METEOROLOGÍA

El polvo africano se resiste a abandonar Barcelona

El ambiente turbio se mantendrá como mínimo hasta el lunes, cuando se espera que las precipitaciones limpien la atmósfera

Un corredor en la carretera de las Aigües, con la calima sobre el cielo de Barcelona, este viernes

Un corredor en la carretera de las Aigües, con la calima sobre el cielo de Barcelona, este viernes / Robert Ramos

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El Periódico

Una suma de factores ha dejado un febrero muy peculiar desde el punto de vista de la meteorología. Primero está la temperatura, entre la más cálidas desde que hay registros. Aunque eso tampoco es noticia porque los febreros más tórridos de la historia se concentran en los últimos tres años.

Lo que no es tan habitual es la escasez solar, en este caso, atribuida a la calima, el polvo africano que llegó hace tres semanas para quedarse una temporada, con leves treguas, como la niebla que azota Lleida. Si las predicciones aciertan, el domingo por la tarde empezará a revertir la situación. Con permiso de la boina de contaminación, claro.

Para el domingo por la tarde se esperan cambios que serán algo más definitivos a partir del lunes. Se prevé que la lluvia ayude a renovar el aire, lo que permitiría disipar la calima que ha convertido el cielo de la capital catalana en una fina capa marrón que mezclada con el azul de fondo ha generado un gris incómodo que ha sido de lo más familiar en las últimas fechas.

La situación, de hecho, generó el primer episodio de contaminación de 2020 por presencia de partículas en suspensión. Sucedió el 23 de febrero. A principios de marzo hubo un nuevo aviso, pero se pasó de ahí. Sin restricciones ni nada. Aunque tampoco es que el episodio en sí se acompañe de prohibición alguna, más allá de las recomendaciones de evitar el vehículo privado.

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Que se disipe el polvo africano, sin embargo, no implica que llegue un cielo de película. Más bien al contrario. Cambiaremos la calima por las nubes y las precipitaciones. Y cuando pase el temporal, si no hay de nuevos vientos del sur que traigan más trocitos de Sáhara a Barcelona, será cuando vuelva el azul. Ya tocaría: según cifras del observatorio Fabra recogidas por Betevé, en febrero, entre nubes y polvo africano, la ciudad se ha quedado sin casi la mitad de sus horas de sol.