Colectivos vulnerables

14 sinhogar han muerto en Barcelona durante el primer trimestre del 2021

  • La Fundació Arrels, que informa del dato, precisa que seis de los fallecidos vivían en la calle

Un sintecho duerme cerca del parque de la Ciutadella, en enero pasado.

Un sintecho duerme cerca del parque de la Ciutadella, en enero pasado. / ELISENDA PONS

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Toni Sust
Toni Sust

Periodista

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En tan solo tres meses, 14 personas sinhogar han fallecido en Barcelona, según la Fundació Arrels, especializada en la atención al colectivo. El más joven de los muertos tenía 28 años. El mayor, 69. Es una cifra elevada, a la vista de que, según la misma fundación, en un año, entre noviembre del 2019 y noviembre del 2020, fallecieron en la capital catalana 18 personas sinhogar.

Arrels precisa en el mensaje en la red social Twitter en la que ha aportado el dato, que de los 14 muertos durante el primer trimestre del 2021, seis eran personas que vivían en la calle, es decir, sintecho. El de la gente que no cuenta con un domicilio en Barcelona es un fenómeno que no se detiene. Según los datos de Arrels, en la ciudad hay ahora un total de 4.200 personas que no tienen domicilio, es decir sin hogar. De estos, unos 3.000 pernoctan en algún dispositivo, como una pensión, y unos 1.200 lo hacen en la calle.

Un frente continuo

El año empezó con una doble mala noticia. El pasado 11 de enero, en plena ola de frío, se conoció la muerte de dos sintecho en puntos distintos de Barcelona. No llegaban a los 40 años. Uno fue encontrado muerto en el parque de la Ciutadella. Otro, en la plaza del Poeta Boscà, junto al mercado de la Barceloneta. El 19 de enero se registró la tercera defunción.

El debate sobre cómo afrontar estos casos es complejo. Por un lado, el Ayuntamiento de Barcelona subraya que ha incrementado la partida que dedica a la atención al colectivo, pero este no se reduce con los años. El gobierno de Ada Colau sostiene que se siente muy solo en estos casos y señala como causas remotas del sinhogarismo la falta de más política de vivienda y la restricción que supone la ley de extranjería para que muchas personas sinhogar puedan acceder a un empleo que mejore su situación personal y les permita acceder a un piso, a una habitación.

Marjan quiere una vivienda

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Por otro lado, a menudo se impone el discurso de que los sinhogar prefieren dormir en la calle, algo que Ferran Busquets, director de Arrels, rechaza. Lo que pasa, dice, es que para una persona que se ha instalado en el espacio público, acceder por unos días a un equipamiento municipal supone una mejora muy puntual y limitada, ya que les obliga a desprenderse de todo el equipaje que les acompaña en la calle y tener que empezar de nuevo al salir del dispositivo. 

El último caso que indica que quizá sea necesario un cambio de rumbo es el de Marjan, el sintecho tiroteado por un agente de la Guardia Urbana, que ha preferido volver a la calle que ingresar en un dispositivo público, pese que recalca que lo que preferiría es tener acceso a una vivienda.