HOMENAJE ENTRE MUJERES

Núria Marcet, 91 años rebelándose contra la injusticia

  • El Centro Residencial de Inclusión (CRI) La Llavor, el primero específicamente para mujeres sin hogar en Barcelona, bautiza como Llar Núria Marcet una de sus estancias

  • Residentes y trabajadoras del centro rinden un homenaje sencillo pero lleno de verdad a Marcet, quien a sus 91 años sale todas las semanas a parar desahucios al Gòtic, su barrio

Núria Marcet, en el piso que lleva su nombre.

Núria Marcet, en el piso que lleva su nombre. / ELISENDA PONS

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Helena López
Helena López

Redactora

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Que no solo sonríen los labios, también los ojos, se hace evidente, otra vez, esta mañana de jueves. Las miradas de las mujeres de La Llavor brillan de agradecimiento y amor. No es la primera vez que Núria Marcet visita el espacio y es precisamente eso lo que añade emoción a la cita. Esta tan dulce como combativa nonagenaria ya estuvo aquí en diciembre, conociendo el proyecto y a las mujeres que lo habitan, así que lo de hoy es un rencuentro en toda regla. Es un día especial y parece que el sol lo sepa y brille especialmente para ellas. Hoy ponen su nombre, Llar Núria Marcet, al piso ubicado dentro del centro, en el que viven mujeres con necesidades específicas. Vivienda compartida por siete mujeres de orígenes y edades diversas, con una decoración austera, pero con vistas al mar y al bosque, y situada frente a la singular iglesia de Sant Genís dels Agudells. Piso cuyo nombre, desde el jueves, rinde homenaje a esta vecina del Gòtic de 91 años y un cuerpo frágil, pero las ideas muy claras, quien ha hecho de la defensa de la vivienda uno de los motores de su vida en estos últimos años: no se pierde una sola concentración para parar un desahucio en su barrio, cuyos vecinos son familia.

Hace unos días se cayó y se mueve en silla de ruedas, pero no ha querido fallar a la cita, pese a los lejos que queda La Llavor, en Collserola, de su ático en Ciutat Vella. Tampoco falló esa misma semana al desahucio con fecha abierta de Alejandro Jorge, uno de sus vecinos de 84 años; lanzamiento que la presión de sus compañeros de Resistim al Gòtic -plataforma vecinal de la que ella es el miembro más veterano, y sin duda uno de los más queridos- lograron parar, teniendo que recurrir a pedir ayuda incluso a la ONU. Paralización de la que Núria no se enteró porque se le han estropeado los dos móviles que tiene. "Ya me pareció raro que no hubiera nadie. Yo bajaba todas las mañanas, al saber lo de la fecha abierta, y se me hacía muy extraño que no hubiera nadie", señala la mujer en la terraza del equipamiento para mujeres sin hogar gestionado por Sant Joan de Déu en concierto con el Ayuntamiento de Barcelona y en colaboración con la Fundació Ared.

No le funciona ninguno de los dos móviles, pero tampoco es algo que le preocupe. "Cada vez necesito menos cosas materiales. Ya me interesa solo lo espiritual. Como estar aquí hoy junto a estas mujeres", explica con la mano en el corazón y la emoción en los ojos. Enterarse de la suspensión del desahucio de Alejandro es una alegría añadida a la mañana. Una emoción compartida por las mujeres que viven en este piso de acogida, que le han preparado un pequeño pica-pica al sol -surtido Cuétara y termo de café con leche- tras el acto 'oficial' del descubrimiento de la placa en la puerta. Un homenaje con un 100% de participación femenina; como las trabajadoras y las usuarias de un centro en el que se respira sororidad.

Núria Marcet visita el piso para mujeres sin hogar que lleva su nombre.

Habló en un acto cargado de verdad, Oraima, la más joven de las habitantes de la Llar Núria Marcet, quien justo este domingo celebró su 30 cumpleaños. Joven de origen venezolano que estudia peluquería por las mañanas, hace las prácticas por la tardes y peina a sus compañeras los domingos. "Me gusta la peluquería porque poner peinar a las mujeres es también una forma de ayudar a las demás, de hacerlas sentir bien", reflexiona la joven, muy contenta de conocer, al fin, a Núria. La primera vez que la homenajeada visitó el centro ella estaba estudiando y perdió el encuentro, pero la conoce bien y la admira, como todas sus compañeras. En el tablón de anuncios de la entrada tienen colgada su intensa biografía.

En el flamante cartel en la puerta del piso, Núria aparece retratada en la calle, cómo no, en una manifestación, con una pancarta en la que se lee 'No ens faran fora'; fotografía tomada en la Rambla en una protesta que en enero del 2017 recordaba que 'Barcelona no está en venta'.

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Superheroína de barrio

No es el primer espacio de la ciudad que recibe el nombre de esta veterana activista, la octava de 14 hermanos nacida en una familia marcadamente religiosa que se hizo monja a los 19 y vivió durante siete años en una barraca en el Camp de la Bota, tras dejar una congregación "que sentía clasista", para estar al lado de los más vulnerables, donde consideraba que era su lugar y donde sigue estando medio siglo después; en la calle, portal a portal parando desahucios. Sus compañeros de Resistim al Gòtic, sus vecinos, y el resto de colectivos de La Negreta le pusieron su nombre hace poco más de un año, en febrero del 2020, justo antes de la pandemia, a la sala grande del espacio social. Lo hicieron, además, en la emotiva y festiva -una fiesta de las de antes del (maldito) covid- celebración de su 90 cumpleaños, momento en el que también le dedicaron un 'Superhéroes de barrio', sección cuyo nombre la define a la perfección de la revista de denuncia y crítica social de Ciutat Vella 'Masala'.