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Barcelona malogra una obra de Paula Bonet

Aunque por una buena causa, el ayuntamiento convierte en un pentimento pictórico el mural que la artista fraguó en las paredes de la cárcel Modelo

Los cuatro rostros femeninos de Paula Bonet, cada uno con un feto a su lado.

Los cuatro rostros femeninos de Paula Bonet, cada uno con un feto a su lado. / Enrique Muda (Enrique Muda)

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Los pentimentos, palabra estupenda adaptada a la brava del italiano, son las obras pictóricas que se ocultan bajo cuadros sobradamente conocidos. Son arrepentimientos del artista. Velázquez los sufrió a menudo. Los de Van Gogh eran por pura necesidad. No le alcanzaba el bolsillo para más lienzos. Debajo de ‘El guitarrista ciego’ de Picasso apareció un día, mediante radiografías, una mujer desnuda. Hasta le pusieron un título a esa invisible y también picassiana obra, ‘La mujer escondida’. De esto va esta excursión a las paredes de la cárcel Modelo de Barcelona, donde los pasados días 28 y 29 seis ilustradoras completaron tres murales con los que, por encargo del Ayuntamiento de Barcelona, despedían este raro mes de marzo en que no ha sido posible celebrar con todos sus estrógenos el Día Internacional de la Mujer. ¿Qué pentimento se esconde bajo esos murales reivindicativos? Palabras mayores, una conmovedora obra de Paula Bonet. Esta ciudad es siempre la repera.

La causa era muy noble. Flor Coll, admirable impulsora de la revista ‘femiñetas’ (en minúscula, sí, no hay ningún nombre propio en mayúscula en esta injustamente poco conocida publicación), aceptó el reto de coordinar un mural que subrayara que todas las reivindicaciones del 8-M siguen en pie a pesar de la pandemia. El resultado es un visitable trabajo coral de seis ilustradoras, Lola Vendetta, María Pichel, Amaia Arrazola, Vicky Cuello, Carolina Monterrubio y Marina Capdevila, en el que a través de 12 figuras femeninas se pretenden representar el más amplio espectro de todas las mujeres posibles.

La obra coral de Lola Vendetta, Maria Pichel, Amaia Arrazola, Vicky Cuello, Carolina Monterrubio y Marina Capdevila, en el perímetro exterior de la Modelo.

/ Ferran Nadeu

Elegir entre seis cabezas el diseño de un mural no es fácil. Hay un recurrente chiste hebreo perfecto para la ocasión. “Dos judíos, tres opiniones, cinco partidos”. Amaia Arrazola admite que en principio no parecía fácil el consenso, hasta que las seis, vía zoom por supuesto, descubrieron que la suma de sus inquietudes y preocupaciones ya representaba todo un universo. Carolina, que en su cuenta de Instagram se autodefine como latinoamericana y tropical, anda metida en trámites para desmentir a Cánovas (“es español quien no puede ser otra cosa”) y quiere aprobar el examen que le conceda la nacionalidad española. La obra Marina Capdevila ha despuntado a menudo por su preocupación por la llamada tercera edad. La propia Arrazola es un mundo desde que convirtió su maternidad en una historia ilustrada que huye de los almibarados tópicos del parto y la crianza y cuenta la verdad, que es más bien un cataclismo vital no siempre fácil de sobrellevar.

‘Juntas, diversas y rebeldes’. Ese es el título que encabeza el mural, casi en la esquina de la calle de Procença con Entença y en el que salta a la vista que no es obra de un único aerosol. Cuatro de las artistas, de hecho, jamás habían trabajado sobre un pared. Tal vez se percibe. Pero la meta lo justifica, no principalmente por la intención surgida de los despachos municipales de cerrar marzo con un gesto feminista, sino porque ha permitido a muchos descubrir la existencia de ‘femiñetas’, revista con un pie en Barcelona y otro en Rosario (Argentina) y que, entre otras muchas cosas, evidencia que en el campo de la ilustración, las viñetas o llámesele como se quiera, la obra con firma de mujer es hoy por hoy una visita inexcusable. He aquí, a modo de paréntesis, unas cuantas recomendaciones gozables a través de Instagram: Noemí Rebull, La Prados, María Gómez, Precariada, Moderna de Pueblo, Mari Roldán, por ejemplo, y por supuesto, la madre superiora de esta encomiable congregación, Flavita Banana.

Otra de las obras que aún perduran en los muros de la Modelo desde la intervención del 2018.

/ Ferran Nadeu

Cerrado el paréntesis, toca malmeter. Ahí había antes una obra de Paula Bonet, que se dice pronto. No una cualquiera. En 2018, en el marco de un festival artístico organizado por Rebobinart, se intervino en parte de los muros de la Modelo. Fue una gran fiesta con más de una gran estrella. Bonet, que terminó por captar todas las miradas, aceptó la invitación y, como géiser creativo que es, lo hizo sin tapón emocional. Aquel mismo año acababa de sufrir un segundo embarazo frustrado, la pérdida de un embrión que prefirió no callar para, en cierto modo, compartir la soledad con todas aquellas mujeres que han pasado por ese duelo. Eso sucedió en enero y en octubre ahí estaba ella ante los muros de la Modelo. No eligió ningún motivo pictórico de ph neutro. Retrató cuatro rostros gigantes de mujer y, al lado de cada uno de ellos, un feto, todo ello en recuerdo a cómo en las cárceles, a lo largo del siglo XX y a ambos lados de los dos grandes océanos, se ha sublimado la maternidad como medio de tortura, a veces encerrando a las madres con sus bebés en celdas inhumanas o, incluso peor, separándolas de ellos para que las autoridades se dedicaran al tráfico de niños.

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¡Menudo pentimento! ¡Menuda es Barcelona en estas cuestiones! Lo que apetece es buscar similitudes, claro, con el antecedente de Keith Haring, que en 1989, 11 meses antes de morir de sida, dejó su arte urbano en un muro del Raval y que, como un Cristo, pereció a golpe de piqueta y fue resucitado más tarde cuando se comprendió la dimensión del error. En honor a la verdad hay que decir que la técnica empleada por Bonet en la Modelo, ‘paste-up’, es, según dicen los que saben de ello, muy resultona, pero también perecedera. Sin cuidados, no habría sobrevivido. Pero la polémica. Ya puestos, va un poco más allá. La liga del aerosol (es decir, la que interviene solo sobre muros autorizados) hace meses que reclama permiso al ayuntamiento para regresar al gran lienzo de la Modelo, aún por estrenar en algunas partes, y ha obtenido solo la callada por respuesta. Que la autoridad municipal haya echado mano de galones para satisfacer sus antojos, no ha sentado muy bien.