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El granjero de las azoteas de Barcelona

  • Aquí se cosecha por todo lo alto. Robert L. Strauss cultiva entre tejados en Grácia. Tendrá más de 500 plantas en cinco alturas

  • Es uno de los huertos urbanos “más cool” que se otea por las redes, dan fe los ‘influencers’ con azada

Robert L. Strauss, en una de las terrazas de cultivo de su casa de Gràcia. En total, cosecha 30 metros cuadrados entre tejados.

Robert L. Strauss, en una de las terrazas de cultivo de su casa de Gràcia. En total, cosecha 30 metros cuadrados entre tejados. / MARIA D'OULTREMONT

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Intentar perseguir a este hombre por su casa debería ser considerada una actividad de riesgo. Tiene 65 años, pero trepa por las paredes con ligereza de Spider-Man. En versión agrícola: hasta con 30 kilos de tierra a la espalda. Sube y baja con rutina de payés 51 escalones y dos escaleras de mano que dan más vértigo que el columpio de Heidi. No, a nadie se le ocurriría decir que sus verduras no están a la altura. Él cosecha entre tejados.

Estás en Gràcia. Parece más bien una alucinación ecosostenible. Habrá 50.000 gusanos en el jardín haciendo compost. Varios puñados de verduras secándose en el lavavajillas. “Por falta de espacio”, se excusa el agricultor urbanita. No te ofendas si te dice que le importa un pimiento. Es que le importa de verdad.

Un payés pasaría más inadvertido en estas terrazas que Errejón en un parvulario. Aquí arriba han crecido maizales que podrían esconder a al menos un par de 'Los chicos del maíz'. “¡Mira!”, Robert señala a discreción. A vista de pájaro, se ven lechugas, patatas, espinacas, puerros, fresas del bosque. Habas, habas, habas. “Gira y tira”, te invita a recolectar. Habrá más de 500 plantas domésticas en cinco alturas, calcula el dueño. Tiene 242 solo de lechuga, dice con precisión de Excel. Este año espera cosechar más de 150 kilos. “Quizá podríamos hacer tinto en las azoteas”, se ríe mientras recoloca una parra entre tejados.  

Así es el huerto de 5 pisos del granjero en la azotea. Dale al play.

“Es uno de los huertos en azoteas más 'cool' que he visto”. Eso es mucho decir viniendo de Kevin Espiritu (Epic Gardening, en redes). Es un mítico 'influencer' con azada: tiene más de un millón de seguidores solo en Youtube. Su vídeo de este huerto barcelonés llevará más de 60.000 visualizaciones en total.

“El granjero en la azotea”. Así se hace llamar Robert en Instagram. “The farmer on the roof”. Es su nombre original en inglés, es neoyorquino. Cuando vivía en África –justifica su etiqueta-, crió pavos, cerdos, una vaca, muchas gallinas. Ahora el único animal que se pasea por su granja de Gràcia es más propio de 'El libro de la selva': la pitón de su hija. De momento. Espera volver a tener gallinas. “Tengo que hablar con los vecinos”, sonríe.

Es imposible charlar con él menos de una hora. Su vida está plagada de “es una larga historia”. Robert L. Strauss, 65 años, escritor jubilado. Sonrisa perenne. Culo inquieto de manual. Se necesita al menos una biodramina para revisar su currículum. Vivió en Liberia en los 70 sin electricidad ni agua corriente. Allí se enamoró de África. Fue voluntario para el Cuerpo de Paz. Años después volvería como director a Camerún. Ha vivido en California, Washington, Madagascar. Hasta que su hija cumplió 15 años y la familia decidió mudarse más cerca de EEUU. “Hicimos una lista de las cosas que buscábamos y encontramos casi todo en Barcelona: seguridad, más cultura, educación, un Liceo francés (el idioma en el que estudiaba la hija). Y aquí estamos”. De eso hace 8 años.

Cultivos con vistas

Fue en San Francisco donde se enganchó a la agricultura urbana, 25 años atrás. Empezó en un terreno de 3 metros cuadrados. Acabaría con un huerto de 2.000 en Madagascar. “Pero no encima de la casa”, se ríe. El de ahora parece un laberinto vertical. Subes unos escalones y sales a una terraza con casi un centenar de tiestos. Trepas una escalera de mano y aparecen dos hileras de cultivos con vistas: 38 cajas rebosantes de verdor. Vuelta a la casa, más escalones, llegas a otra terraza de cultivo: 36 cajas más. Y otra escalera de vértigo que hay que enfilar si quieres subirte a la parra, la del potencial tinto de azotea. 50 cajas. En total, 30 metros cuadrados de cultivo más 50.000 gusanos haciendo compost en el jardín. Acabas subiendo escaleras con más brío que Rocky.

¿Qué productos crecen mejor en las azoteas? “Aquí los pimientos son increíbles –detalla Robert-. Las habas crecen muy bien. Y estoy contento con los tomates”. También se le dan bien los puerros, aunque hace tiempo que en su casa no los comen. Los ponen en jarrones. “Me encantan las flores –explica-. Y duran un mes”.

En apenas unos minutos, cosechamos lechuga para una ensalada generosa: 125 gramos. Robert la pesa, lo apunta en su libreta, tiene todo en Excel. Ahora las habas: 850 gramos. “Aceptable”. Se encoge de hombros. “Lo que produzco puede ser un 2% de lo que comemos. Es muy poco”.

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¿Que por qué están tan de moda los huertos urbanos? “Un tomate es totalmente diferente con el calor del sol aún dentro –responde el payés urbano-. Y sé exactamente los elementos que lleva”. ¿Desventajas? “Virus, hongos, bichos”. Robert odia los pájaros. “Ser orgánico –resopla- significa estar constantemente vigilante”.

Ropa fertilizante

“En mi casa los gusanos comen muy bien”, promete al descargar en el jardín una bolsa de verduras podridas. Recoge cada día la basura de dos o tres fruterías para convertirla en fertilizante natural. Tiene cinco cubículos para hacer compost. El año pasado produjo 440 litros. ¿Por qué? “No sé decirte”, mueve la cabeza. “Me alegra. Transformar basura -¡¡basura!!- en tierra. Para mí es un tipo de magia”.

Abre el primer cubo y saca una camisa y unos vaqueros roídos. Su mujer le dijo que ya no podía llevar esa ropa ni un día más, cuenta, y la arrojó al compost. Se supone que es 100% algodón. “¿Has visto ahora?”. Por los bolsillos de los Levi’s serpentean los gusanos. “Están buscando monedas”, se ríe Robert. En unos meses quizá le crezca algún tomate de marca.

A estas alturas, Robert es todo un 'green showman'. Lo mismo te enseña en Instagram cómo composta su ropa que te indica a qué santo rezar “cuando piensas que mantener tu jardín es un dolor en el trasero”. San Fiacre –descubrió hace poco- es el patrón tanto de los jardineros como de los que sufren hemorroides. ¿Su objetivo? “Divertirme –asegura-. Si algo me hace sonreír, lo comparto con los demás”.

En mayo participará en el ecofestival Les 48H d’agricultura y verd urbá. Dará una charla con Joan Carulla, el payés de azotea más veterano de Barcelona. “Es increíble cómo está a su edad –97 años-. Tiene más pelo que yo”. ¿Eso es que sienta bien tener huerto en casa? “No lo sé, puede ser bueno para la salud –se ríe-. Pero Carulla tiene ascensor”.

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