Fenómeno urbano

Nuevas macrococinas encienden la pugna vecinal contra el negocio en Barcelona

  • Afectgados de Sant Martí salen a la calle para impedir la instalación de la Verneda, mientras otros proyectos irrumpen en puntos como Sant Gervasi con licencia de comidas preparadas

Concentración de vecinos contra la macrococina de la Verneda, cortando la Gran Via, este jueves.

Concentración de vecinos contra la macrococina de la Verneda, cortando la Gran Via, este jueves. / JORDI OTIX

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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A estas alturas de la pandemia, ni el Ayuntamiento de Barcelona sabe cuántas macrococinas, cocinas fantasma o 'dark kitchen', como se las prefiera llamar, operan ya en la ciudad, insuflando miles de platos a la creciente red del reparto a domicilio. El vacío legal que acompaña a este fenómeno de consumo urbano hace complicado seguir la pista de un negocio que a gran escala provoca rechazo vecinal, como han expresado esta noche de jueves los afectados en el barrio de la Verneda, dispuestos a evitar a toda costa que se implanten una veintena de cocinas bajo un mismo techo en zona residencial de Sant Martí. En paralelo, siguen proliferando nuevos proyectos al respecto, como ya admite el consistorio. Entre ellos, uno ya activo en Sant Gervasi-Galvany, impulsado por la empresa Not so Dark.

Esta última, en el 81 de la Travessera de Gràcia, es fruto de la reforma de un local comercial con licencia para platos preparados, explican fuentes municipales. Es decir, que la falta de una normativa específica es de momento un coladero para que la actividad prolifere sin apenas barreras. Porque los actuales operadores acatan unas normas vigentes (para instalar obradores comerciales o incluso industriales, en función de sus características y función) que no preveían un modelo con semejante crecimiento exponencial.

El ayuntamiento anunciará este viernes antes del pleno municipal alguna novedad al respecto, después de haber prometido la semana pasada un plan de choque para poner orden en el nuevo sector. No tan nuevo, según afirma Carlos Cervera, desde Projectum, una de la empresas de ingeniería y diseño que proyectan estos negocios, entre otros muchos, en la capital catalana. Estiman que ya operan al menos una decena, aunque las que han creado tienen como mucho ocho cocinas. Con ese formato, el experto asegura que el negocio puede cuajar en la ciudad cumpliendo la regulación vigente, agilizando los procesos logísticos que requiere el 'delivery', y sin causar molestias vecinales con la debida tecnología y aislamiento. La norma vigente no especifica el tamaño límite para la actividad industrial, salvo que esta no puede dar servicio al público sino a terceros (como en el caso de las plataformas de reparto).

Nuevas tendencias aceleradas

Advierte también de que las opciones de restauración se están diversificando aceleradamente por la pandemia, incluso con nuevos restaurantes que se diseñan con dos accesos, uno para la oferta tradicional y otro para el reparto a domicilio; o los que ensayan propuestas virtuales a domicilio antes de atreverse a crear un restaurante físico. Aunque considera que son fórmulas que ya eran imparables antes de la crisis sanitarias, como se ha visto en otros países.

En este marco, el nuevo montaje de Not so Dark (en contraposición al oscuro modelo anglosajón de cocinas alternativas surgidas fuera de los restaurantes) ya está operativo hace unos días en la zona alta de la mano de la pujante empresa francesa que lo ha desarrollado en el país vecino y tiene un plan de crecimiento de 30 nuevas macrococinas en Europa a lo largo de este año. Según ACN, en Barcelona albergan seis marcas virtuales con capacidad de preparar diariamente unas 2.000 comidas.

Oposición frontal

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La evolución de esta tendencia hacia crecientes dimensiones parece haber sido la gasolina que ha encendido ahora las alertas. Los vecinos de la Verneda han organizado una concentración en la plaza de la Palmera contra el proyecto del 204 de la calle de Puigcerdà, que rechazan de pleno. «No lo queremos en el barrio, en una zona residencial donde vivimos muchas personas», explicó un portavoz. El colectivo, que cuenta con apoyos en los partidos de la oposición y en otros vecindarios afectados, ha querido protestar contra la concesión de licencias al respecto, al considerar que «afectan al bienestar de los vecinos». Aunque el ayuntamiento no ha parado este proyecto porque acata lo establecido en su comunicado de obras, los residentes sí lo han hecho de facto. «Cada vez que llegan camiones con material o grúas los vecinos impedimos pacíficamente que descarguen», indican, disconformes con la estrategia del distrito de Sant Martí, donde abogan por abordar el problema desde la movilidad, dicen.

La firma Cooklane, que desarrolla cocinas de alquiler para dedicar a la comida de reparto y está detrás de este proyecto y del de Les Corts (paralizado) defiende su labor para «ayudar a los restauradores a sobrevivir, crear puestos de trabajo y enriquecer la oferta». Un portavoz insiste en que cumplen las «regulaciones locales» de construcción, salud y medio ambiente mejorando «la eficiencia logística de las plataformas de reparto» y combatirán «prejuicios erróneos», con una «contribución positiva a la sociedad».