

El Besòs, tal cual luce en vísperas de Sant Jordi. / Ferran Nadeu

Este pez, tan sabroso como amenazado, sirve a la perfección para resumir qué nuevos planes están previstos para el tramo del río situado por encima del puente viejo de Santa Coloma. Se acondicionarán tres lagunas que sirvan de refugio para toda la fauna habida y la pendiente de llegar. Una de ellas, además, será visitable como espacio didáctico. No se descarta, por ejemplo, que en la última etapa de la inversión se instalen casetas de observación como las que ya hay en el delta del Llobregat. La vegetación invasora, como la caña americana, será sustituida por otra autóctona, pero con sumo tacto, muy despacio, porque la actual, aunque invasora, cumple una función en absoluto despreciable. Y para las anguilas, he aquí la cuestión citada, se construirán escaleras naturales, porque así se llaman esos canales especialmente habilitados para que estos peces remonten el cauce y colonicen nuevas aguas. Promete Parlon que en poquísimos años el cauce colomense del Besòs y el de los municipios río arriba será un refugio de biodiversidad. Lo prometen hace 30 años y nadie lo habría creído.

El Besòs es, en su tramo más cercano al mar, un agradable parque fluvial, exquisitamente respetado, por cierto, por sus usuarios cotidianos, pero desde el punto de vista medioambiental es algo mucho más importante. Es una arteria ecológica que conecta el mar con Collserola. El pasado mayo, en pleno confinamiento, una fototrampa instalada en la orilla del río captó el paso a la carrera de una madre y dos crías de nutria. Cariñosamente se las bautizó como nutrias poligoneras, porque realmente su hábitat era un rincón natural rodeado de industrias y viaductos automovilísticos y ferroviarios. Si la renaturalización del Besòs que en breve se iniciará funciona como es debido, no sería descartable que en un futuro cercano las nutrias se aventuraran a pescar en el mar, nada extraño en esta especie.

El confinamiento ha convertido el lecho del río en un pasacalles de curiosos: un corzo, un zorro, jabalís y, hace poco, hasta un flamenco

Todo dependerá, por supuesto, de la cohabitación con los humanos. La pandemia no solo sirvió para que una familia de nutrias se dejara retratar en plena noche hace casi un año. En estos meses de letargo humano han sido vistos en la cuenca del Besòs un corzo, algún zorro, por supuesto jabalís amamantando a sus crías y, más recientemente, hasta un flamenco, que fue noticia por lo excepcional de su presencia pero que, tal y como advierte el naturalista colomense Tomàs Carrión, habrá que estar pendiente de que no termine por ser algo frecuente si el lugar termina por ser del agrado de esta especie.

En esencia, el proyecto recién presentado no prevé liberar en el río y sus aledaños ningún animal, solo crear las condiciones para que sea un hábitat apetecible y dejar después que la naturaleza cumpla su parte. En realidad, eso es exactamente lo que ha sucedido estos últimos 15 años desde que las aguas superaron el lindar de lo aceptable. De ello ha sido testigo directo y privilegiado David Perpiñán, que como un Attenborough metropolitano recibió el encargo de censar con fotos y videos la vida salvaje del río. En la cuenca baja del Besòs han sido avistadas en este trabajo de campo unas 200 especies de pájaros y aves, 20 de mariposas, siete de peces y cinco de mamíferos. También variados reptiles y anfibios, entre ellos, por citar una de gran valor, la ranita meridional, ‘Hyla meridionalis’, uno de los anfibios más requechiquitines de Europa, pero que se hace notar. Los machos hinchan lo que en los humanos sería la papada hasta conseguir un efecto ‘subwoofer’ con su canto que encandila a las hembras y le concede una música bucólica al lugar.

Parque fluvial del Besòs a la altura de Montcada i Reixac. En la foto, una ranita meridional. / FOTO: DAVID PERPIÑÁN

Noticias relacionadas

Son ranas esquivas, pero tal vez en las lagunas que se acondicionarán en el proyecto de renaturalización del Besòs puede que sea posible hacerlo y, no solo eso, los más afortunados puede que incuso tengan la fortuna de avistar lo que podría considerarse la versión albina de esta rana. La mayoría son verdes porque su piel genera dos pigmentos de colores primarios, el azul y el amarillo, pero algunas de ellas, por un defecto genético, son incapaces de producir ese segundo color y lucen así de un intenso azul que haría las delicias del mismísimo Vermeer.

Quién sabe. Tal vez pronto Santa Coloma luzca como ‘La vista de Delft’ del pintor neerlandés.

Un martín pescador residente en el Besòs, una especie de la que se espera que críe próximanente en las ribas del río.

Un martín pescador residente en el Besòs, una especie de la que se espera que críe próximanente en las ribas del río. / Josep Maria Garcia