LAS TENTACIONES DE LA PANDEMIA

La primavera desmelena el botellón y las fiestas ilegales en Barcelona

Concentración multitudinaria en la Zona Franca, quedadas en la Barceloneta o en Collserola...., llega el calor y se multiplica la tentación

Desalojada una fiesta ilegal en la Zona Franca de Barcelona. / VÍDEO: GUARDIA URBANA

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El Periódico

No tiene casi nada que ver porque ni los tiempos, ni las circunstancias, ni los países, ni la sociedad es la misma, pero al contemplar el reguero de fiestas y botellones que la policía ha ido neutralizando en Barcelona en los últimos tiempos, se hace inevitable pensar en la ley seca de Estados Unidos, esos 13 años en los que, en teoría, no se podía consumir alcohol y, claro está, hecha la ley, hecha la trampa. Chicago se convirtió en epicentro de la picaresca, con personajes como Al Capone, el hijo de un barbero y una costurera que tenía la capital de Illinois en su mano. Hasta que el agente de Tesoro Elliott Ness y sus muchachos dieron con la tecla para poner fin a sus fechorías. La única similitud entre ambas situaciones, entre aquella 18ª enmienda de la Constitución estadounidense y la pandemia, es la tentación de doblegar la norma. Por morbo, pero también por necesidad. El último episodio, el vivido la noche del domingo en la Zona Franca de Barcelona, donde la Guardia Urbana, quizás sin el glamur de 'los intocables', desalojó una fiesta que había congregado a más de 200 personas y 310 denuncias. Por si fuera poca cosa, la policía también decomisó tres armas.

Mucho se ha hablado de los volquetes de franceses que, con la llegada de la primavera, empezaron a desembarcar en Madrid para salir de fiesta como si no hubiera un mañana. Pero el caso es que en todas partes, y también aquí, en Barcelona, sin brindar escenas tan fotogénicas como las del otro lado del Ebro, y sin tanto ruido ni promoción política, también se ha producido un goteo constante de eventos furtivos en los que había un par de denominadores comunes: gente joven (y a veces no tan joven y a veces muy joven) y cantidades industriales de alcohol.

En la Barceloneta, sin ir más lejos, durante la Semana Santa han sido habituales las fiestas vestidas de estancia tranquila en la playa. Sin mascarilla, por supuesto. O en el paseo del Born, que ha tenido que precintarse en varias ocasiones para evitar las escenas de inquietante botellón hasta minutos antes del toque de queda. Porque eso sí, a no ser que sea una fiesta ilegal en un domicilio o local, todos a casa antes de las diez, que la multa sale carísima. Aunque siempre hay valientes: entre las diez de la noche del sábado y las seis de la madrugada del domingo, 44 personas fueron denunciadas en la cuidad por participar en fiestas ilegales o botellones.

También en Collserola

Precisamente en un bar de copas de Poblenou al que previsiblemente se le caerá el pelo, la Urbana desalojó a unas 90 personas el pasado viernes. En la calle la policía también ha tenido que multiplicarse, sobre todo en espacios amplios como el paseo de Lluís Companys o el paseo Marítim. No se han esmerado tanto com Collserola, donde apenas hay vigilancia y según confirman los guardas del parque natural, el botellón se ha multiplicado, y más que lo hará con la llegada del buen tiempo, con el agravante de que se trata de una zona protegida. La fiesta callejera sin control ha llegado incluso a las manos, como el grupo de chavales detenidos acusados de atentado contra la autoridad justo antes de Semana Santa. Sucedió junto al Macba, en la plaza de los patinadores que el consistorio dice ahora que quiere reformar.

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Tal es la situación, que la Urbana dispone de un grupo de una quincena de agentes que se encargan de detectar este tipo de concentraciones y tratar de dispersarlas. Otro cantar es lo que suceda en las casas particulares, esas comidas con más de dos burbujas que pasan desapercibidas pero que están igual de prohibidas que una competición entre amigos de echarse el aliento en el polígono.

Es de suponer que la primavera y el buen tiempo (a pesar de que para los próximos días se espera una bocanada de aire frío) multiplicarán el fenómeno de las fiestas ilegales y el botellón. Pero también los grupos numerosos de papás y mamás con niños en la playa, las comidas en casa con los amigos... La tentación de saborear la normalidad maridada con las restricciones y el ritmo de vacunación. Una pandemia de libro.